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¿QUÉ ES SER “DE IZQUIERDA” HOY? Por Hoenir Sarthou

publicado a la‎(s)‎ 5 sept. 2011 7:03 por Semanario Voces
 

 

 

 

 

¿A que nos referimos cuando decimos “Izquierda”? ¿Qué significa ser “de izquierda”, cuando el socialismo, que medio mundo creyó construir durante setenta años, se derrumbó sobre sus propios cimientos, carcomido por la corrupción, la ineficiencia y el autoritarismo?  ¿Qué es el “izquierdismo”, en tiempos en que nadie cree ya en  la estatización ni en la planificación de la economía, cuando los obreros industriales, supuesto motor de la revolución, se reducen cada vez más en número y pesan cada vez menos en la economía, cuando el capital se transnacionaliza y tiene a su servicio, cada vez más, a la ciencia, a la técnica e incluso al pensamiento social?

 

 

Norberto Bobbio, el célebre filósofo y jurista italiano, intentó definir a la izquierda, ante todo, por su actitud respecto al valor “igualdad”. Para él, la izquierda se caracteriza por propender siempre a la igualdad, al grado que, para ello, sus expresiones más radicales pueden estar dispuestas incluso a sacrificar el valor “libertad”. La derecha, en cambio, según Bobbio, desconfía de la igualdad, tanto teórica como visceralmente.

Seguramente la definición de Bobbio sea buena, así, en abstracto, para deslindar a grandes rasgos entre derecha e izquierda. Sin embargo, en la práctica, sobre todo ante los problemas que plantea la actual etapa del desarrollo capitalista, nos deja sin respuestas. ¿Acaso el reparto igualitario de las riquezas generadas por un modelo productivo destructor de la naturaleza sería “de izquierda”? ¿Son “de  izquierda” los millonarios europeos y norteamericanos que exigen a los políticos que les cobren más impuestos para afrontar la crisis? ¿Sería “de izquierda” un sistema en que todas las personas tuvieran sus necesidades cubiertas al precio de delegar el poder de decisión en una corporación empresarial, en un líder carismático, o en un  aparato político autoritario?

¿Cuáles son los grandes propósitos, los grandes ejes temáticos que han movido y mueven a las fuerzas políticas que se autodefinen como “de izquierda”?

Si nos atenemos al caso uruguayo, y específicamente al conglomerado de clases sociales, ideologías y organizaciones políticas que se expresan desde hace cuarenta años en el Frente Amplio, podríamos decir que tiene, o ha tenido, tres grandes papeles o propósitos históricos.

 

SINDICATO DE POBRES

El más antiguo y primario es el de actuar como expresión política y organizativa de los sectores más desfavorecidos de la sociedad. Desde los remotos orígenes, cuando la izquierda era más que nada una expresión sindical, asumió la función de representar y defender los intereses de los sectores populares, que en esa época eran ante todo los obreros. Aumentos de salarios, limitación de la jornada de trabajo, sistemas de previsión social y mecanismos mutuales de atención médica eran las reivindicaciones principales, con las que la izquierda fue adquiriendo corporeidad. Con el tiempo se fueron sumando otras aspiraciones y otros sectores sociales también desfavorecidos. A los intereses de los obreros se sumaron los de quienes viven casi al margen del sistema económico y social, los habitantes de  los cantegriles, los desocupados, los pobres, los expulsados del sistema. Luego se incorporaron las organizaciones de mujeres, excluidas o postergadas por las formas patriarcales de organización social. Más adelante las minorías raciales, las minorías sexuales, los discapacitados, los artistas y bohemos y todos los que de alguna manera se sienten oprimidos o postergados por las formas dominantes de organización social.

 

LA PROFECÍA

En paralelo con esa función de “sindicato de los pobres y excluidos”, la izquierda uruguaya, influida probablemente por su veta marxista, asumió también muy hondamente la función profética. El mundo socialista del futuro, ese mundo de abundancia en el que cada uno recibiría “según su trabajo”, o incluso “según sus necesidades”, ese mundo en el que la explotación capitalista habría desaparecido y la economía estaría a servicio de toda la sociedad, no era una aspiración romántica de idealistas trasnochados sino una necesidad científicamente demostrable, fruto del ineluctable desarrollo de las fuerzas productivas. La izquierda, entonces, era la abanderada del futuro. Su triunfo era inevitable, porque estaba empujada por los viento de la historia. En el proceso podría haber derrotas, represión, muerte, tortura, pero el futuro era luminoso e inevitable. La historia del Frente Amplio –como la de muchas organizaciones de izquierda en el mundo- no puede explicarse plenamente sin ese fenómeno de fe. ¿Cómo habría soportado tantas décadas de derrota e insignificancia política sin esa confianza en la profecía? ¿Cómo habría soportado el arrasamiento a que la sometió la dictadura durante once años si no hubiera creído que el capitalismo estaba históricamente condenado y en que el futuro inevitablemente le pertenecía al socialismo? A la vez, ¿no es una pretensión loca la de asignarse el papel profético de agente conciente de la historia?

 

M´HIJO EL DOTOR

Pero hay, desde hace mucho, un tercer proceso en el seno de la izquierda.

Como amplio frente policlasista que es, la izquierda uruguaya ha sido y es el vehículo político de una clase media con pretensiones de ilustración y con más aspiraciones que recursos. ¿De qué forma esa clase media, con formación universitaria pero sin herencia ni fortuna, podía disputar el poder político a los estancieros blancos y a los abogados empresariales colorados, de qué forma podía adquirir prestigio intelectual?

Obviamente, convirtiéndose en militante universitario y luego en intelectual o dirigente político de izquierda. No por casualidad la Universidad fue casi desde siempre un feudo de la izquierda.

El fenómeno no es del todo nuevo. Ya el batllismo, en distintas épocas, había reclutado a jóvenes universitarios de clase media y media baja para un proyecto democratizador y distributivo. Claro que, con los años, el gustito del poder fue mellándoles a esos jóvenes sus ímpetus de solidaridad con los pobres y los acostumbró a la vida palaciega. Por eso, ya a mediados del Siglo XX, el Partido Colorado y el batllismo no eran la vía para jóvenes ilustrados, ambiciosos, honestos  y con sensibilidad social. Pero estaba la izquierda, y poco después el Frente Amplio. 

 

ENTONCES LLEGARON TABARÉ Y EL PEPE

Tras más de treinta años de vida dura e intensa, el Frente Amplio llega al gobierno en momentos ideológicamente difíciles. Caído el modelo soviético de socialismo real, con la Revolución Cubana sobreviviéndose a sí misma y la China derivando rápidamente hacia el capitalismo, con el capitalismo global avanzando a pasos agigantados y estrenando nuevas formas de apropiación y explotación del mundo, las cosas no eran fáciles. Y siguen sin serlo.

Ya en el gobierno, la izquierda uruguaya se ve obligada a redefinir su papel histórico. ¿Debe ser la expresión política de los pobres y excluidos del sistema? ¿Sigue siendo el instrumento de la utopía social profetizada por los teóricos del marxismo? ¿O es el vehículo político de un estamento tecnocrático de clase media, interesado en acceder al manejo del Estado?  En cualquier caso, ¿cómo se plantará ante los desafíos que le presentan la realidad nacional y la situación mundial?

Continuaremos la semana próxima. 

         

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