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¿POR QUÉ NO TE VAS, ELEUTERIO? Por Daniel Feldman

publicado a la‎(s)‎ 16 mar. 2012 9:42 por Semanario Voces
 

 

Nada más alejado de mi intención que emular al rey Juan Carlos dirigiéndose al presidente Chávez. No puedo pedirle al ministro Eleuterio Fernández Huidobro que se calle la boca; sería un ataque a la libertad de expresión (aunque a veces hay expresiones que dan ganas de atacarlas). Pero sí puedo, ya no como votante del Frente Amplio y por lo tanto co responsable de este gobierno sino fundamentalmente como ciudadano, pedirle al señor ministro que se vaya.

 

Mi capacidad de asombro ya está colmada, hace bastante, por los desbordes orales de más de un integrante del gobierno. Si sólo fueran desbordes orales la cosa podría quedar ahí, pero creo que ellos preceden o proceden de y a ciertas concepciones, no sólo de interpretación de la historia, sino también de re escribirla y, lo que es peor aún, al intento de diseñar un futuro donde el “me importan un pito los demás” parece ser el leit motiv de muchos.

La semana pasada el presidente Mujica hacía referencia a que el acto del 21 de marzo donde el Estado asumirá su responsabilidad en el caso de María Claudia Irureta Goyena de Gelman es una “obligación jurídica” respecto al mismo. Hablando claro, lo hago porque estoy obligado, no porque estoy convencido.

Recientemente, el ministro Fernández declaró que "Mi valoración personal es que desde que se tomó conocimiento de las características del crimen de la familia Gelman eso fue repudiado porque tuvo un componente de iniciativas personales, hubo plata de por medio y eso quien conozca a las Fuerzas Armadas, sabe que es inaceptable. Una cosa es la disciplina militar y otra es el relajo y otra es hacer las cosas persiguiendo fines económicos".

¿A qué Fuerzas Armadas se refiere el señor ministro? ¿A las que en 1973, junto a civiles encabezados por Bordaberry avasallaron la democracia y sembraron el terror? Eso no es relajo. Claro que no, relajo es el que pueden armar los gurises en la escuela o el liceo; eso fue terror. No en vano existe el concepto de terrorismo de Estado.

¿Es inaceptable que haya habido plata de por medio? Evidentemente el señor ministro conoce mucho más que yo a las Fuerzas Armadas. La dictadura no fue por plata; no, un día militares y Tupamaros se pusieron a jugar a la guerrita, el juego terminó y los que ganaron decidieron seguir jugando, pero no por plata, por jugar nomás, como agregándole unos minutos más al recreo y antes que la maestra se de cuenta. Claro, a veces se cometió algún exceso ¿viste? Se le fue la mano a alguno; dos o tres, o tres o cuatro o cinco, o mil. No importa,  no fue por plata, tampoco por relajo, tampoco por fascismo; no, fue por disciplina. Y tengámoslo claro, una cosa es la disciplina y otra el relajo (Eleuterio dixit). Quien conozca a las Fuerzas Armadas lo sabe.

Releo lo que escribí hasta el momento y me pregunto si vale la pena seguir haciéndolo. Sólo con leer las declaraciones del ministro ya serían suficiente invocación a la náusea. No le hace bien al país y tampoco le hace bien a las actuales Fuerzas Armadas, que deberían desprenderse de sus lacras.

Pero la historia muchas veces (la mayoría) no es como uno quiere. Hoy existe una pretensión de establecer una historia oficial que habla de demonios enfrentados y redimidos, de hombres auto titulados robines hoodes que armas en la mano combatían trinchera a trinchera contra la dictadura (¿?) y que en andas de los códigos de combatientes hollywoodenses se estrechan las manos con los enemigos porque el único valor que reconocen es el tiroteo, el honor (¿cuál honor?) y vaya a saber qué otras cosas conversadas en algún cuartel.  En fin, para mí, que no sé nada de las Fuerzas Armadas, un verdadero falsario de la historia.

Nunca se me ocurriría ser militar, no porque tenga algo especial en contra, es una simple cuestión de vocación. No me molestan los militares (los honestos, como los hay muchísimos, como en todas las profesiones). Sí me molestan los militares frustrados y más aún cuando llegan a ministro.

Entonces, volviendo al título, señor Ministro, humildemente le digo que me haría feliz si se va.

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