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¿ÁNGELES, DEMONIOS O LA PORNOGRAFÍA DEL CRIMEN? Por Daniel Feldman

publicado a la‎(s)‎ 22 mar. 2012 13:43 por Semanario Voces
 

 

 

Desde el fin de semana prácticamente ha sido el tema excluyente, tal vez con la sola excepción del acto de ayer por el cual el Estado cumplió con el dictamen de la Corte Interamericana respecto al caso Gelman. Once muertos, dieciséis muertos… podrían ser cincuenta, incluso se maneja el número de doscientos. ¿Cómo es posible que en nuestra “maravillosa” sociedad pasen estas cosas? Pasan, porque no estamos vacunados, porque todos los fenómenos, hasta los más abyectos, también suceden en nuestra República Oriental.

Y ellos atraviesan horizontalmente a la sociedad, al hospital público y a una de la mutualistas más prestigiosas y con mayor caudal de afiliados.

Y se alzan las voces. Las de políticos pidiendo cabezas; las de periodistas que con el sugestivo título de Cuándo debe renunciar un ministro llaman a responsabilidades; la del chismerío barato que no haría extrañar que dentro de poco se hable de quinientos muertos o tráfico de órganos; o el informativista radial que hace gárgaras con la seriedad y ética con que siempre manejan los temas para, a renglón seguido, dejar a Tinelli relegado en lo que respecta a banalidades. Pornografía; todo pornografía.

Del tema de fondo nadie habla. El objetivo es el rating, sea este radial, televisivo o político, y por supuesto, ese objetivo se busca porque existe una audiencia ávida de morbo. Pero ¿a quién le importa la gente? ¿Las víctimas? ¿Sus familiares?

¿A dónde quiero apuntar? Atravesamos un ciclo de crecimiento económico sin parangón: afluyen inversiones extranjeras, los indicadores económicos son dignos de envidia para muchos países, los índices de desocupación se encuentran en niveles históricos – tanto es así que comienza a escasear mano de obra en ciertas áreas – y sin embargo… Por ejemplo, ¿a alguien se le ocurrió intentar bucear en las perversidades de un sistema que asigna no más de diez minutos por paciente a cada médico a la hora de la consulta? La jornada laboral de los enfermeros es de seis horas, porque se entiende que debido a las condiciones y exigencias de tal tipo de labor no deberían trabajar más de eso. Pero ¿cuántos lo hacen? ¿Cuántos son los que salen corriendo de una guardia de seis horas para dirigirse a otra guardia de seis horas en otro nosocomio? Doce horas no es lo mismo que seis. Es entonces que aparece el famoso burn out, el quemarse con un trabajo. Y cuando existen patologías de fondo (los uruguayos también las tenemos) ellas pueden explotar por cualquier lado, incluso por el de la creación de asesinos seriales.

 

 

Ahora tendremos cámaras de televisión en los CTI y no faltará quien exija un jefe para controlar al jefe. Nos convertiremos en reyes del control y la sospecha… 1984 está llegando con unos años de atraso, pero llega.

El combo es completo, lo incluye todo. Las cifras, las estadísticas de crecimiento económico no son algo aislado, forman parte de un todo. Nuestra sociedad está formada por ese todo; por el incesante crecimiento económico de los últimos años sí, pero también por el incesante deterioro de ciertos valores que parecen estar pasados de moda; por la caída constante del nivel de la educación, la concepción de la cultura como un chicle donde cabe cualquier cosa, la perpetuación de enormes bolsones de exclusión y conformación de bloques sociales totalmente ajenos el uno al otro, la producción y reproducción de trabajo de mala calidad con la consiguiente formación de trabajadores que no ven estímulo para desarrollar sus tareas, etcétera, etcétera.

¿Cuánto faltará para que algún otro loco actúe como francotirador frente a una escuela, al mejor estilo del “primer mundo”?

El problema, la responsabilidad, no es patrimonio de un partido político o un cuerpo profesional; es hora que la sociedad se mire a sí misma y decida qué es lo que quiere ser y que, en este tema en particular, se vaya hasta la misma médula. Ahí sí no deberíamos dudar en pedir responsabilidades, como toda sociedad democrática e integrada que se precie de tal.

 

 

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