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¿LOS DERECHOS HUMANOS SE PUEDEN PLEBISCITAR? Por Hoenir Sarthou

publicado a la‎(s)‎ 3 jun. 2011 13:39 por Semanario Voces

Izquierda y derechos humanos (III)

 


“Los derechos humanos no se plebiscitan”. “Ninguna mayoría puede decidir algo contrario a los derechos humanos”. “Si la mayoría de la gente decidiera restablecer la esclavitud, la decisión no sería válida porque violaría los derechos humanos”.

Habrán oído esas frases mil veces, de boca de militantes y dirigentes de izquierda. Se las pronuncia con tono grave y sentencioso, una y otra vez. De tanto oírlas, uno termina tomándolas por ciertas, olvidando que mil ejemplos prácticos –como el de la ley de caducidad- nos demuestren cuán poco vale un derecho cuando no existe la voluntad política mayoritaria de reconocerlo y respetarlo.

Sin embargo, esas frases siguen circulando y reiterándose, aunque tal vez su fuerza provenga más del tono sentencioso con que son dichas que de la solidez de los argumentos que las sustentan.

El tema es inquietante, además, porque pone en evidencia algo que nos cuesta asumir: que el discurso de los “derechos humanos” y la lógica democrática pueden y suelen ser contradictorios. Curiosamente,  la izquierda uruguaya –embanderada con los “derechos humanos”- no parece darle la debida importancia a esa contradicción

 

LAS DOS TEORÍAS

Hay dos grandes teorías sobre el origen de los derechos, incluido el de “los derechos humanos”. Una de ellas puede ser opuesta a la lógica democrática. La otra no tanto. Lo interesante es ver a cuál de las dos adhiere la izquierda uruguaya.

Una de esas teorías (su nombre técnico es “jusnaturalismo”) sostiene que los derechos existen con anterioridad a las normas jurídicas que los declaran y que son independientes y superiores a la voluntad política de la sociedad. Según esta teoría, la constitución y las leyes no hacen más que reconocer a esos derechos preexistentes y pierden validez si los contradicen o niegan. Como consecuencia, tampoco será válido ningún pronunciamiento popular, por mayoritario que sea, que niegue o desconozca a alguno de esos derechos.

La otra teoría, (su nombre técnico es “positivismo jurídico”) sostiene que los derechos –todos los derechos- son una construcción social, histórica, determinada por los climas culturales y las relaciones de poder existentes en la sociedad. Para esta teoría, ningún derecho existe con anterioridad a la voluntad política de la sociedad de establecerlo como tal mediante normas jurídicas (derecho positivo).

La diferencia principal entre las dos teorías es que una coloca a los derechos (en particular a los “derechos humanos”) por encima y fuera del alcance del poder político y también de la voluntad popular, en tanto la otra asume que todos los derechos son fruto de la voluntad política de la sociedad, es decir que nacen y dependen de ella.

¿Cuál de esas teorías es más verdadera? ¿Cuál es más útil? ¿Cuál de las dos inspira a la izquierda uruguaya? ¿Qué consecuencias trae esa inspiración?

 

LOS DERECHOS DE LA IZQUIERDA

El concepto de derechos humanos predominante en la izquierda uruguaya se funda en estas tesis reiteradas con fervor: 1) Hay un elenco de derechos que son “inherentes a la persona humana”. 2) Esos derechos son universales (son o deben ser los mismos para todas las personas en todos los países). 3) No necesitan de normas jurídicas para existir y no pueden ser desconocidos por ninguna norma jurídica. 4) No obstante, están mejor amparados por los tratados internacionales que por el ordenamiento jurídico nacional. 5) Por eso, el derecho internacional de los derechos humanos tiene o debería tener primacía sobre el orden jurídico nacional, con jerarquía igual o superior a la constitucional. 6) El paradigma de la violación a los derechos humanos lo constituye la dictadura militar de los años 1973-1985. 7) Hacer justicia respecto a esas violaciones concretas y seguir reconociendo derechos humanos en áreas sociales, económicas y culturales es la médula de un programa “progresista” e incluso “de izquierda”.

Obviamente, la mayoría de la izquierda uruguaya se afilia actualmente a la primera teoría sobre el origen de los derechos, la teoría jusnaturalista.   

 

MARX SE AGARRARÍA LA CABEZA

Desde luego, las tesis predominantes en la izquierda uruguaya respecto a los derechos humanos no resisten un análisis marxista (me refiero a filosóficamente marxista, no a los manuales de marxismo militante de los años 60 y 70).

Para el marxismo, el derecho -como la filosofía, la religión y todas las ideologías- no es más que superestructura, reflejo y consecuencia de la base material de la sociedad, de las relaciones de producción y de los intereses de clase existentes en un momento histórico dado.

Por lo tanto, desde una óptica marxista, la existencia de derechos universales y atemporales, válidos para todas las personas y sociedades e independientes de las relaciones de producción y de la correlación de fuerzas entre las clases sociales, sólo es un mito, no muy diferente al de los Reyes Magos o al del banquete de los dioses en el monte Olimpo.

Porque, ¿quién crearía esos derechos? ¿Dios? ¿La naturaleza? ¿La razón humana? ¿La conciencia moral de la humanidad? ¿Existen una razón o una conciencia moral independientes de los intereses y de las pautas culturales planteados en una sociedad determinada? 

Se podrá decir que la izquierda uruguaya no tiene ninguna obligación de ser marxista. Y es cierto. No la tiene. Lo paradójico es que muchos militantes de izquierda, a la vez que siguen proclamándose marxistas, materialistas y dialécticos, hablan de los derechos humanos con los ojos en blanco, como si mencionaran la voluntad de Dios.

 

LA HISTORIA Y LA EXPERIENCIA

Pero no es sólo un problema con el marxismo. La teoría dominante no resiste tampoco la confrontación con la evidencia histórica. ¿Por qué, si los “derechos humanos” son universales y están por encima de decisiones políticas, no existían en ningún lado hace poco más de doscientos años?

Y hay además un problema empírico. ¿Acaso no hemos visto nacer y morir a muchos derechos como resultado de decisiones políticas? Hace pocos años, por decisión plebiscitaria, nacieron en el Uruguay los derechos “humanos” al agua y al saneamiento. Hace pocas décadas, por decisión legislativa, murió el “derecho” del marido a mandar sobre su mujer, junto con el “derecho” de la mujer a reclamar “protección” de su marido. Y en estos momentos está entre la vida y la muerte –sujeto a un futuro plebiscito- el derecho de los menores de edad a no ser juzgado como adultos. ¿Cómo sostener entonces que los derechos existen con independencia de la voluntad política de la sociedad?

Si la doctrina dominante no resiste un análisis marxista, ni la confrontación con la historia, ni la comprobación empírica, algo no cierra teóricamente en el asunto.

Tal vez, en plena dictadura, haya sido tácticamente útil atribuirle a los derechos humanos valor universal. Útil para deslegitimar al régimen militar y para lograr el apoyo de las sociedades occidentales desarrolladas. Otra cosa es que esa versión dé cuenta de la realidad

Del mismo modo, tal vez el mito de los Reyes Magos sea útil para desarrollar la fantasía de los niños. Pero eso no significa que de adultos deban seguir creyendo que tomarán un café con Melchor, Gaspar y Baltasar.

 

OTROS DERECHOS HUMANOS SON POSIBLES

La intención de esta serie de artículos no es negar la validez y utilidad de un cierto elenco de derechos fundamentales que garanticen a todos los integrantes de una sociedad ciertas condiciones básicas para la vida.

Lo que se pretende afirmar es que la hiperdesarrollada concepción de “los derechos humanos” que impera hoy en la izquierda uruguaya es problemática. Que sus fundamentos –obviamente jusnaturalistas- llevan a errores teóricos y aparejan graves peligros prácticos, como lo son una imprudente desvalorización de la democracia y una aún más imprudente glorificación de organismos internacionales de muy dudosas intenciones.

Por suerte hay otra forma de fundar teóricamente los derechos. 

Pero la semana que viene hablaremos todavía de los peligros prácticos.   

 

 

   


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