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¡IMBÉCILES, ABSTENERSE! por José Luis Baumgartner

publicado a la‎(s)‎ 17 feb. 2012 5:35 por Semanario Voces
 

 

 

El ministro Bonomi dio la justa: la inseguridad, antes que asunto policial, es problema socioeconómico. Ya viejo.  Cuestión para pensar y discutir –sobre conceptos  y no sobre tópicos del miedo-. Responsabilidad común desde hace mucho.  Tema de grito fácil y solución difícil.

 

Si dividimos la población del Uruguay en quintiles, resulta que el 20% más pobre recibe el 4,7 % del ingreso, mientras que la franja superior se queda con el 51 %, o sea, las 650 mil personas de arriba obtienen 10 veces más de lo que consiguen las que están en el fondo de la tabla.

El 30% de los niños -en extrema pobreza- pertenecen a este sector.

Miles de adolescentes no tienen trabajo, ni lo buscan; tampoco estudian. Consumen. Se rebuscan a la que te criaste. Están al alpiste. Golpean según venga la cosa.

Así, a través de los años, logramos tener hoy una docena de zonas rojas en Montevideo.

 

Marginalidad/ miseria/ exclusión/ mescolanza desintegradora. Basura/ insalubridad/ ratas/ mierda. Guetos de míseros laburantes y malandras. Refugios de delincuentes.  Promiscuos laberintos de plástico y cartón donde el matonaje priva y la pasta base aventa todos los  códigos. Otra dimensión de la cultura. El vesre.

Analfabetismo esencial. Vidas antividas. Taperas humanas sin aliento ni esperanza. Ruinas desde la infancia. Gurises de escuela rapiñando a mano armada.

Carne de prisión/ de asilo/ de violencia (sufrida y devuelta)/ de resentimiento/ de revancha/ de meter plomo y recibirlo/ de quitar a quienes los ignoran/ a quienes sienten allá arriba y los aplastan/ a quienes tienen, simplemente por el hecho de tener.

 

Ayer un hurgador mató a otro en disputa por restos de comida sacados de un contenedor de basura.

Ayer una chiquilla, 7 años, deambulaba por la madrugada. ¿Qué estás haciendo? Se había fugado de casa porque sus padres (mamá prostituta, papá proxeneta) la habían atado con cadena a la cama.

 

La inseguridad del común es el reventón de una trama en el más completo debe social. Tenemos lo que sembramos. Nos viene porque no supimos ver y quisimos esconder. Fue creciendo como una mórula. Y nosotros, ¿qué?; y los patricios, ¿qué?; y los que tuvieron la manija del país en el último medio siglo, ¿qué?; y los próceres del orden, ¿qué?; y los dueños de la democracia, ¿qué?; y la Patria para todos, ¿qué? 

Nuestra inseguridad es la imagen en espejo roto de la seguridad que tienen otros de que acá, por obra ajena y desdicha propia, están cagados hasta el último día de su existencia (única e irreversible como la tuya y como la mía).

 

La Policía debe prevenir, perseguir, reprimir, investigar, capturar  (para eso está) pero aunque quisiera… ¡no puede!... modificar la complejidad social que nutre las fuentes del delito. Es tarea múltiple; en la que apenas tiene parte adjetiva en el libreto. Sin oportunas previsión y solidaridad, ahora, percutidos constantemente, retomar la sensatez es fundamental.

 

Mujica dijo.

 Hace mucho tiempo que sabemos que nuestro país reparte mejor que nuestros queridos vecinos de América Latina pero hace muchísimo más tiempo que sabemos que somos una especie de pequeños campeones de cuarta del continente que peor reparte del mundo.

No deberíamos de sentirnos muy orgullosos porque la economía crezca o porque nuestro PBI mejore. Nada de ello nos puede alejar del fantasma de la desigualdad que necesita esfuerzos de los hombres y de la política.

Corremos el peligro de soportar el sedante, una coyuntura relativamente benigna, compensatoria en nuestro intercambio internacional que nos traído un cierto margen de estabilidad y bonanza. Pero sin embargo la trampa de las desigualdades está allí, porque un país se debe comparar consigo mismo, con su historia.

 

En el origen de la inseguridad ciudadana están: la desigualdad/ la despreocupación administrativa por el fondo del tarro/ la marginalidad de demasiadas personas/ su desahucio de la Nación.

Enfermedad social que no cayó del Cielo. Hechura celeste. Ombliguismo pequeño burgués. Mediocridad y egoísmo a tiempo completo.

Mientras crecían apartamentos vista-al- mar: el mersunaje ¡fuera!, ¡lejos!, ¡que no se vea!, ¡Uruguay natural! y  escatológico pozo negro/ sin barométrica, y ¡todo chiche!  

 

No cabe esperar buenos resultados si ventilamos síntomas antes que causas, si buscamos culpas en vez de medios idóneos para atacar la montaña de peligrosos deshechos que forjó nuestra incuria. Es preciso ir hasta el final, es decir, hasta los orígenes del mal. Usar topadora contra la estupidez (de los que claman pensando en votos) y contra la realidad de lo que malamente ha crecido a espaldas de la civilización –repito: ignorada y escondida por ésta-.

 

La Comisión Especial Ejecutora del Programa de Integración de Asentamientos Irregulares, PIAI, anunció que 7 asentamientos se convertirán en barrios. El plazo es de 18 meses y serán beneficiadas 5.674 personas que hoy viven en 1.605 hogares. Este año se prevé el realojo de 488 familias. La inversión alcanzará los 360 millones de dólares.

Poco pero mucho. Principio requieren las cosas.

 

En Calcuta hay un basural más alto que el Taj Mahal, vivienda-alimentación compartida por ¿gente? y ratas: para desmontarlo habrá que operar según un estricto orden de prioridades, con el panorama global entre ceja y ceja: querer todo de una, es dejar que lo que está siga como está. La Policía casi no interviene.

Las catedrales medioevales demoraron a veces siglos en ser terminadas. Hubo generaciones  que sólo vieron cómo se ahondaba el socavón de los cimientos –pero soñaban con las torres intimando con las nubes-.

 

Mujica presidente tiene que ser sinónimo de un país sin exclusiones y, por lo tanto, de lucha a muerte contra la inseguridad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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