Artículos‎ > ‎

¿DE PLUNA A SLUNA? Por Hoenir Sarthou

publicado a la‎(s)‎ 13 sept. 2012 8:48 por Semanario Voces
 
 

Ayer, miércoles 10, se iban a rematar los aviones de PLUNA en el Aeropuerto de Carrasco.

Se iban a rematar, pero no se remataron. El remate se postergó por razones algo vagas. Aparentemente, para asegurar o intentar que concurrieran más interesados en la puja.

 

En otras palabras, para evitar el fracaso que habría significado que no hubiera interesados, ni siquiera en la segunda subasta, “a la baja”, prevista en la ley dictada para liquidar PLUNA.

La vaguedad de las razones dadas para suspender el remate condice con la opacidad que rodea, desde hace décadas, a todo lo que ocurre dentro y en rededor de PLUNA.

Así, nunca se supo bien por qué se fundió originalmente el ente autónomo “PLUNA”, ni por qué era tan conveniente asociarse con VARIG. Todavía no sabemos a cuánto ascienden realmente las pérdidas y deudas generadas por la administración VARIG (los datos sobre los juicios en Brasil ponen los pelos de punta). Tampoco se pudo explicar nunca cuál era la conveniencia de entregar PLUNA a una empresa fantasmagórica como Leadgate. Y ahora, cuando aún no sabemos a ciencia cierta cuánto nos costará la aventura con Leadgate, ya estamos metidos en un nuevo laberinto oscuro, para entregarle lo que queda de PLUNA a alguien más, con leyes hechas a la medida, fideicomisos, deudas a cargo del Estado, remates que se suspenden, concesiones de frecuencias que no se rematan pero van como “yapa” del remate y, en general, la percepción de que detrás de la salida visible expresada en la ley  –salida horrible, pero al menos pública- hay otro negocio o negocios no dichos, es decir una nueva salida privatizadora que por alguna razón no se atreve a dar la cara.

 

EL SILENCIO

Lo curioso es que, tras los griteríos iniciales, al saberse que PLUNA estaba nuevamente fundida, nadie ha hecho suyo el asunto. Nadie indaga en lo pasado ni escarba en lo que vendrá. Como si todo el mundo supiera demasiado del asunto y no quisiera saber más.

Es que en lo relativo a PLUNA nadie tiene las manos libres. La oposición porque está sumamente comprometida en los desastres anteriores y muy especialmente en la asociación con VARIG, de cuyo hundimiento todavía vamos a recibir duros coletazos de muchos millones de dólares. Y el partido de gobierno porque es responsable de la asociación con Leadgate y porque, por alguna razón, parece convencido de que debe darle a PLUNA una nueva salida mágica, a través de algún nuevo inversor (aunque los inversores de PLUNA suelen invertir muy poco) y de que esa negociación debe hacerse en forma reservada, sin conocimiento ni discusión pública.

 

EL ETERNO RETORNO DE LO MISMO

Cada pocos años uno podría reeditar lo escrito sobre PLUNA y los textos mantendrían una sorprendente vigencia. Porque cada pocos años, como en un ritual perverso, se reinicia el ciclo de desastre económico con grandes deudas, después la aparición de una mágica asociación con privados que resolverá todos los problemas (Varig, Leadgate), luego un nuevo escándalo, nuevas deudas y otra vez una maravillosa solución en el horizonte.

Lo malo es que todos y cada uno de esos ciclos terminan con muchos millones de dólares a cargo del Estado. Es decir de todos nosotros.

 

SLUNA     

No nos engañemos. Se le ponga el nombre que se le ponga (PLUNA ente autónomo, PLUNA S.A., etc.), PLUNA es siempre público. En el sentido de que las deudas que genera las pagamos siempre todos nosotros a través del Estado.

Los argumentos para la continuidad de una línea aérea de bandera uruguaya son siempre los mismos: que no conviene perder la “bandera”, que hay que preservar la “conectividad” del país (aunque en este caso bastaría con decir la “conexión”), que la existencia de una línea nacional permite incidir en los precios del servicio, y que hay que asegurar la fuente de trabajo de los funcionarios.

Ahora, si es tan importante mantener una compañía aérea de bandera uruguaya, y si los costos igual los pagamos todos, ¿por qué no hacemos como con otros servicios imprescindibles, como la salud, la educación y la justicia? ¿Por qué no asumimos que lo que no da ganancia y es estratégicamente imprescindible debe hacerlo el Estado, modestamente, a pequeña escala, quizá sólo para cubrir las necesidades indispensables? ¿Por qué no asumimos de una buena vez que no hay empresarios mártires y filantrópicos que se dediquen a salvar a países de naufragios aéreos?

Quiero ser honesto: esto que digo lo dijo antes José Luis Baumgartner en una nota de Voces.

Hecha la aclaración, vuelvo al tema: PLUNA significa “Primeras Líneas Uruguayas de Navegación Aérea”. Si llegamos a la conclusión de que no habrá salidas mágicas, si queremos evitar un nuevo y costoso escándalo dentro de pocos años, y si queremos evitarnos la vergüenza poco republicana de negociaciones secretas y soluciones legales que rompen todos los principios jurídicos, ¿por qué no pensar en fundar SLUNA? En el entendido de que SLUNA signifique: “Segundas Líneas Uruguayas de Navegación Aérea”.

Total, los costos los pagamos de todos modos.   

 

  

 

 

Comments