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¿Qué es ser de izquierda, hoy? Por Roque Faraone

publicado a la‎(s)‎ 8 feb. 2013 8:27 por Semanario Voces
 
Durante varios meses, se trataron de señalar problemas sociales frente a los cuales el lenguaje aceptado comúnmente define qué es izquierda y qué es derecha.

 

Y  se  comenzó por nuestro país, advirtiendo que los dirigentes del Frente Amplio suelen hablar de la “izquierda” refiriéndose a este movimiento y que uno de los dirigentes del Partido Nacional calificó de “derecha” a la otra tendencia de ese partido, tendencia que, a través de su principal líder, rechazó esa calificación, sosteniendo que era “nacionalista”.

Con este punto de partida, concluíamos que entre nosotros, ahora, “izquierda” tiene más prestigio que “derecha”. Pero este no es el caso en otros países. 

Buscamos el origen internacional de estas expresiones, que se remontan a la Revolución Francesa, pero no cabe duda que el contenido de la expresión “izquierda” fue cambiando muchísimo desde entonces. Por ejemplo, en la Revolución de 1848 en Francia, se hablaba de instalar el “sufragio universal” (para superar el voto censitario aún vigente) pero eso significaba, entre los revolucionarios, sin duda izquierdistas, que votaran sólo los hombres, puesto que aún no habían aparecido las sufragistas inglesas, que fueron las primeras en reclamar el voto femenino, a fines del siglo XIX. Hasta en el lenguaje, entonces, subsistían, dentro de la “izquierda” conceptos que ahora consideramos claramente de derecha.

 

 Primera comprobación     

 

El concepto no sólo no es estático, sino que, indudablemente, ha sido aceptado con referencia al estado contemporáneo de los problemas sociales. Una cosa era la izquierda en 1789, otra cosa en 1848 (en un mismo país) y así sucesivamente. Hoy no es la acumulación de todo lo anterior, sino la respuesta a la problemática actual, que  consideramos injusta o irracional. Respuesta inspirada en el racionalismo (universal) aplicado a las realidades (nacionales).

También fuimos observando que fueron apareciendo nuevas notas características a medida que aparecían nuevos problemas. Volviendo al mismo ejemplo de la igualdad entre hombres y mujeres, en muchas sociedades occidentales la incorporación de la mujer al mercado de trabajo urbano condujo a modificaciones en la legislación sobre el matrimonio y en general al surgimiento de algunas garantías tendientes a modificar su dependencia tradicional.

 

Segunda comprobación

 

No sólo frente a cambios en la sociedad humana, sino también frente a la explotación de la naturaleza, la izquierda se fue transformando. En un primer momento surgieron movimientos ecologistas, concentrados en la reflexión de que la acción del hombre estaba destruyendo irracionalmente recursos naturales y alterando así los equilibrios biológicos.

Al cabo de cierto tiempo, se fue produciendo un acercamiento, una confluencia entre lo que era la izquierda tradicional y los nuevos movimientos, para articular lo que ahora se denomina “desarrollo sostenible”, (concepto en el que no se posterga el reclamo de justicia social), con  lo que aparecieron especies de “frentes”, con alianzas más  o menos estructuradas, según cada país, entre izquierda y ecologismo.

 

Tercera comprobación

 

El pensamiento teórico, heredero del racionalismo científico que ilumina y cobija a todas las ciencias sociales, había acuñado un rasgo definitorio, aplicable a estas últimas, para distinguir lo que podríamos llamar, el grano de la paja. “El problema no consiste en interpretar el mundo, sino en transformarlo”. Este slogan procuraba reaccionar contra una noción surgida en las ciencias exactas y naturales, correctísima en estas últimas. La noción de “ciencias puras”, de “ciencias básicas”, y la postulación del conocimiento desinteresado, sin propósitos utilitarios, al menos inmediatos. En las ciencias sociales se advirtió tempranamente la función ideologizadora de este principio. En cada una de las ciencias sociales las tendencias predominantes aplicaban y siguen aplicando principios  importados de las ciencias naturales que consideran el “objeto” de su estudio – las sociedades humanas -  como si se tratara de un objeto que pudiera ser observado y estudiado con prescindencia de informaciones y de estudios elaborados por algunos integrantes de la misma sociedad estudiada, (a la vez sujetos y objetos) como si el aparato del Estado, (proveedor de la mayor parte de las estadísticas), no fuera un condicionante de esa “objetividad”, como si no existiera una ideología (falsa imagen de la realidad) que condiciona la percepción de la realidad social.    

Sólo un ejemplo local basta para ilustrar lo que antecede. ¿Por qué se ha creado entre   nosotros una Red de economistas de izquierda?

 

Cuarta comprobación

 

Bien desde los comienzos, izquierda significó no sólo “partidarios de cambios sociales”, sino también “quienes actúan” a favor de cambios sociales. En el aparato del Estado o en otras instituciones. Así se distingue, por ejemplo, entre quienes votan por una fuerza política de izquierda y quienes apoyan, financian u organizan esa fuerza. Sólo todos estos últimos, puede decirse que son de izquierda. Parecería que la voluntad más o menos persistente de cambios solidarios ¿o de cambios racionales? expresada además en algunas acciones objetivas, es lo que consideramos ser de izquierda. No ser sólo espectador, sino actor.

 

Quinta comprobación

 

Dado que, en el terreno de la acción política los hombres y las mujeres se agrupan en partidos políticos para incidir en el gobierno (cuando se trata de regímenes de liberalismo político) esos agrupamientos se producen por motivos muy diversos. A veces predomina la existencia de programas con definiciones más o menos precisas de objetivos transformadores de la realidad; a veces predomina la tradición (grupos enfrentados antaño en guerras civiles que se perpetúan luego en los enfrentamientos electorales y parlamentarios); a veces predominan los liderazgos carismáticos, o las tradiciones monárquicas, etc. Y puede haber combinaciones de estas motivaciones. Entonces, por lo dicho anteriormente, para que un partido político pueda ser considerado de izquierda, es preciso, como requisito previo, que tenga una definición programática con este carácter. Pero esto no es suficiente. Tiene que haber, además, participación de los integrantes de ese partido en la confrontación colectiva de la acción de ese partido. De otro modo puede darse el caso de un programa de izquierda y una conducción de centro-izquierda, por ejemplo, y en algunos casos hasta con acciones circunstanciales francamente de derecha. Entre nosotros, se mencionó en su oportunidad el veto a la ley de despenalización del aborto, realizado por un presidente de la República contra una ley que fue auspiciada por su partido, contra la derecha parlamentaria. Difícil mejor ejemplo.

 

Sexta comprobación

 

La riqueza y complejidad de la vida contemporánea reclama que un partido de izquierda tenga estructuras organizadas, publicaciones y otros medios de comunicación, formación sistemática de afiliados, etc. Son todos instrumentos para asegurar con su presencia la reducción de los factores emocionales de cohesión partidaria y aumenten el grado de adhesión racional y de adaptación a la siempre cambiante realidad, que obliga al estudio colectivo de los nuevos problemas y posibilita la corrección de rumbos ante incumplimientos  relativos del programa. La ausencia de estos elementos implica, de modo necesario, la adaptación por ósmosis al statu quo, el camino a la derechización. Como ejemplo local podría citarse una reciente apreciación de un senador del Frente Amplio ante un conflicto entre diversos altos jerarcas provenientes de diversos partidos que componen la coalición, quien afirmó que ese asunto debía estar en la agenda del Frente porque, de lo contrario, éste “va a quedar mimetizado con las prácticas políticas tradicionales”.

 

Séptima comprobación

 

El mundo mediatizado de hoy permite fabricar un candidato en seis meses, pero no un liderazgo (prueba viviente lo que ocurre en Brasil). La izquierda, en el mundo, está utilizando los mismos métodos y recursos mediáticos que usa la derecha (y muchas veces con poca crítica), aunque siempre lo hace con desventaja, puesto que los medios, mayoritariamente, apoyan el statu quo socio-económico. Del mismo modo como no hace autocrítica de ese uso, acepta, con fines electorales, fomentar y sostener los liderazgos. Esto conduce a que la difícil y oscura raya que separa el liderazgo de la responsabilidad colectiva, sea traspasada con demasiada frecuencia.

 

Por eso siempre debería recordarse:

1) que los liderazgos no son eternos;

2) que la máxima racionalidad posible se alcanza colectivamente;

3) que mientras perdure en la sociedad humana la irracionalidad y la injusticia habrá siempre izquierda, dentro o fuera de las filas que se autodenominan de izquierda.

 

*Esta nota integrará una futura publicación del autor que es auspiciada por la Fundación Vivian Trías, el CADESIC y la Revista Estudios

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