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¿Está América Latina preparada para competir y crecer en la economía del conocimiento?por Jorge Grünberg

publicado a la‎(s)‎ 7 dic. 2012 12:21 por Semanario Voces
 

La pregunta es si Latinoamérica está preparada para competir y crecer en la economía del conocimiento. América Latina es una gran promesa, con sus grandes recursos naturales, enorme territorio y vasta población. Pero el problema es que como muchos futbolistas uruguayos, América Latina es siempre una promesa, América Latina es siempre el “continente del futuro”.

 

América Latina está viviendo un período de crecimiento económico excepcional.

Las condiciones económicas internacionales y el desarrollo tecnológico que

permite producir valor desde cualquier parte del mundo, le brindan a América

Latina una oportunidad histórica. La región está en una “tormenta perfecta”

positiva, con un bono demográfico (una mayor proporción de la población en

edad de trabajar) y altos precios de exportación de su producción primaria. Pero

esta oportunidad tiene fecha de vencimiento. Si no la aprovechamos, el actual

crecimiento no será sostenible y dejará una deuda de pensiones impagables

y enormes frustraciones sociales de poblaciones que verán trunco su camino

iniciado de salida de la pobreza.

A primera vista parece que todo va bien en América Latina, estamos viviendo

una fiesta de crecimiento en lugar de la habitual siesta de estancamiento. Los

últimos años de la década de 2000 fueron los mejores para América Latina desde

1960. Setenta y tres millones de personas salieron de la pobreza, la inversión

extranjera alcanzó niveles record, superando los 150.000 millones de dólares en

2011. La cobertura de la educación primaria se ha vuelto casi universal y todo

esto en un marco político en el cual la mayoría de los gobiernos son electos.

Las fiestas inducen euforia y algunos gobernantes latinoamericanos, con exceso

de hubris, están ofreciendo enseñar política económica a los países ricos. La

crisis europea es vista por muchos en América Latina como una reivindicación

del “Tango Economics” o el “Merengue Economics” por el cual los gastos pueden

superar a los ingresos, la producción puede depender de un solo producto no

renovable y las estadísticas se pueden fabricar a medida.

Toda esta euforia actual adolece de un problema de perspectiva. Noten ustedes

que después de una década de crecimiento sostenido solo 2% de la población es

“rica” en América Latina (tiene ingresos de más de 50 dólares por día) y menos

del 30% de la población es de clase media (tiene ingresos entre 10 y 50 dólares

por día). La cantidad de años promedio de educación de los latinoamericanos

subió, pero la calidad del aprendizaje bajó.

 

 

 

Valor proviene de la creatividad

Volvamos entonces a la discusión sobre si Latinoamérica está preparada para

competir y crecer en la economía del conocimiento, o en otras palabras, si

América Latina está finalmente en camino al desarrollo. Responder esta pregunta

requiere entender cómo se genera valor en el mundo actual. En el siglo XXI la

riqueza sostenible ya no viene del territorio, ni de la posición geográfica, ni de la

dotación de recursos naturales, ni de la cantidad de población. En el siglo XXI

la mayor parte del valor proviene de servicios altamente especializados, de la

creatividad y del conocimiento. Los activos críticos son los talentos humanos,

la propiedad intelectual y la capacidad de innovación. Solo 15% del valor de un

auto está en su armado. Menos de un tercio del precio de un Iphone queda en

China (donde se fabrica casi íntegramente), más de 2/3 queda en Estados Unidos

para la empresa Apple, por el diseño, el marketing y el software.

Según Clayton Christensen, el afamado profesor de Harvard, hoy en día hay

mucho capital disponible en el mundo y por lo tanto su costo es casi cero. El

recurso escaso es la gente educada con las habilidades requeridas para transformar

ese capital en innovaciones. En el siglo XXI la geopolítica de la riqueza está

definida por dónde se produce el conocimiento, dónde se radican los talentos y

dónde se generan las innovaciones. Un gran cambio respecto al pasado es que

los talentosos pueden elegir el país (o la región o ciudad) en donde quieren vivir

y trabajar. Por eso los estados (y las regiones y las ciudades) tienen que competir

cada vez más por esta clase creativa que es móvil y global. La capacidad de

generar, retener y atraer talentos, es la clave para competir en la economía del

conocimiento.

Frente a la pregunta sobre si el crecimiento de América Latina implica que está

modernizando su economía, la respuesta es negativa. Las exportaciones han

aumentado, pero la economía se está “reprimarizando”. América Latina depende

más que hace 10 años de la exportación de sus recursos naturales. Uruguay

por ejemplo, exporta a Corea del Sur leche en polvo y vacas lecheras e importa

smartphones, centrales telefónicas computarizadas, autos último modelo y

turbinas de generación eléctrica de ciclo combinado. La inversión extranjera en

América Latina ha aumentado, pero se dirige fundamentalmente a proyectos

extractivos con bajo contenido de conocimiento, que no ayudan a la región a

modernizar su modelo productivo y la formación de sus propios técnicos.

En 1700 el ingreso per cápita de América Latina era similar al de América del

Norte. Un siglo después, en la época de la independencia era la mitad. En el 2000

se había reducido a la quinta parte y esta proporción no aumenta desde 1960.

La Universidad de San Marcos en Lima ya expedía títulos en 1551, la primera

Universidad de Estados Unidos, Harvard, fue fundada casi un siglo más tarde

en 1636 y la Universidad de Chicago más de 300 años después en 1890. Lo

importante es preguntarse por qué pasa esto. ¿Por qué uno de los continentes más

ricos es uno de los que tiene más pobres? ¿Por qué un continente que empezó tan

próspero como América del Norte tiene ahora solo una fracción y decreciente

de la riqueza de sus copropietarios de continente? ¿Por qué un continente que

tenía universidades expidiendo títulos cuando en Chicago todavía pastaban

los búfalos, tiene hoy el sistema universitario menos destacado del mundo a

excepción del africano?

 

 

 

La actitud de las elites

 

Se han elaborado numerosas hipótesis sobre el retraso de América Latina. Una

de ellas, la más en boga en la intelectualidad latinoamericana, es la hipótesis

“victimológica”. La hipótesis de que América Latina es pobre porque otros nos

despojan permanentemente. Esto tiene como obra de cabecera el best seller

“Las venas abiertas de América Latina”, publicado por primera vez en 1971. La

tesis de este libro es que América Latina es pobre porque invasores externos la

despojaron y la siguen despojando. En este relato los invasores van cambiando

con el tiempo: España, Inglaterra, Estados Unidos, el Banco Mundial, el Fondo

Monetario, la OCDE, el Foro Económico Mundial o las multinacionales. Pero no

hace falta analizar mucho esta tesis para verificar que no es convincente. Tenemos

que reflexionar en lo que dijo el famoso historiador de Princeton, Bernard Lewis:

“cuando los países se enfrentan a dificultades tienen dos maneras de reaccionar:

algunos países dicen ¿qué hicimos mal?, otros países dicen ¿qué nos hicieron?”.

Es cierto que los países latinoamericanos fueron ocupados hace varios siglos,

pero también fueron ocupados muchos otros como Irlanda, Finlandia o la

propia España en Europa, o China, India, Corea, Singapur en Asia. Todos esos

países fueron conquistados durante muy largo tiempo y eso no les impidió

desarrollarse. Lo que es muy pernicioso en esta visión del mundo de la “pobreza

por culpa de otro” o más técnicamente “de locus externo”, es que la economía es

percibida como un juego de suma cero, en el cual la ganancia de uno siempre es

la pérdida del otro, donde la riqueza no se puede generar sin despojar a otros.

Esta percepción afecta la cultura latinoamericana que ve al éxito y a los exitosos

con sospecha.

América Latina no carece de recursos con una población de 600 millones de

habitantes, más superficie que China y Estados Unidos juntos, 30% de la reserva

de agua dulce del mundo y 25% de las tierras más fértiles. Considerando las

riquezas naturales de que dispone América Latina y que no sufrió ninguno de

los mega conflictos bélicos del último siglo, hay que llegar a la conclusión de

que el estancamiento se debe a malas decisiones políticas. La pregunta es ¿por

qué América Latina ha realizado malas opciones políticas durante tanto tiempo?

Una de las razones es la actitud de las elites.

Como decía uno de mis profesores de Oxford: “existen elites egoístas en todo el

mundo, pero la elite latinoamericana se distingue porque luego que sube en la

escalera social se lleva la escalera”.

 

 

Globalización como amenaza

Otro factor en las decisiones políticas erróneas de América Latina es que

en la mayoría de los países latinoamericanos se mira el resto del mundo con

desconfianza, se mira la globalización más como una amenaza que como una

oportunidad. Por ejemplo, hace unos pocos meses el Ministro de Educación

de uno de los países más grandes de América Latina me dijo: “la estrategia más

efectiva para no tener malos resultados en la prueba PISA, es abandonar PISA”.

Pensé que el comentario era sarcástico, pero por lo que hizo luego ese país,

me parece que es una intención real. Sin embargo abandonar PISA es como

abandonar el sistema métrico decimal. Otra muestra de nuestra actitud frente al

exterior es la movilidad estudiantil. China y Corea por ejemplo tienen ahora más

de 200.000 estudiantes universitarios en Estados Unidos, entre Brasil y Argentina

no llegan a 10.000 en este momento.

¿Qué debe hacer América Latina para superar el estancamiento? Una economía

moderna, es motorizada por un trípode: Estado, empresas y universidades. Las

universidades tienen que generar conocimiento que deben utilizar las empresas

para aumentar su competitividad y el Estado garantizar la estabilidad y la

infraestructura necesaria. El trípode no funciona si algunos polos hacen el trabajo

de otros, por ejemplo el Estado funcionando como empresario. El rendimiento

del trípode depende del sistema educativo y del sistema tecnológico. Para que

la actual bonanza nos permita superar nuestro histórico estancamiento, los

latinoamericanos tenemos que resolver dos enormes déficits: el déficit educativo

y el de innovación.

Nadie duda de que existe una brecha educativa entre América Latina y el resto

de los países desarrollados o de los que están creciendo rápido. El problema es

que no todo el mundo tiene una idea clara de la magnitud de esa brecha y de

cuánto puede llevar de voluntad política cerrarla. En Brasil por ejemplo, menos

del 10% de la población culminó una carrera universitaria, en Canadá es 50%,

en Corea del Sur casi 60%. En Corea del Sur se gradúan tantos ingenieros por

año como en toda América Latina junta y el doble de doctores en ingeniería. Mi

intención no es brindar un aluvión de números, es solamente mostrar que lo que

llamamos “brechas” no son tales, sino verdaderos abismos. Y estos abismos solo

se pueden corregir como hicieron Taiwán, Singapur o Corea del Sur, con un gran

consenso social, voluntad política e inversiones sostenidas a lo largo de una o dos

generaciones. Nada de eso es lo que estamos viendo en América Latina.

No solamente hay menos gente educada en América Latina, sino que la calidad

de su aprendizaje es mucho menor. En las pruebas PISA de 2009 que son las

últimas que disponemos, el 20% más rico de los alumnos latinoamericanos (que

van a las escuelas privadas casi todos ellos), rindió menos que el 20% más pobre

de los alumnos de países de la OCDE. Fíjense que hay solo 10 universidades

latinoamericanas entre las mejores 500 del mundo, hay 35 solamente entre

China, Corea y Taiwán.

 

Educación de calidad: imperativo moral

 

Hoy estaba escuchando un proyecto interesantísimo de la firma Repsol y habrán

escuchado ustedes que trabajan con la Universidad de Stanford y la Universidad

de Harvard, ese proyecto no mencionaba universidades iberoamericanas.

Según las mismas pruebas PISA, América Latina es la región del mundo con

la mayor diferencia de aprendizaje entre escuelas. En Finlandia por ejemplo la

diferencia entre las mejores y las peores escuelas es menor al 5%. En América

Latina existe una enorme diferencia entre el aprendizaje que logran los alumnos

en las escuelas de los barrios más ricos y los de los más pobres. Esta desigualdad

ha creado una trampa de inmovilidad generacional, ya que los hijos de los más

pobres reciben menos educación y de menos calidad, lo que a su vez en un

círculo vicioso, agranda su brecha de ingresos con los más ricos que asisten a

mejores escuelas. El acceso a una educación de calidad es un imperativo moral

por supuesto, pero además es un imperativo económico, ya que millones de

talentos potenciales atrapados en favelas y villas miseria y sin acceso a una

educación de calidad, nunca van a poder transformar su talento genético en

competencias efectivas. La ignorancia de estas poblaciones es su pobreza, pero

también es la nuestra, la de todos. Mejorar las oportunidades educativas de los

más pobres es mejorar las oportunidades de todos si queremos transformarnos

en una economía de conocimiento.

Además de una brecha educativa tenemos una brecha de innovación igualmente

grande. Menos del 10% de las universidades latinoamericanas investigan (en el

sentido de publicar por lo menos 300 trabajos por año). Singapur con cinco

millones de habitantes publica más artículos de ingeniería que Brasil que

tiene 200 millones de habitantes. Corea del Sur publica el doble de artículos

en ingeniería que toda América Latina junta. La región no crea conocimiento

patentable. Corea del Sur o Taiwán registran más patentes anualmente que toda

América Latina.

Cuando lo miramos a nivel de ciudades, porque hoy en día el conocimiento

se genera en clusters urbanos en su mayoría, vemos que Buenos Aires registra

un promedio de seis patentes de alta tecnología por año mientras que Helsinki

registra 300 y Nueva York 800. Otra vez estamos hablando de abismos, no de

brechas. Hace poco tiempo la empresa Thompson Reuters hizo una clasificación

de la nacionalidad de las compañías más innovadoras del mundo basados en la

patente cuádruple y encontró que de las empresas más innovadoras del mundo

40% son de América del Norte, 30% de Europa, 30% de Asia y 0% de América

Latina.

El peligro inmediato para América Latina es caer en la trampa del ingreso

medio. Es demasiado cara para producir barato y demasiado poco educada para

producir bienes o servicios más sofisticados. La transición de ingresos medios

a altos involucra la transición de una economía importadora de tecnología a

una economía exportadora de tecnología. Esta transición requiere aumentar

la calidad del capital humano y fortalecer la capacidad de investigación, las dos

grandes brechas que tenemos por delante.

América Latina está progresando, pero también progresó en el pasado y

después revirtió. América Latina nunca ha alcanzado lo que se llama en física la

“velocidad de escape” para salir de la trampa de los ingresos medios, no adquiere

la velocidad para escapar de la órbita gravitacional y por lo tanto tiende en

términos históricos a retroceder.

 

 

Disminuir enormes desigualdades

¿Cuál sería la agenda estratégica de América Latina para competir en la economía

del conocimiento? Parafraseando a Tolstoy, todos los países que se han vuelto

prósperos se parecen, pero cada país incapaz de modernizarse lo hace a su manera.

En otras palabras, no existen fórmulas genéricas para el desarrollo. Pero existen

factores comunes. El primero es disminuir las enormes desigualdades de ingreso

que hay en nuestro continente. Para disminuir las desigualdades, América Latina

debe mejorar la calidad y equidad de la educación. Muchos de nuestros países

están intentando disminuir la desigualdad a través de transferencias de ingresos

a los más pobres, lo cual es efectivo en una primera etapa. Pero transferir ingresos

a los más pobres crea una mejora solo transitoria en esas familias, porque si ese

ingreso desaparece, vuelven a la pobreza inicial. Lo que tenemos que hacer es

crear capacidad en los más pobres para generar ingresos, lo cual quiere decir

enseñarles oficios y profesiones con real demanda en el mercado laboral.

El segundo objetivo de una agenda estratégica es “desprimarizar” la economía. El

objetivo de América Latina debe ser exportar talento y no talentosos. Debemos

producir bienes y servicios diferenciados, con alto contenido de conocimiento

que generan empleos de alta calidad y que tienen una escalabilidad ilimitada en

nuestra era tecnológica y global.

Un punto central de la agenda estratégica es reformar los sistemas educativos

para que funcionen como mecanismos reales de expansión de oportunidades.

La última década nos dejó dos grandes aprendizajes sobre reforma educativa.

Uno es que más gasto no asegura mejores resultados. No se puede reformar

sin gastar, pero tampoco se debe gastar sin reformar. Por eso muchos países de

América Latina que han aumentado su gasto educativo sin realizar reformas, no

han conseguido ni van a conseguir mejores resultados de aprendizaje.

El segundo gran aprendizaje sobre reforma educativa es que no existe un “tradeoff”

inevitable entre excelencia y equidad. Esa era hasta ahora la gran excusa para

justificar desigualdades y mediocridades. Sin embargo hemos visto que algunos

de los mejores sistemas educativos del mundo son también los más igualitarios.

Por ejemplo en Finlandia hay solo 5% de variación de aprendizaje entre las

mejores y las peores escuelas del país. Toda reforma educativa debe comenzar

por reenfocar los fondos públicos que en muchos países terminan beneficiando

a los alumnos más ricos en lugar de los más necesitados. Es necesario jerarquizar

la profesión docente a través de la formación y de los requisitos para ejercerla.

Finlandia, que tiene actualmente uno de los mejores sistemas educativos

del mundo en este momento, se distingue por la alta valoración social de sus

docentes, lo cual no depende exclusivamente del sueldo.

En Finlandia el sueldo medio de un docente es similar al de un bombero o de una

enfermera. Sin embargo los docentes en Finlandia deben tener una licenciatura y

una maestría para ejercer la docencia, todos son full time de su centro educativo y

trabajan en equipos multidisciplinarios. Otro de los objetivos es llevar los mejores

docentes y directores a los liceos con estudiantes con mayores dificultades. En

muchos países de América Latina a medida que los profesores y directores van

subiendo en su carrera, son asignados a escuelas y liceos con menos problemas,

lo cual obviamente no mejora las cosas.

 

 

Nuevo liderazgo latinoamericano

Propongo también experimentar con transferencias condicionales de largo plazo.

El año pasado propuse esto en una conferencia en el Banco Central del Uruguay

y los economistas presentes me tiraron tomates. Mi propuesta es ofrecerle a las

familias del último quintil de ingresos (cuyos hijos muy raramente culminan la

Secundaria) que por cada hijo que culmine la Secundaria recibirá U$S 20.000.

Esto no sería un gasto sino una inversión para nuestros países, ya que permitiría

grandes ahorros al disminuir la repetición y posiblemente la delincuencia juvenil,

y en el mediano plazo aumentaría la productividad de nuestras economías.

América Latina no está condenada a encontrar el túnel al final de la luz. Podemos

salir adelante, siempre y cuando se ejecuten políticas públicas efectivas. La calidad

del liderazgo va a ser un factor esencial en la posibilidad de América Latina de

ejecutar esta agenda estratégica. En nuestro continente no hay conflictos étnicos

o religiosos importantes ni reclamaciones territoriales, con la excepción de la

salida al mar de Bolivia. Compárese esto con India-Pakistán, China-Taiwán,

Corea del Sur- Corea del Norte o con la “primavera árabe” y sus incertidumbres.

En este contexto, los obstáculos de América Latina adquieren una perspectiva

más manejable y factible de solución con las políticas públicas adecuadas.

Soy optimista porque hay un nuevo liderazgo latinoamericano. Lamentablemente

unos pocos líderes han revertido a la patología caudillista tan conocida por los

latinoamericanos, pero en su mayoría parece haber surgido una convergencia post

ideológica. Los que venían de más a la derecha aceptaron que las desigualdades

no son aceptables en una sociedad moderna y los que venían de más a la izquierda

aceptaron que el sector privado y el equilibrio fiscal son necesarios, aunque sean

males necesarios.

Dado que existe la capacidad a través de los recursos generados por la actual

bonanza y de que existe la intención a través de esta convergencia ideológica,

es posible refundar nuestros sistemas educativos y tecnológicos. Demandará

tiempo, recursos y voluntad política. Si el liderazgo latinoamericano se focaliza

en estas metas, los próximos años pueden transformar nuestro continente, en

caso contrario será otra oportunidad histórica perdida.

 

Conferencia del Rector de la Universidad ORT VIII Encuentro Empresarial Iberoamericano y XXII Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno

Jerez de la Frontera, España,

 

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