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ADES Y LA DEMOCRACIA Por Hoenir Sarthou

publicado a la‎(s)‎ 16 dic. 2011 8:21 por Semanario Voces
 

 

Una profesora fue expulsada del sindicato de docentes de enseñanza secundaria montevideanos (ADES) por colaborar con el plan “Promejora”, que es promovido por el CODICEN y cuenta con el apoyo político del gobierno y de la oposición.

 

La reacción generada por el hecho fue significativa. Muchas opiniones de izquierda, de centro y de derecha, criticaron la expulsión considerándola un acto de intolerancia y de autoritarismo por parte del sindicato.

Pero, ¿será cierto que un sindicato no puede o no debe expulsar a sus miembros? ¿Admitir el derecho de expulsión significa convalidar las posturas y actuaciones de ADES en el tema “enseñanza”? ¿O son asuntos distintos?

La imagen de ADES está en crisis. La principal razón es el lamentable estado al que ha llegado nuestra enseñanza secundaria (bajo rendimiento, alto índice de deserción, caos administrativo y edilicio). El motivo por el que se le atribuye culpa al sindicato es que éste se ha opuesto y sigue oponiéndose sistemáticamente a todo cambio en el sistema. Es decir, en los hechos, más allá del discurso, se ha opuesto y ha obstruido todo, lo grande y lo chico, lo bueno, lo malo y lo regular, desde el “plan Rama” hasta el “Promejora”, pasando también por cambios modestos pero imprescindibles, como la eliminación o modificación del  régimen de elección de horas (causante en buena medida del modelo de “profesor- taxi”, que deambula cada año por distintos liceos sin afincarse en ninguno).

¿Eso significa que como sindicato no tenga derecho a expulsar a sus integrantes?

Desde una mirada estrictamente democrática, la respuesta a esa pregunta sólo puede ser “no”.

Desde una perspectiva democrática, todo colectivo organizado debe poder sancionar, e incluso expulsar, a aquellos de sus integrantes que incumplan gravemente los reglamentos internos o transgredan -con actos- las decisiones adoptadas por la mayoría. Es básico. ¿De qué otra manera se garantizaría, si no, el respeto a las decisiones mayoritarias? 

¿Eso significa negar la libertad de opinión y el derecho a la discrepancia?

La clave de la respuesta está en la palabra “actos”. Es decir, en un colectivo democrático, uno debe poder discrepar con la mayoría y expresar su discrepancia en los ámbitos deliberativos. Lo que no puede es actuar –realizar hechos- transgrediendo lo resuelto por las mayorías. No, al menos, si quiere seguir integrando el colectivo.

Aplicada al caso concreto de la profesora expulsada, esta noción significa que la expulsión fue legítima. Porque, si es cierto lo que se ha dicho, la profesora no se limitó a defender el plan “Promejora” en una asamblea o en una declaración, sino que colaboró activamente en la implementación del plan que había sido expresamente rechazado por el sindicato en su actual integración.

¿Estoy defendiendo a ADES ?

En absoluto. Es más, creo que la actual actitud y gestión de ADES, preservando los vicios del sistema de enseñanza para defender pequeños privilegios de algunos docentes, es, desde hace tiempo, nefasta para la educación de los gurises uruguayos.

Estoy defendiendo algo mucho más importante que ADES: el principio democrático esencial para la existencia de sindicatos y organizaciones sociales. La idea de que uno debe poder discutir libremente todo, absolutamente todo, pero, a la hora de actuar, debe ceñirse a la decisión de la mayoría. Igual que lo hacemos en el país luego de elegido el gobierno.

Sin embargo (estas cosas aparentemente simples siempre tienen vueltas) es muy probable que la posición y la actitud de ADES, no respecto al “Promejora” sino respecto al sistema educativo, no sean compartidas por la mayor parte de los docentes de secundaria. De hecho, los militantes realmente activos del sindicato son muy pocos. Pero controlan al sindicato porque el resto de los profesores (conozco a unos cuantos) mantiene una explicable, aunque ahora insostenible, lejanía y pasividad.

En otras palabras: aquellos docentes molestos por la expulsión de su colega, más que en repudiar al sindicato, deberían pensar en volver a él.

Ciertos cambios en la enseñanza, sobre todo en secundaria, son imprescindibles (al menos los necesarios para que el sistema vuelva a funcionar). Pueden hacerse “con” o “contra” el sindicato de los docentes. Por muchas razones, sería preferible hacerlos “con” el sindicato. Sería mucho más pacífico y productivo. Además, si los cambios se hacen “contra” el sindicato, la valiosa experiencia de los docentes se desperdiciaría y su situación laboral podría resultar menos contemplada

Muchas cosas son necesarias para restablecer un poco –ya no hablemos de reformarlo- al sistema de enseñanza. Se necesita interés y preocupación por parte de la ciudadanía, voluntad de las autoridades y del sistema político, planes coherentes y también la participación y colaboración de los docentes.

Los profesores de secundaria pueden hacer mucho por el mejoramiento de la enseñanza. Quizá lo primero sería organizarse para volver al sindicato y cambiar democráticamente su orientación.

 

 

 

  

 

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