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¿Dónde está el PCU: uruguayo, frenteamplista, comunista? Por Daniela López R.

publicado a la‎(s)‎ 18 jul. 2011 13:20 por Semanario Voces
 

 

 

“Sabemos más que nunca que la línea más profunda de la salvación del país está en la unidad del pueblo”.
Rodney Arismendi – 22 de abril de 1972

 

 

Los comunistas son, antes que nada, compañeros. Sí, compañeros fundadores de las experiencias unitarias de nuestro pueblo.  Fueron artífices del surgimiento de la CNT. Fueron también parteros del Frente Amplio. No en soledad, sino en compañía de otras fuerzas políticas de izquierda y de otros dirigentes y sectores de los propios partidos tradicionales que se lanzaron, sin paracaídas, a esta aventura política inédita, que no sólo nacía para resistir el embate arrollador del fascismo, sino para construir una fuerza transformadora capaz de cambiar el país. No un cambio cosmetológico. Nunca esa canallada. Sino un cambio sustancial, profundo, revolucionario.

Fueron años de batalla política en los sindicatos, en los comités de base, en los centros de estudios, en las calles, en el Parlamento. Luego, cuando el hoy reo Juan María Bordaberry, que violó la Constitución y abrió las puertas al poder de los fascistas, dio el golpe de Estado, resistimos todos unidos en la heroica huelga general de 1973. Transformamos los años de cárceles también en un espacio de lucha y resistencia. En el exilio, se multiplicaban los espacios de militancia y unidad. Una unidad trabajada, no idílica, no exenta de problemas. Una unidad de acción, cuestión fundamental, porque era y es, una unidad estratégica para realizar los cambios profundos que estamos ahora realizando, concretando, que no son otros, que los que soñábamos cuando militábamos muchos años atrás.

De los sueños a la realidad. Esa es la tarea que comenzó a desarrollarse desde el 1 de marzo de 2005, cuando el compañero Tabaré Vázquez asumiera la presidencia de la República. Esa es la tarea que se está profundizando desde que el 1 de marzo del 2010 asumió el compañero José Mujica.

Hay quienes actúan en la construcción de una época. Lanzan iniciativas que son construcciones que apuntan a construir un escenario nuevo, que modifica la calidad de la vida de sus compatriotas, y que son ejemplo de acciones positivas. No se trata de levantar liderazgos destructivos. No se trata de ser, como escribiera Silvio Rodríguez, “un testaferro del traidor de los aplausos/un servidor de pasado en copa nueva/un eternizador de dioses del ocaso/júbilo hervido con trapo y lentejuela”…cuánta claridad para definir este momento…”un servidor del pasado en copa nueva”.

Ironías del destino, el Partido de la teoría y la acción de los tiempos de Rodney Arismendi, de Jaime Pérez, Enrique Rodríguez, Eduardo Bleier, José Luis Massera, de los asesinados de la 20, de los miles de comunistas que forjaron aquel gran PCU, ya no es el mismo. Hace mucho tiempo que los compañeros han comenzado a recorrer un camino que nunca creímos que el Partido Comunista del Uruguay, aquel que gustaba de definirse como, “Uruguay, frenteamplista, comunista”, fuera a transitar. Esa triple seña de identidad, profunda, que arranca en las raíces de la identidad nacional, ya no está en el talante de los compañeros. Hace mucho que han optado por venerar a los puros y no a los hacedores. Hace rato que practican un lenguaje temerario, divisionista, amargo. Hace tiempo que olvidan cuando en sus congresos se coreaba “unidad, unidad, unidad”.

Pero no siento que los compañeros sean eso que hoy nos muestran. El PCU es mucho más que eso. Así, no entiendo cuando salen a marcar con el dedo inquisidor a compañeros cuya gestión es el soporte del accionar del gobierno cuando, unánimemente, la fuerza política entiende que el ministerio cuya responsabilidad de gestión ostentan no sólo presenta un balance pobre, sino que se ha convertido en un problema. Recursos económicos y humanos los ha tenido en demasía. Capacidad de gestión, de planificación y de reacción, muy poca. ¿Eso convierte a la compañera exministra en una pésima revolucionaria? Claro que no. Todos sus años de esfuerzos, sacrificios y desvelos no se borran. El punto no es equivocarse, sino persistir en el error. Por eso el cambio. Punto. Vignoli fue, es y será una revolucionaria, aunque su mejor contribución no nos la puede brindar desde el Mides. Es tarea del PCU y del FA, arroparla y agradecer su esfuerzo, así como recanalizar su militancia.

También, nobleza obliga, Ana merecía que se le hubiera informado antes de esa decisión. No está bien exponerla así. Ana, no estaba allí por capricho, sino por una historia de militancia, por su partido y por nuestro FA. Al decir de Jaime Gershuni Pérez, “sé que nada de lo que hice, lo hice por una cuestión de provecho personal”. Como Jaime, Ana lo mismo. Lilián Kechichián lo expresó (Diputados, 15 de noviembre de 2005) en el homenaje a Jaime Gershuni Pérez, como nadie: actuar “sin olvidar nunca la imprescindible unidad entre la política y la humanidad, porque cuando ella se pierde, solo queda el frío esqueleto del poder”.

Ironías de la vida

Ironías del destino, el mismo Partido que no ha sabido anticipar su autocrítica por su desempeño en el Mides, se siente con autoridad para, desafiando el comportamiento unitario de nuestro FA, poner en riesgo la mayor experiencia de cambios profundos que registra la historia del país. Ironías del destino de un partido que encabeza el gobierno municipal de la capital. ¿Cómo reaccionará frente un problema igual si es que sucede, ojalá que no!, en la IMM? Acaba de dinamitarse el pie…aunque no, porque los compañeros no harán, eso espero, ojo por ojo. Al quebrar la unidad de acción de la izquierda, han introducido conductas no revolucionarios en el accionar del Frente Amplio y del gobierno.

Nada más revolucionario que la unidad

El PCU es, ante todo, una referencia vital en la historia de la izquierda uruguaya. Su historia habla así como estos actos erráticos también. Los comunistas son y serán siempre (eso espero) mis compañeros de ruta. Lo eran en los años de facultad. Lo eran en mis años de sindicato.  Lo son también hoy, aún en sus omisiones. Pero estos errores duelen y cuestan caro. Hieren y debilitan el proceso de cambios revolucionarios que está desarrollando el Frente Amplio. ¡Nada menos!

Al PCU que lidera Eduardo Lorier cuesta reconocerlo en la historia del propio PCU. Todos añoramos el Partido Comunista de Rodney Arismendi, el que enseñara, con firmeza y generosidad, que la unidad no es solo una necesidad política circunstancial, sino una condición estratégica. Lo decía así: “el Frente Amplio es el mejor instrumento de la unidad, de la redención, de los cambios inmediatos y de soluciones de futuro” (discurso frente a la Seccional 20, abril de 1987).

Rodney nos enseñó que “el Frente es una fuerza de paz, de cambio, de redención y de transformaciones y de futuro”. Concibió él, Jaime, José Luis, Enrique, Eduardo y los miles de comunistas forjadores del gran PCU, a la “unidad política de la izquierda como una contribución central para la democracia uruguaya y para la transformación del país” (Gerardo Caetano, hablando en la Fundación Arismendi en homenaje a los 95 años de su nacimiento).

Del PCU no espero otra cosa que hacer honor a su historia, a su contribución ideológica. No a las amenazas de abandonar el barco proclamando una pureza templaria que nadie le cuestiona ni nadie le concede, porque simplemente no está en cuestión. Lo que está en juego es la unidad para ratificar la capacidad de gestión política de la fuerza generadora y realizadora de los cambios. Por eso ni un reproche. Sólo un llamado a la reflexión y a la unidad. Y la ratificación de que así no es y no será.

 

 

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