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¿Otro candidato para el Frente? Por Roberto Elissalde

publicado a la‎(s)‎ 22 oct. 2011 16:02 por Semanario Voces
 

 

 

¿Es viable una fuerza política que no tenga vida política?

Si me dedicara a las matemáticas o a la lógica y quisiera simplificar términos eliminando la palabra “política”, diría “¿es viable una fuerza que no tenga vida?” La respuesta es clara y negativa.

El verdadero problema que tiene el Frente Amplio no es que hoy desconozca quién será su candidato en el año 2014, sino el no saber para qué debe seguir gobernando y por qué sus adherentes deben encarar la militancia política, ni dónde pueden ejercer esa facultad.

Pero antes de ir al tema de fondo (la desaparición del debate de rumbos políticos en el seno de la izquierda institucional), analicemos la situación como crisis y como oportunidad. Para algunos, la renuncia de Tabaré Vázquez es una tragedia ya que todos los datos indican que no hay quien pueda ganarle en 2014. Además, algunos  ven su futuro político atado al éxito de Tabaré, por lo que una salida del expresidente implica una derrota que también es personal.

Para otros, la salida de escena de Tabaré puede tratarse de una bendición que les permita salir a mostrarse y probarse. El margen es poco y los legítimos reclamos de “renovación” serán acompañados por los legítimos deseos de ser la encarnación viva de dicha renovación.

Pero lo que iguala a ambos grupos de militantes o “dirigentes”, es que están jugados hacer de la victoria electoral el centro de su estrategia. “Tabaré sirve porque es casi certeza de victoria”, o bien, “Tabaré frena la necesaria renovación que debe dar cabida a las nuevas sensibilidades del electorado”.

Mientras discutimos ventajas y desventajas de los candidatos y las posibilidades de ganar que el Frente tiene con ellos, todos nos olvidamos de hacer política, de fijarnos metas, de pensar estrategias para llevar adelante esos objetivos, de organizar gente para lograrlo, de socializar el poder del Estado y de seguir convenciendo con ideas, no con caras.

El Frente Amplio logró, con Tabaré Vázquez, un liderazgo atractivo para una fuerza política que siempre había sido ideológicamente sólida pero no “popular”. Su victoria montevideana de 1989 y nacional de 2004 se debió a esa agraciada mezcla. La victoria de José Mujica se construyó sobre los logros del primer gobierno nacional del FA y un carisma personal arrasador. Pero el futuro de una fuerza política pensada para representar los intereses de la mayoría trabajadora no puede estar jugado a la fortuna de encontrar un candidato carismático y con ganas de salir a la cancha.

Los comités de base, después de años de agonía, parecen haber asumido su crisis de identidad y función; la Mesa, el Secretariado y el Plenario son motivo de preocupación y los formatos de participación electrónica empiezan a discutirse. Pero no son debates ricos, ideológicos, estratégicos, sino enfrentamientos tácticos, pensados para obtener alguna ventaja momentánea en la próxima elección interna, según las fortalezas y debilidades de cada proponente.

Si lo único que puede unirnos a los frenteamplistas es la esperanza de ganar las elecciones una vez más (con el mejor candidato o con el segundo mejor), es porque tenemos poco que ofrecer a aquellas mayorías trabajadoras. ¿Qué queda para el FA después de decidir sobre el “impuesto a la tierra”? ¿Cómo mejor administrar el capitalismo? That is the question. Y hasta que no la respondamos entre todos, podremos seguir ganando elecciones, pero estaremos limitados únicamente a seguir el camino que nos marquen nuestros líderes del momento.

 

 

 

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