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2012: ¿UN MUNDO SIN MODELO? Por Hoenir Sarthou

publicado a la‎(s)‎ 26 dic. 2011 15:11 por Semanario Voces

El año termina dejándonos en las retinas cosas que hasta hace poco parecían casi imposibles.

Estados Unidos y Europa, el corazón del capitalismo desarrollado, el centro del mundo, la crema de la crema de la sociedad internacional, están envueltos en una crisis de las que hacía mucho no se veían. Millones de desocupados, recortes a las políticas sociales, manifestaciones de indignados, y los Estado –sí, los Estados, esa mala palabra para la soberbia neoliberal- gastando fortunas enormes para salvar a un sistema financiero que se ha vuelto un insaciable barril sin fondo.

¿Qué fue de la confianza en la libre iniciativa privada? ¿Dónde están los sabihondos economistas que predicaban la desregulación y la no intervención del Estado, esos que nos daban clases y consejos a los países “en vías de desarrollo”? ¿Y qué dirán ahora los sabihondos locales, los que nos presentaban a ese modelo como modelo a copiar, como paradigma “del progreso” y “del futuro”?

Este año ha traído también otras cosas tremendas. Nos mostró a las potencias centrales (las mismas que están en crisis) promoviendo guerras, levantamientos y cambios de gobierno en países petroleros. Y a las Naciones Unidas, el supuesto paladín de los derechos humanos, prohijando el derrocamiento por vía militar del gobierno de uno de esos países, Libia, y el linchamiento callejero de su máximo líder.

Para completar el cuadro, el planeta comienza a dar señales de que no podrá soportar por mucho tiempo la carrera loca –encabezada por las economías de EEUU y Europa- de más crecimiento, más consumo, más gasto de energía, más agotamiento de los recursos naturales y más contaminación.

 

MISERIAS  DEL “PROGRESO” Y DEL “FUTURO”

Tal vez todavía cueste asumirlo, porque nos han educado para pensar que “el futuro” y “el progreso” eran eso: más consumo, más riqueza, más bienestar, ilimitadamente, a cualquier costo, siempre más. Pero la realidad es que ese modelo  -que es un modelo económico pero también es una concepción de la vida-  hace agua por todos lados.

Los hechos están demostrando que la explotación incontrolada de la naturaleza y la especulación financiera tienen límites, que no producen riqueza ilimitada y que aparejan costos tremendos, tanto para los seres humanos como para el equilibrio ecológico del planeta.

En resumen, el “futuro”, el “desarrollo”, esa especie de paraíso de riqueza y bienestar hacia el que, supuestamente, los países pobres debían querer “progresar”, está en entredicho y amenaza incluso con dejar de existir.  

Claro que, en lugar de reconocer su crisis, el sistema trata de hacerles pagar los costos a los más débiles.

Primero fueron las desventajosas relaciones comerciales, por las que los países ricos venden caro y compran barato. Por eso el credo del libre comercio, que impide a los países pobres proteger sus productos mientras que los países ricos –los mismos que predican el libre comercio- protegen los suyos.

Después vino la fiebre de la “propiedad intelectual”, para patentar conocimientos y técnicas, y cobrar, ya no por objetos, sino por ideas.

Luego, justo antes de la crisis, los EEUU y Europa lanzaron guerras y operativos políticos que aumentan su control sobre países poseedores de petróleo, es decir sobre su provisión de energía  Cientos de  miles de víctimas son el costo de esas políticas, en las que se involucraron las Naciones Unidas y el discurso de los derechos humanos, penosamente al servicio de los poderosos del mundo.

Por último, ya en plena crisis, viene la histeria del control de activos y las listas negras y grises de la OCDE, por la que países como Uruguay tienen que actuar de “buchones”, denunciando a los evasores de impuestos de los países centrales.

Para terminar, el sistema sacrifica a sus propios pobres. Programas de ajuste, supresión de políticas sociales, pérdida de empleos, son la receta extrema por la que los trabajadores, los jubilados y los desocupados de Europa y de EEUU pagarán la fiesta de la especulación financiera desbocada y las crisis del dólar y el euro.

 

¿Y POR CASA?

Me lo han comentado varios comerciantes y taximetristas: no hay clima de fiesta. A pocas horas de navidad, circula poca gente por la calle en la noche. No hay esa fiebre de publicidad, festejo y compras de otros años. ¿Precaución? ¿Mal augurio?

Aunque la crisis económica aun no nos ha pegado, es difícil chiflar en la oscuridad y dar por sentado que nada de lo que está pasando en el mundo nos va a afectar. ¿Será eso lo que modera la alegría y el gasto? Es difícil decirlo. Pero es evidente que no hay la alegría ni el optimismo de otros años.

Lo cierto es que hasta el más optimista debe reconocer que ya no es tan fácil mirar la forma de vida de europeos y norteamericanos como una meta deseable. Ya no es claro que imitar su nivel de consumo y sus políticas conduzca al desarrollo y al bienestar. Más bien puede ser un camino hacia la bancarrota.

¿Qué hacer, entonces? ¿Hacia dónde mirar?

Nadie se confunda. No estoy diciendo que siglos de acumulación de riqueza desaparecerán como por encanto y que Europa y los EEUU caerán en la pobreza. Lo que digo es que el mundo no parece ofrecer la posibilidad de que millones y millones de chinos, hindúes, africanos y latinoamericanos alcancemos las pautas de consumo del capitalismo desarrollado. No toda la población del mundo podrá tener dos automóviles, varias computadoras, la última tecnología en electrodomésticos, agua y energía baratas e ilimitadas, ni derrochar comida.

Tal vez sea necesario mirar hacia adentro y hacia atrás. Buscar en nuestro propio pasado, en nuestra cultura, otras pautas de vida, menos consumistas pero no necesariamente menos felices.   

Pienso en el Uruguay en el que me crié. En el que nos criamos muchos. Un Uruguay de modesto bienestar, en el que la educación y cierto grado de equidad en la distribución de los recursos sustituían con ventaja al derroche de recursos. Y pienso en dos nombres: José Pedro Varela y José Batlle y Ordóñez.

¿Se trata de volver atrás, hacia el Uruguay vareliano y batllista?

No creo. No creo que sea posible ni deseable.

Lo que tal vez valga la pena rescatar es la posibilidad de diseñar políticas pensadas para nuestra forma de vida. Hechas a nuestra imagen y semejanza, y no a la de un modelo que en el fondo siempre nos fue ajeno e inalcanzable.

Tal vez la crisis del modelo hiperconsumista del capitalismo desarrollado tenga eso de bueno. La posibilidad de mirarnos, repensarnos a nosotros mismos y elegir caminos que nos hagan más felices, incluso sin necesidad de ser tan ricos.

Feliz 2012 para todos. 

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