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¡QUÉ RICA LA PASTILLA! Por Antonio Pippo

publicado a la‎(s)‎ 2 dic. 2011 7:46 por Semanario Voces
 

Enrique Yanuzzi impuso, como graciosa advertencia en el mundo futbolero, una expresión que, a su pesar, se instaló en el imaginario colectivo y se aplica a otros órdenes de nuestra vida social. ¡No te comas la pastilla!

Por alguna razón –absolutamente misteriosa, al menos para mí- hay mucha gente en la izquierda uruguaya que, con fruición esquizofrénica, come la pastilla del kirchnerismo, ese movimiento  que continúa izando velas, a favor del huracanado viento electoral, con la reconstruida viuda de aquél con mirada dicotómica, dicho esto en un sentido estético, estricto e indesmentible.

Que esto le pase al presidente Mujica no sorprende. Siendo como parece ser, tales enamoramientos, como ocurrió con Chávez, podrían verse a la manera de una de tantas estrategias, quizás demasiado intrincadas para un ciudadano común, a las que suele echar mano, desechar y volver a manotear según caiga la pelusa de los plátanos. A fin de cuentas, ¿no es ese anadeo parte de lo que cualquiera supondría la responsabilidad de gobernar a un país chico, dependiente, entre dos grandes nalgas que lo rodean y aprietan?

A veces le conviene ser un forúnculo y otras una pomadita aliviadora.

Tampoco es sorprendente que la pastilla la saboreen quienes rodean al presidente, su círculo cercano de colaborares o los alcahuetes, algunos elefantiásicos, que merodean su quinta, sus diversas acurrucadas y sus andares.

Pero que participen del mismo chupeteo personas cuya capacidad intelectual, nivel de información y, sobre todo, falta de compromisos políticos o diplomáticos con el gobierno argentino, lo pone a uno, aguardando como siempre estar equivocado y que me salve, al borde del suicidio genital.

“Voces” publicó, recientemente, una interesante entrevista a Susana Mallo, Decana de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República.

Sólo me detendré en su opinión –legítima, a la cual tiene absoluto derecho- sobre el kirchnerismo, movimiento del que está virtualmente enamorada. Cree que Kirchner fue, y su mujer es, peronista; que ni uno ni otra dejaron sus ideales fuera de la Casa Rosada; que construyeron, como aquí el Frente Amplio, un gobierno de izquierda; y que son obviamente, casi con una valentía descarada, unos progresistas de puta madre.

¿Sus argumentos? Metieron mano al campo, metieron mano a las grandes corporaciones de medios, apoyaron a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, ahora prometen controlar la salida de capitales, una asquerosa y antipatriótica confabulación “de la derecha”, despertaron la pasión por la política en la juventud y descolgaron un cuadro de Videla.

No tengo la pretensión de un debate con la decana Mallo. Simplemente, con idéntico derecho y legitimidad que ella, quiero expresar, tal vez abusando de la síntesis por respeto al lector, mis opiniones.

Quien quiera puede saber que la supuesta militancia de esta peculiar pareja en el peronismo fue semejante a un picnic por las cataratas del Iguazú; que  gobernó una década a Santa Cruz con abuso en reiteración real del nepotismo, la intolerancia y modos de arbitrariedad y corrupción que hasta podrían despertar admiración por lo ingeniosos; que sacó del país, y los tiene en cuentas del exterior, alrededor de mil ochocientos millones de dólares; que fue aliada de la más grande corporación de medios cuando le convino y se convirtió en su enemiga al cambiar de lugar los porotos del truco; que su flirteo con los derechos humanos y sus idas y vueltas con el campo fueron una habilísima jugada política; que han infectado de servilismo a la justicia –ahí está Oyarbide para probarlo, ¡nada menos!, ¿o hemos olvidado quién es y su historial?-, que han presionado al periodismo, a los politólogos y a las encuestadoras independientes y, en fin, que van camino de dejar a un país sin institucionalidad política, sin estado de derecho y sin otra garantía que la propia voluntad de la banda.

Porque el kirchnerismo es eso. Una banda. Del primero al último. ¿Una banda de qué? Quien quiera averiguarlo sin prejuicios tiene fuentes serias de información de sobra.

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