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¿SEGUIR CON EL PILOTO AUTOMÁTICO? Por Juan Carlos Doyenart

publicado a la‎(s)‎ 13 feb. 2012 4:43 por Semanario Voces
 

 

 

 

¿Cómo se miden los resultados de una gestión de gobierno?  ¿por los resultados de las encuestas en relación con la popularidad del mismo? ¿por las obras realizadas? ¿por la situación económica en cuanto ingresos de la población, empleo, nivel de inversiones, déficit fiscal, nivel de endeudamiento? ¿por el saldo migratorio? Todas estas cosas se deben tener en cuenta y poner en la balanza, no hay dudas al respecto, sin embargo resultan totalmente insuficientes.  Si elaboramos un catálogo de la situación en todos estos ítems, muy bien podemos decir el país está bien, este gobierno funciona. Tasas de desempleo históricamente bajas, niveles de inversión muy altos, record de exportaciones a muy buenos precios, déficit fiscal razonable, al igual que el endeudamiento (aunque ojo), altos niveles de consumo, niveles de pobreza menores, duplicación de la población universitaria, mayor cobertura de salud, tasa migratoria positiva y libertades plenas. En síntesis bonanza económica que ya llega a 8 años y que promete seguir aunque con crecimientos menores. ¿Quién puede estar desconforme con este gobierno o con el anterior? Sin embargo, de acuerdo a las encuestas de opinión, los uruguayos no están conformes, aunque tampoco son altos los niveles de disconformidad y el presidente Mujica muestra un apoyo mayor al 40% luego de sus dos primeros años de gobierno. Poco en relación con las expectativas generadas al iniciar su mandato (74%) pero un resultado no tan malo con las cartas sobre la mesa. Claro, que alguien puede decir Vázquez se retira con el 60% y Lula con el 80%, cierto pero muchas veces estas comparaciones no son las mejores para evaluar al gobierno.

Yo diría, que para evaluar se deben tener en cuenta dos cosas, con qué recursos y posibilidades se cuenta y que se ha hecho o qué se está proyectando. Un gobierno con pocos recursos y posibilidades limitadas puede hacer poco, menos aún el gobierno que debe afrontar una situación internacional totalmente adversa, pero si vivimos una coyuntura como la actual, con una duración de 8 años,  la evaluación debe ser más rigurosa, más si consideramos que se cuenta con mayorías parlamentarias y con un movimiento sindical “amigo”. Según los círculos más cercanos al presidente, este gobierno muestra logros importantes, como el mejoramiento de las relaciones con Argentina, la patente única y ventanilla única para el ingreso a la administración pública. ¡Uff! Estos sí que son grandes logros y no lo digo yo, lo dice el gobierno (Diego Cánepa, Búsqueda Nº 1648). En realidad si esto es lo que se tiene para mostrar, mejor no decir nada y menos hablar de que se están “sentado las bases del Uruguay del siglo XXI”, como el Batllismo fundó las bases del siglo XX. No sólo que estos “logros” son muy raquíticos sino que son muy dudosos. Hoy hablar que se han mejorado las relaciones con Argentina resulta altamente equivoco y si se habla de los cortes de los puentes ello se lo debemos más a la Corte de la Haya que a otra cosa. La patente única, mientras dure, se logró con plata de los contribuyentes que seguimos financiando la monumental ineficacia de la IMM y la ventanilla única resulta casi un chiste en una estructura estatal que se cae a pedazos y es cada vez más onerosa. En 8 años de bonanza económica con un estado que recibió mucho dinero (y sigue recibiendo) los cambios introducidos han sido básicamente viejas reivindicaciones sindicales, como los consejos de salarios y la extensión de la ocupación como derecho sindical, una reforma impositiva más distributiva pero que no cambia sustancialmente la situación anterior, una trasferencia de recursos hacia los sectores más desfavorecidos que no cambia la nueva problemática de la pobreza, un plan ceibal sin bases educativas que principalmente satisface el ego de un presidente y, ahora, un impuesto a la tierra que desde el propio equipo económico se lo ve como negativo. Disculpen, pobrísimo. Tan pobre, que históricamente esta etapa no se recordara como la era progresista sino como la era perdida.

En realidad, Uruguay es un país que puede funcionar con piloto automático, alcanza que los vientos nos sean favorables y que a nadie se le ocurra hacer grandes macanas. Con una conducción económica seria, como ha tenido el país en los últimos 8 años, sin rupturas, controlando las principales variables de la macroeconomía como recomienda el capitalismo internacional, las cosas marchan, claro hasta que los vientos cambian. Uruguay es un país totalmente vulnerable, no por su pequeñez territorial, sino por su estructura productiva y por la falta de ideas, a lo cual se le suma un enorme problema de gestión. Dice Cánepa: “liderazgo, proyecto y equipo”, nada de eso existe, justo en el momento que contamos con más recursos y `posibilidades. El 70% de nuestras exportaciones vienen del sector primario y casi todas las inversiones importantes van hacia allí. Todo ello en un marco internacional donde los productos generados en el agro cuentan con buenos mercados y muy buenos precios, pero ¿cuándo ello cambie, cómo quedamos? ¿Qué hace el gobierno para aprovechar la coyuntura y transformar (o comenzar a transformar) el país, para realmente sentar las bases del Uruguay del siglo XXI? Nada. El 54% de nuestras carretearas son intransitables, en el momento que existe más movimiento de transporte de carga  sean granos o madera. Del tren, sólo palabras, nada. De la segunda playa de contenedores del puerto de Montevideo, nada. Del puerto transoceánico, nada, de la reforma del estado, la ventanilla única, del cambio de matriz energética, cero, de una audaz y estructurada política de inserción internacional más amplia y consistente, nada, sólo hablamos con Argentina y no nos va bien, de la diversificación productiva, gracias, de la educación, en retroceso. La discusión sobre si estamos o no blindados, es una gran estupidez, nunca se está blindado (aunque no sé que supone realmente este término) lo que importa es si se tiene un país capaz o no de enfrentar los vientos adversos y de sacarle provecho a los favorables. No pasa por las reservas que tengamos, pasa por cómo invertimos cuando se tienen los recursos y se cuenta con la credibilidad internacional.

Quizás Mujica, desde su chacra, está muy conforme con este país 100% agroexportador, yo no. Sueño con vivir en un país menos vulnerable, que siembre y sepa cosechar, no sólo granos y madera, que se transforme en un país que además de exportar productos del agro, sea exportador de conocimiento, de servicios, que hacia allí va el mundo y allí están los mercados estables.   Tenemos las posibilidades y el potencial, claro que no podemos quedarnos 7 meses discutiendo si el presidente del Codicen tiene o no doble voto, ¡por favor! mejoremos radicalmente la calidad de nuestro análisis de las cosas, discutamos sobre que sistema educativo necesitamos para la primera mitad de este siglo (que ya lleva más de una década) porque el actual no admite mejoras, simplemente caducó. Rompamos con todos esos corporativismos, grandes inhibidores del desarrollo y no sigamos engordándolos, terminemos con las chacritas que existen en el gobierno y la oposición, chacritas para cultivar miserias, no sigamos más con esos acuerdos interpartidarios llenos de grandes enunciados que terminan en un documento olvidado 5 minutos después. ¿Qué hacer en 2012? Muy simple, sentar las bases del Uruguay del siglo XXI, muy diferente al actual, donde hablamos de grandes proyectos que llevan su tiempo pero que algún día hay que encararlos. Empiecen por donde quieran, hay mil cosas para hacer, pendientes hace mucho tiempo, pero que se hagan y hagan pensando en el 2050, donde quien sea el presidente ya está en esa trituradora de secundaria.

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