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¿AÑO SABÁTICO? Por Luis Nieto

publicado a la‎(s)‎ 22 mar. 2013 13:12 por Semanario Voces
 

Resulta difícil creer que se remita al Parlamento un impuesto sin antes analizar las posibilidades legales de ejecutarlo. Apenas fue remitido, el ya derogado ICIR, hubo opiniones de parlamentarios y de especialistas en materia impositiva que señalaban su convicción de ser un impuesto inconstitucional. Esas opiniones podían estar teñidas de interés político, pero, aun así, el gobierno debió analizar los argumentos y no dejarse llevar por su gente de confianza, en este caso en franco conflicto con el equipo económico. Había salido del Consejo de Ministros con la opinión contraria de varios ministros, y hasta el día de hoy, con el pronunciamiento adverso de la Suprema Corte de Justicia, el gobierno da la impresión de no saber qué hacer con su decisión de gravar aquellos campos que excedan las 2000 hectáreas, índice CONEAT 100. Si bien no se podría decir que se trata de una guerra al latifundio tiene que ver con el arsenal  histórico de la izquierda, disponible para cuando llegue el momento de realizar la tan esperada Reforma Agraria.

El título de la ley ya lo aclara: “Impuesto a la Concentración de Inmuebles Rurales”. Se habló de muchas cosas en el período de incubación de la ley. De la cantidad de tierras que habían adquirido los extranjeros, de la inconveniencia de que extranjeros comprasen tierras en la frontera, de la presión que sufrían los pequeños productores, de la revolución que está produciendo la soja en nuestros campos, del deterioro que los camiones cargados de troncos y cereales está produciendo en caminos y carreteras. En este juego de la mosqueta parece quedar claro que el objetivo de la ley es poner un impuesto a la propiedad de la tierra, aunque se pretenda hacer creer que es para arreglar los caminos y carreteras. En definitiva es una aspiración histórica de la izquierda. La reforma agraria, con letra y música de Carlos Puebla, fue de esos comodines que se utilizaron en toda América Latina para mostrar para qué se debía hacer una revolución. Aquí también.

POR LA TIERRA Y CONTRA LA POBREZA

El origen de la guerrilla tupamara se debe encontrar en el trabajo de Sendic entre los cañeros del Norte, que exigían “Tierra para el que la trabaja”, aspiración que también compartía por el Este un grupo de peones del arrozal, liderados por otro dirigente del socialismo renovador: Orosmín Leguisamón. Aun en las inhumanas condiciones de trabajo de peones y asalariados rurales, que, indudablemente, justificaba el más enérgico de los reclamos, y apoyo del movimiento sindical, ¿a Uruguay le hubiese esperado un destino distinto al que tuvo la Reforma Agraria cubana? De alguna manera, el gobierno actual le debe buena parte de su identidad al tema de la tierra. Sendic planteaba, a mediados de la década del 50, que nadie podía ser dueño de un campo superior a las 2500 hectáreas. Posteriormente sostenía que era una redistribución de la tierra en el orden de los 5 millones de hectáreas, más o menos la misma cantidad que planteaba expropiar Wilson. ¿Se podría haber llevado a cabo una revolución de ese tipo? Quizás sí, pero no en el marco de una revolución socialista. A los israelitas no les hubiera movido un pelo semejante noticia. En Nueva Zelanda el tamaño promedio de los predios destinados a la explotación agropecuaria no llega a las 250 hectáreas. En Uruguay a esa extensión se la considera una chacra para pasar los fines de semana. El problema es que nunca, ni antes ni ahora, se propuso seriamente redimensionar el campo, ni fijar el carácter de la propiedad de la tierra. Tampoco se aplicaron medidas de fomento, como sí se hizo con el sector forestal.  Así como no hubo medidas de fomento tampoco hubo medidas que castigasen a la propiedad improductiva. Ni fu ni fa. En ese masomenismo es que el actual gobierno se encontró con un compromiso histórico pero más solo que el uno en medio de una izquierda que pedía no hacer olas. Para que funcionase una reforma agraria, el gobierno necesitaba la mayor calma social posible, la presentación de un proyecto serio, racional, y el apoyo de las gremiales del campo. Mujica, que siempre fue bueno con la aguja, no pudo zurcir un proyecto de ese tipo, de tal modo que concitase el apoyo de propios y ajenos. Bien podía haber sido la locomotora de su gobierno, y hacer de la consigna de Sendic una causa nacional, pero la locomotora del gobierno tiene la caja de cambios al rojo vivo, y nunca puede meter ni la tercera.

EL QUE ROMPE QUE PAGUE

Si el tema era arreglar los caminos, la propuesta debió ser otra, frontalmente y desde el principio se debió ir al cobro de peajes para vehículos de carga, de modo que la recaudación fuese directamente al arreglo de caminos y carreteras. La forma de ejecutar eso no pudo haber sido ningún problema. El transportista paga el peaje y lo carga a los costos de la carga, por tanto el dueño del monte o del ganado hubiese tenido que pagar cada vez que utilizase un camino para transportar su producción. Sin embargo, se optó por el entrevero y pasó lo que pasó. El gobierno acaba de remitir a la Asamblea General la Derogación del ICIR, en medio de un griterío que acusa de complicidad con la oligarquía latifundista a la Suprema Corte de Justicia. Más profesionalismo es lo que le faltó a quienes viven entre papeles. Da la impresión de que trabajan a oscuras.

EL ARTE DE PROPONER Y PROPONER

Ahora, el sector del gobierno que se oponía a la ley pergeña nuevas medidas impositivas que tampoco entusiasman a los intendentes, los que primero deben lidiar con el destrozo constante de los caminos, que no estaban preparados para eso. Para completar este nuevo cóctel, se agrega a la futura universidad tecnológica como beneficiaria del impuesto a crear. Entonces, ¿para que la UTEC funcione hay que esperar a que se pueda aplicar algún impuesto al patrimonio sobre inmuebles rurales que todavía no se sabe cuál será? Si es así, va a correr la misma suerte que los caminos deshechos por un tránsito que se debió prever hace años. Los gobiernos nacionales debieron aprender de Francisco Piria, que compró la vajilla y la ropa de cama del Hotel Argentino para todo un siglo, o de los intendentes de Montevideo que previeron el futuro ensanche de varias avenidas para cuando el tránsito fuese mayor. ¿O no sabían que la madera había que arrastrarla hasta los puertos?

Está mezclando todo, una vez más, porque aunque haya un hilo conductor entre la propiedad de la tierra, la UTEC y la caminería rural, cada uno de los tres son universos distintos. Si la soja proviene de predios arrendados, de negocios de medianería, y no de propiedades únicas, entonces ¿cómo se va a gravar el uso de las carreteras de Colonia, por ejemplo? ¿O las de Colonia no se rompen? Se habla que por un tiempo el impuesto va  en una cantidad a las intendencias pero que luego va a ser distinto… Demasiado entreverado para problemas que ya están muy pasados de tiempo, y que en el caso de la UTEC tiene anunciado un cronograma que no se condice con la ejecución de este impuesto que no está ni redactado.

PLUNA, nuevamente el BANDES, la megaminería, el puerto de aguas profundas, la decisión sobre la norma digital, el tema de la marihuana, la reforma del Estado, el ya mítico puente sobre la laguna Garzón… ¿Seguro que el gobierno no se tomó un año sabático?

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