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AFRODESCENDIENTES: FALSA JUSTICIA SOCIAL Por Hoenir Sarthou

publicado a la‎(s)‎ 18 oct. 2012 8:09 por Semanario Voces

Dos proyectos de ley se proponen disponer “acciones afirmativas” para compensar desigualdades sociales históricas.

Uno de ellos promueve el empleo juvenil, mientras que el otro pretende  compensar el rezago de la población “afrodescendiente” en el acceso al empleo.

 

El primero establece un régimen de cuotas por el que los organismos públicos, en sus llamados para pasantías y becas, deberán reservar el 50% de los puestos para mujeres jóvenes, el 8% para afrodescendientes, el 3% para discapacitados y el 2% para “personas trans” (por “transexuales”).

El otro proyecto contempla sólo a los “afrodescendientes” y establece que el Estado deberá reservar el 8% de sus vacantes laborales para personas de raza negra, que todos los sistemas de becas y apoyos estudiantiles deberán reservar cupos para “afrodescendientes” y que la beca “Carlos Quijano” deberá asignar el 30% de sus fondos a personas “afrodescendientes”; además modifica la llamada “Ley de inversiones”, disponiendo que las empresas privadas recibirán mayores rebajas en los aportes a la seguridad social si contratan a personas de raza negra.

El último proyecto incluye también dos afirmaciones sorprendentes. La primera es que con estas disposiciones se están reparando los perjuicios causados históricamente a los “afrodescendientes” por la trata de esclavos. La segunda es que estas medidas dan cumplimiento al principio constitucional de igualdad.

 

EUFEMISMOS Y “CORRECCIÓN POLÍTICA”

Lo de “acciones afirmativas” es un eufemismo. Detrás de estos proyectos, en realidad, alienta el concepto de “discriminación positiva”, muy ligado a la moda de la “corrección política”..

La “discriminación positiva” es la idea de compensar ciertas desigualdades sociales, sobre todo las muy evidentes y simbólicas, mediante otras desigualdades, igualmente simbólicas, pero de signo opuesto.

¿Cuál es el problema?

No es uno, sino varios.

El primero es que no se corrige un sistema general, haciéndolo más justo, sino que se generan desigualdades puntuales, supuestamente compensatorias, aunque por lo general sólo son estéticamente compensatorias. Veamos por qué.

Si los uruguayos de raza negra acceden a menos puestos de trabajo o a trabajos peor remunerados que los de otras razas no es por casualidad. Es porque su origen (el que sus  bisabuelos hayan sido traídos como esclavos) los situó en un punto de partida social, económico y cultural inferior.

¿Se corrige eso haciendo que algunos uruguayos de raza negra ingresen a cargos públicos o reciban el 30% de los cupos de una beca?

No, claro que no. La verdadera solución es corregir la carencia social, cultural y económica que da origen a la desventaja. Corregirla para todos. No sólo para los que aspiren y logren acceder a un empleo público o a una beca.

El segundo problema es que la “discriminación positiva” rompe el principio de igualdad. La creación de una nueva desigualdad, o un nuevo privilegio (que ser de raza negra haga más fácil acceder a un empleo público), crea automáticamente nuevas discriminaciones negativas. ¿Por qué los indios, o los chinos, o los blancos pobres, con muchas generaciones de pobreza y por eso tan privados de vínculos sociales, cultura y riqueza como los negros, deben estar en inferioridad de condiciones para acceder a un empleo público? ¿Cómo se compensarán esas nuevas discriminaciones? ¿Con otras “discriminaciones positivas”? ¿Hasta cuándo?

El tercer problema es que la “discriminación positiva” corrompe los sistemas en los que se aplica. En este caso, por ejemplo, quiebra el criterio de que los cargos públicos existen para el servicio de la sociedad y no para el beneficio de los funcionarios. Ese criterio, recogido en la Constitución (“el funcionario existe para la función y no la función para el funcionario”), determina que los cargos públicos deben ser asignados a las personas más capaces para la tarea, lo que obviamente nada tiene que ver con el color de su piel, ni con su sexo, ni con su discapacidad física. Cambiar de criterio para la asignación de cargos públicos, como si éstos fueran un premio o un consuelo para los sufrientes, es un error en el que no se ha pensado lo suficiente..

El Estado puede y debe compensar las dificultades de los menos privilegiados por la naturaleza o por la fortuna. Debe hacerlo a través de la educación y, cuando es necesario, mediante la seguridad social, que para eso existe. No debe hacerlo, en cambio, usando a los cargos públicos como dádiva.

.Es también un eufemismo muy infeliz hablar de “afrodescendientes” para referirse a las personas de raza negra. Porque no todos los pobladores originarios de África son negros (basta pensar en los árabes) y porque muchos africanos, que llevan muchas generaciones naciendo en África, son rubios y de ojos celestes, como los sudafricanos blancos que impusieron durante tanto tiempo el apartheid. Pero, que la “corrección política” recurra a eufemismos para enunciar la realidad es lógico, en la medida en que no se propone hacer justicia, sino crear una apariencia estética de justicia.

 

LA JUSTICIA SOCIAL EN SERIO

La izquierda uruguaya, que ha promovido desde hace años esta clase de “discriminación positiva”, debería preguntarse seriamente qué entiende por “justicia social”

¿La justicia social es una acumulación de pequeños privilegios focalizados? ¿Es la concesión de cargos electivos a mujeres que quieran ocuparlos, o el otorgamiento de empleos públicos a los uruguayos de raza negra que los reclamen?

¿O es la creación de un sistema general que iguale las posibilidades de mujeres y hombres, negros y blancos, heterosexuales y homosexuales?

Las causas principales de la desigualdad social siguen siendo la pobreza y la ignorancia. Si uno tiene una estancia y un postgrado de Harvard, no importa ser hombre o mujer, blanco o negro, homosexual o heterosexual. Estará siempre infinitamente mejor y será mejor considerado que el resto de la gente que no cuenta con esas ventajas.

Por eso, un gobierno de izquierda no debería proponerse otorgar ventajas a algunos para compensar las injusticias sociales que padecen. Porque su razón de ser, aquella para la que lo elegimos, es eliminar las injusticias sociales.

Sin embargo, desde todo punto de vista, es mucho más fácil y barato otorgar empleos públicos y escaños parlamentarios a unos pocos que modificar el sistema educativo y el sistema económico para corregir las desigualdades de origen, para poner a todos en situación de mayor igualdad.

Lo que molesta e irrita es que esta clase de medidas engañan el ojo. Hacen creer que se está creando equidad y justicia social, cuando en verdad se está maquillando la realidad, disimulando la injusticia estructural con pequeños y baratos privilegios otorgados a unos pocos de los perjudicados por la injusticia.

Lo peor es que en ese proceso se corrompen cosas muy caras, como los principios mismos de igualdad y de justicia social.            

 

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