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AGENDA SETTING: El secreto de la profesionalización por Marcel Lhermitte

publicado a la‎(s)‎ 22 jul. 2016 14:57 por Semanario Voces

El año que viene se van a cumplir veinte años de que conocí a Marcelo, un amigo chileno. Fue en Perú, precisamente en Lima, en el transcurso de un congreso de estudiantes de Ciencias de la Comunicación. Luego de varias asambleas, de discusiones y alguna que otra cerveza nocturna que servía para aliviar tensiones, fuimos trazando una amistad.

Eran tiempos en donde el internet no era accesible, no existía Facebook, Whatsapp, ni Twitter, y los celulares –los modelos denominados ladrillos, debido a su dimensión– eran para algunos pocos. La comunicación era a través del Correo Nacional generalmente, que no era muy efectivo en ese entonces.

Seguramente por eso fue que pasaron los años y poco más supimos uno del otro, hasta que un buen día, y a través de las redes sociales, me llegó una solicitud de amistad. Luego, motivado por la posibilidad de volver a encontrarse con sus amigos orientales, no demoró mucho tiempo más en cruzar la cordillera para llegar a Montevideo, nuevamente.

Fue en el transcurso del gobierno de José Mujica. Nos encontramos en los alrededores de la plaza del Entrevero. Marcelo llegó acompañado de su mujer y de su hija, que aún no llegaba al año de edad. Primero fue el turno de las presentaciones, luego el de los recuerdos de antaño y finalmente del presente profesional.

Las casualidades del destino nos deparaba una nueva sorpresa, ahora también coincidíamos en la profesión elegida: asesores en comunicación política.

Marcelo es un tipo de izquierda, socialista, admirador de Salvador Allende y asesor de la hija del exmandatario trasandino, Isabel Allende. “No soy el que hace el comunicado, hay un equipo de trabajo que atiende esa labor”, me dijo orgulloso y respetuoso de cada una de las tareas que tenían asignadas los trabajadores.

Para mi sorpresa, la senadora chilena trabajaba con un asesor en comunicación política en exclusividad para ella, y además apostaba a una profesionalización en esta materia. La bancada contaba con otros profesionales, incluso. Lejos estábamos en ese entonces en la izquierda uruguaya de apostar a un proyecto comunicacional de ese tipo. ¿En ese entonces?

Los profesionales

En Uruguay no existe una carrera de comunicación política, ni tampoco una ramificación de esta área en las licenciaturas de Ciencias de la Comunicación –sí existe una maestría–. Esto lleva a que exista desconocimiento en la materia, inexperiencia y falta de profesionales capacitados, problema que se ve incrementado aún más cuando periodistas, publicistas o comunicadores institucionales comienzan a trabajar en asesoramientos sin tener los conocimientos requeridos.

El ingreso de esta serie de profesionales –generalmente muy buenos en sus áreas de competencia original– también mina el terreno, ya que ante los reiterados errores al implementar estrategias de comunicación política que desconocen los fracasos se acumulan y quienes apostaron a esto comienzan a descreer.

Pero no todos son profesionales de otras ramas devenidos en comunicadores políticos, sino que también están los hacedores de propaganda, aquellos que trabajan en esta área en los distintos grupos políticos desde hace muchos años, generalmente con mucho conocimiento ganado en base al trabajo diario, y habitualmente con la condición de portar cierto recelo hacia los que llegan desde el mundo universitario.

Un ejemplo muy gráfico de esto es la Unidad de Comunicación del Frente Amplio, creada en el transcurso del primer gobierno nacional del Frente Amplio, cuando la fuerza política era presidida por Jorge Brovetto. En ese entonces la coalición de izquierda decidió hacer una reestructura, creó una Unidad encargada de gestionar la comunicación del partido, pero… pero paralelamente quedó instalada y trabajando el área de Propaganda.

Esa insólita situación se mantiene hasta hoy en día. Propaganda, integrada por veteranos de mil batallas cuyos conocimientos no deben perderse, se reúne los viernes. Trabajan fundamentalmente en gráficos. Luego, en forma separada, pero dependiente del mismo responsable, trabaja la Unidad de Comunicación, que algunos simplifican diciendo que son los jóvenes de las redes.

Pero, ¿cuál es la diferencia entre una y otra?: la propaganda “es una tentativa para ejercer influencia en la opinión y en la conducta de la sociedad, de manera que las personas adopten una opinión y una conducta determinada”, según la definición de Frederic Bartlett. Mientras que la comunicación política, según definición de Dominique Wolton “es el espacio en que se intercambian los discursos contradictorios de los tres actores que tienen legitimidad para expresarse públicamente sobre política, y que son los políticos, los periodistas y la opinión pública a través de los sondeos”.

Nadie puede negar las herramientas de propaganda, pero sí hay que entender que la comunicación política engloba a esos instrumentos y que además, incorpora la presencia de las personas, nada más y nada menos que los destinatarios y receptores del mensaje político, pero a la vez emisores de demandas que deben ser aprovechadas por los actores y los partidos políticos. 

La oportunidad

El próximo domingo 24 de julio el Frente Amplio celebrará elecciones internas. Se elegirá la nueva conducción de la fuerza política y por lo tanto constituye una oportunidad, para quien gane, de profesionalizar la comunicación. Claro, para eso habrá que estar dispuesto a romper con las viejas estructuras, a priorizar una fuerza política por encima de egos personales y a trabajar colectivamente en un proyecto con objetivos claros.

Un proyecto que parta de un diagnóstico profesional previo, porque cada grupo tiene sus particularidades, su identidad, su imagen y su reputación; cada partido político tiene sus defectos y sus virtudes específicas, por lo que el plan de comunicación debe ser a medida, no una fórmula prefabricada, ni implementación de acciones preconcebidas.

Al final de cada mandato, sea de gobierno, partido político, institución, etc., es habitual escuchar la sentencia “goberné bien pero no supe comunicar”. Quizás, para comenzar a revertir esa tendencia podamos seguir el modelo que mi amigo chileno me comentaba algunos años atrás: apostar a la profesionalización de los equipos y a un plan de comunicación política con las personas idóneas para llevarlo adelante.

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