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ALGÚN DÍA TE VAS A AVIVAR por José Luis Baumgartner

publicado a la‎(s)‎ 22 oct. 2011 15:58 por Semanario Voces
 

 

 

El martes de la semana pasada Tabaré Vázquez dijo, ante ex alumnos del colegio Monte VI, que durante su administración se manejó la posibilidad de solicitar apoyo a los EE.UU. ante la eventualidad de enfrentamientos con Argentina en el marco del conflicto por la instalación de Botnia, efectuándose, así, una declaración ratificando amistad entre  ambos países –con clara intención subliminal-. Y ardió Troya. Ruido mediático. Se mentó guerra.

Apagón. Caños tapados. La cocina se llenó de humo. Mientras viene la barométrica y vuelve la luz, quitemos restos, despejemos el lugar, demos jabón al estropeado hule.

Por doquier, desgaste y manchas inocultables. Olor a fritanga con aceite de barco.

Cada cosa en su sitio. 

 

Primera cuestión: su proceder en aquella emergencia.

“Ahora todos se sorprenden y se rasgan las vestiduras y parece que se olvidan que por el conflicto de Botnia sacamos el Ejército a la calle –declaró Tabaré a El Observador. “Hay que recordar que los piqueteros dijeron que vendrían a manifestar a Uruguay, que hubo quien dijo que iba a venir con dinamita, amenazaron con ocupar la planta de Botnia, militantes de Greenpeace manifestaron en el río y tiraron al agua a un oficial de Prefectura, entre otros hechos. Y ante esa situación, ¿qué se pretendía que hiciera el presidente de un país pequeño que está amenazado?

 

Segunda cuestión: haber revelado sus diligencias de entonces.

“Se equivocó y feo al contarlo antes de tiempo –siguió diciendo Lacalle-. Mejor lo hubiera reservado para sus memorias que, si la biología no me lo impide, me gustaría leer algún día”. 

 

Agazzi reconoció que el episodio sucedió, pero no hay ningún riesgo hoy. Calificó las evocaciones de Vázquez como “extemporáneas, fuera de época y sin ninguna utilidad. En fin, se fue de boca y cometió estupidez marca mayor.

 

Tercer punto: su declaración del 13/10/ll.

“Teniendo en cuenta las repercusiones que ha tenido la respuesta que diera a la pregunta de un asistente a la reunión que se llevara a cabo con ex alumnos del Colegio Monte VI sobre el relacionamiento de nuestro país con la hermana República Argentina referida al tema Botnia, y a pesar de haber hecho un relato de lo realmente acontecido, considero que dichas declaraciones fueron inoportunas.

Por todo ello presento mis excusas…”. Bien. Expresó lo que debía.

 

Cuarto asunto: la renuncia.

“…y anuncio mi retiro de la actividad política pública”.

 

Entreveraste la madeja, macho.

 

¿Querés tapar una cagada con otra? ¿Acaso táctica diversionista? ¿Buscás subir la apuesta y hacer que hablen de la renuncia para no que no sigan haciéndolo con tu metida de pata? ¿Pretendés crear incertidumbre y nerviosismo en el FA? ¿Sos infalible como el papa? ¿No tolerás críticas?

Caramba, cualquiera puede rayar su 4x4 al hacer finitos. ¡Tan bien que venías!

¿Querés que todos sigan a Brovetto en sus rogativas para que vuelvas? ¿Terminarás cediendo o no a las presiones que imaginás recibir para ser nuevamente candidato presidencial? (Las presiones más fuertes son las de tu propio ego y a ésas difícilmente puedas sustraerte). Unos piden; otros lamentan; otros admiten que no es el fin del mundo; otros te dan la extremaunción.

 

Mirá Tabaré, el FA es obra colectiva. Viene de lejos y seguirá arriba mientras la gente se sienta representada en su accionar, estés o no retirado de la actividad política pública o secreta o entre bambalinas. Es pueblo largamente excluído que por fin tiene ocasión de participar –aunque sea desde la talú-. No reconoce líder (concepto cuyo uso ha hecho olvidar su origen nazi). Mandamases, providenciales e insustituibles están desocupados.

El FA es fuerza de compañeros –más o menos capaces, más o menos imaginativos, más o menos leídos, más o menos pensantes, más o menos interesados, más o menos boludos, más o menos idolátricos, más o menos criticones por todo, como en cualquier grupo normal, aquí, en el Uruguay conservador y medio aldeano de siempre, donde pasan figuras, figuritas, figurones y figurantes, nadie osa irla de pavo real y a los magos cualquiera le jode la función poniendo en evidencia sus manidos trucos-. En la legión, vos sos un compañero más. Mientras quieras serlo -que nadie obliga a nadie-.

 

Hay mucho que hacer; y no estamos para jugar a que sí, a que no, a que vaya a saberse qué pieza moverá el doctor en su solitario de ajedrez. Cada uno en lo suyo. Tinelli con su show, Moria con el de ella, y vos con el tuyo (de ciencia, cálculo y escena).

Ya hiciste acto de contrición. ¡Ta! ¡A otra cosa, mariposa! Sonate y no llores más. Dejá la bulla para los que usan traje con chaleco. Hasta Dios se equivocó: ¡mirá el relajo de mundo que armó con requechos e inútiles alarmas!

Cuando venza tu período de privacidad (si no es clausura perpetua), con telón de olvido y suela de goma, como si nada, volvés al ajetreo del FA; y chau. Abrís la puerta, decís: permiso; y entrás. (¡Ojo que no sea ropero!). Así de fácil. Algún puesto de trabajo te estará esperando, desde pegatinero a reciclador de líos, o lo que sea: todo aporte sirve.

En caso de duda, consultá a los muchachos del rioba. ¡Huíle a los alcahuetones! Son peor que la lepra. Te faltó potrero. No sos el único. Ahí aprendés a dar y recibir callado.

Pero a los revolcones, se aprende.

 

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