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¿POR QUÉ “POR QUÉ NO TE CALLAS”? Por Wladimir Turiansky.

publicado a la‎(s)‎ 22 oct. 2011 15:51 por Semanario Voces
 

 

 

 

¿Porqué no te callas?, le espetó el rey de España Juan Carlos a un presidente americano en una de las Cumbres Iberoamericanas, sintiéndose tal vez Carlos V, rey de ambos mundos, o una especie de virrey de las Américas reconquistadas.

También, pero más de entrecasa, ¿quién no recuerda el “ni me callo ni me voy” con que el caudillo blanco Luis Alberto de Herrera retrucó el ¿porqué no te callas? o algo por el estilo, que le reclamara en una sesión del Consejo de Gobierno el por entonces presidente don Luis Batlle?

Y si. A tal pregunta corresponde tal respuesta. Menos callarse.

La pregunta que a uno le surge, en todo caso, es otra: ¿porqué nuestro compañero Tabaré entendió conveniente, o necesario, u obligado, “desclasificar” ese episodio ahora?

Porque vamos a entendernos: todos conocemos a Tabaré Vázquez, conocemos sus opiniones, podemos coincidir con unas, discrepar con otras, pero está claro que ni sus opiniones ni sus juicios son fruto de la improvisación. El papel que ha jugado en la vida política del país y en la trayectoria del Frente, por lo menos en los últimos 20 años ha sido trascendente. En su presidencia se pusieron en marcha reformas fundamentales en la vida social e institucional del país, se comenzó la construcción de un proyecto de país con sentido progresista, más democrático, más solidario y más justo, tal como lo fuimos delineando en nuestros Congresos. Por eso el ¿porqué no te callas? suena al menos como injusto, como injusto suena aplicado a cualquiera de nuestros compañeros, se llamen Tabaré Vázquez, José Mujica o Juan Pueblo.

El relato del clima de tensión que los uruguayos vivimos, y la descripción de posibles escenarios a los que eventualmente pudiéramos habernos enfrentado, cada uno puede juzgarlo a la luz de sus vivencias. Podemos sentirlo exagerado o ajustado a la realidad. Pero el conflicto existió. Amenazas y agravios existieron. El cierre de puentes existió. Y no fue solo la acción de organizaciones de la sociedad civil. Las amenazas, los agravios, y las acciones se realizaron bajo las banderas de la “Causa Nacional”, tal como lo proclamara el entonces presidente Kirchner desde Gualeguaychú. Así que las cosas claras y el chocolate espeso.

Todavía hoy, quien fuera canciller argentino en esa época, no ha perdido el hábito del agravio, recoge la cartelería insultante contra la figura de Tabaré Vázquez que por años fue desplegada en la ruta argentina de acceso al puente Gral. San Martín, y se encarga de agregar su granito de arena.

¿Y todo ese clima porqué y para qué? ¿Es que se puede creer que sólo fue porque Uruguay habilitó la construcción de la planta de celulosa sin cumplir con todos los recaudos establecidos en el Tratado del Río Uruguay? Parece una desmesura.

Hoy, al menos en las formalidades, vivimos otro clima, y por cierto nos alegramos de ello. Al fin de cuentas, con nuestras respectivas peculiaridades, argentinos y uruguayos, con nuestros gobiernos, formamos parte de un proceso de unidad latinoamericana de signo progresista, opuesto al neoliberalismo que aun se pretende imponer al mundo desde los actuales centros de poder y los instrumentos financieros, políticos y militares desde los cuales ese poder se ejerce. Tal proceso es sin embargo aún frágil y sometido tanto a las presiones de los grupos oligárquicos que temen por la pérdida de sus privilegios, como a los vaivenes de una crisis económica y financiera que sacude las entrañas mismas del sistema globalizado bajo el dominio neoliberal. Por eso mismo la imperiosa necesidad de la unidad.

Es claro que los problemas aún subsisten, o como te digo una cosa te digo la otra. Exportar a la otra orilla productos con algún grado de industrialización sigue siendo una vía crucis, el dragado del canal Martín García sigue esperando, traer electricidad desde Paraguay a través de Argentina sigue siendo prohibitivo habida cuenta del peaje que el gobierno argentino pretende cobrar, plantas regasificadoras se han montado varias, salvo la convenida en el Río de la Plata, etc.

En fin, por lo menos se han desbloqueado los puentes, y la cordialidad impera. Tanto desde el ángulo de nuestras relaciones con Argentina, como desde el ángulo de una estrategia de unidad latinoamericana, es vital recomponer las relaciones de amistad entre nuestros pueblos y nuestros gobiernos. Y de verdad no creo que nadie deba enojarse por el relato de un episodio de nuestra historia, aún con toda la carga subjetiva que se le quiera atribuir.

Pero vuelvo al 2006  y al episodio relatado por Tabaré. El Uruguay estuvo solo, aislado, eso es verdad. El bloqueo de los puentes y el daño económico que el país debió afrontar fue llevado, infructuosamente, a todas las instancias políticas y jurídicas del Mercosur. Venezuela consideró que se trataba de un conflicto binacional que competía a ambas partes resolverlo. Brasil rehusó cualquier intervención o mediación. Sólo Paraguay, el otro chico del Mercosur, nos acompañó, al menos en el cuestionamiento al bloqueo de los puentes, en tanto violaba uno de los puntos esenciales del Tratado de Asunción, la libre circulación de mercancías y personas en la región. Eso es verdad, y ese parece ser el motivo que llevó a Tabaré Vázquez a solicitar la ayuda de los EEUU.

Y este, precisamente éste, es el punto. La pregunta es: ¿hizo bien en buscar respaldo allí? ¿No había alternativa?

¿Hizo bien? Honestamente pienso que no.

Una vez hace tiempo, alguien que como secretario de Estado supo expresar descarnadamente el contenido imperialista de la política exterior de los EEUU, me refiero a Foster Dulles, respondió así al representante de algún país, que en su argumentación apeló a  su condición de amigo de los EEUU: “- Déjeme decir algo, - aclaró Foster Dulles – nuestra tarea no es ayudar a los amigos. Nuestra tarea es defender los intereses de los EEUU”. Así fue en los albores del expansionismo americano, y así es hasta nuestros días.  

EEUU no tiene amigos, y lo que considera sus intereses cubren el planeta. No conoce otras fronteras que las propias.

Siento que resulta obvio e innecesario argumentar al respecto. Nos consideraron por tanto tiempo su patio trasero, sofocaron o ayudaron a sofocar durante tanto tiempo tantos intentos de nuestros pueblos por ejercer libremente y en democracia sus derechos a la autodeterminación, que hasta por pura prudencia es aconsejable no solicitar su protección, no hablemos ya de razones doctrinarias o ideológicas.

¿No quedaba otra?  Si, quedaba. Permítanme relatar algo personal. Tengo un hermano que vive hace muchos años en Europa, más precisamente en Praga, esa hermosa capital de la ex República Socialista de Checoslovaquia, hoy República Checa. Recuerdo un comentario que me hizo en aquel momento acerca de la soledad del Uruguay, de su aislamiento en relación a su conflicto con Argentina, y me observó que Uruguay, más allá de ser un pequeño país, no hacía nada por hacerse oír, por difundir su verdad. Faltó por el mundo la presencia de sus figuras más representativas, sus líderes políticos, sus intelectuales, sus personalidades del ámbito social, cultural, eso que hoy llamamos embajadores itinerantes, capaces de abrir espacios y generar ámbitos que permitieran compensar nuestra pequeñez y nuestra debilidad.

Es verdad, deberíamos haberlo intentado, no supimos difundir  nuestras razones. ¿Quién sabe? Tal vez esa pudo haber sido una alternativa. Seguramente hubieran surgido amigos más fiables, o por lo menos pudieran haberse abierto espacios que habilitaran una solución negociada del conflicto.

Pero bueno, es como apostar ganador con el diario del lunes. Valga, en todo caso, como experiencia.

Eso sí,  creo que en relación a los lineamientos programáticos de nuestro eventual 3º período de gobierno, sería importante dejar establecida una  política clara en nuestro relacionamiento con los EEUU, basada en los principios de la no intervención y de la autodeterminación de las naciones, pero eso sí, privilegiando el ámbito latinoamericano para el desarrollo de una política de amistad y de asociación. No sea cosa que un día tengamos que lamentar, como los mexicanos, estar tan lejos de Dios y tan cerca de los EEUU.

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