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ANCAP: Los dos bandos tienen algo de razón por Omar Paganini

publicado a la‎(s)‎ 14 oct. 2015 9:32 por Semanario Voces

En la polémica entre el Ministro de Economía y los responsables de la pasada gestión de ANCAP asoman, como pocas veces, los problemas que tiene el diseño institucional de nuestras empresas estatales.

Las posiciones respectivas

Una empresa monopólica, que cobra precios comparativamente altos, genera pérdidas muy importantes y en forma continuada durante varios años. Visto así, las decisiones de gestión que se tomaron, cualesquiera que hayan sido, no deben haber sido felices.

Luego están las explicaciones del lado de ANCAP: (1) que se hicieron muchas inversiones necesarias, (2) que la empresa se tuvo que endeudar en dólares y el aumento del tipo de cambio le produjo pérdidas y (3) que el gobierno no los dejó trasladar al precio un conjunto de costos para no impactar en el IPC.

Y está la réplica del Ministro de Economía: (1) que las inversiones no fueron adecuadamente planificadas y no están dando generando retorno,  (2) que el endeudamiento debía gestionarse para evitar la exposición al tipo de cambio y (3) que sí, que el gobierno no los dejó trasladar algunos costos al precio porque tiene derecho a hacerlo. Y agregó otro elemento: (4) el fuerte aumento de los costos operativos, salariales, de la red de distribución, y de los biocombustibles comprados a la subsidiaria ALUR, que según el propio Ministro son equivalentes a comprar petróleo a varias veces su valor.

Los puntos a favor del Ministro

Las inversiones realizadas pueden haber sido necesarias pero, si no iban a tener retorno, había que planificar cómo absorberlas. El Estado es el accionista de la empresa estatal, sus administradores deben rendir cuentas por las inversiones y demostrar que serán sostenibles. No vale decirle al accionista “había que hacer las inversiones, por eso fundimos la empresa”.

Tampoco es defendible el aumento de los costos operativos en general – según el Ministro por encima de parámetros razonables –,  y menos para una empresa que está perdiendo tanto dinero. Entre otros, llaman la atención los costos desmesurados del biocombustible. ¿El proyecto ALUR era más importante para el directorio que la salud de ANCAP? Si el gobierno priorizaba a ALUR, aún a costos altos, se podrían haber tomado los recaudos para no afectar a ANCAP, por ejemplo, aportando un subsidio especial para el desarrollo de los biocombustibles. Pero esa es una decisión política, no empresarial, que se tiene que discutir e implementar en el ámbito político.

También son evidentes los problemas de la gestión financiera. Deber en dólares no puede ser una excusa. El estado uruguayo ha utilizado instrumentos financieros para “desdolarizar” su deuda. Medidas similares estaban al alcance de ANCAP, si se lo hubiera propuesto. Y es un problema el fuerte crecimiento del pasivo. El arreglo realizado con PDVSA, que difería una parte de la factura petrolera, seguramente generó una aparente superabundancia de divisas. Pero ahora estamos pagando las consecuencias.

¿Cómo pueden haber sucedido estos problemas de gestión en una empresa con la trayectoria de ANCAP? La causa profunda son las reglas de juego, que hacen que nuestras empresas estatales no siempre se consideren como empresas y se les permitan cosas que ningún accionista (en este caso, el Estado) debería aceptar.

Los puntos a favor de ANCAP

En este sentido, aparece un punto que va en el mismo sentido, y donde es el Ministro quien no tiene razón. Es lo relacionado a “aguantar” la tarifa para frenar el IPC. En el funcionamiento empresarial normal, nadie lo aceptaría, pues es una forma encubierta de introducir un subsidio, pero un subsidio pagado por la empresa. En sentido opuesto, en otras ocasiones se han usado las tarifas para recaudar, un verdadero impuesto encubierto. Ambos son actos que, de hacerse explícitamente, requieren aprobación parlamentaria. Al pretender usar las tarifas con fines fiscales, se están usando las empresas públicas como instrumentos “informales” de la política económica, haciéndolas cumplir objetivos a veces incompatibles con su desarrollo empresarial.

A partir del momento en que los precios empiezan a no reflejar la evolución de los costos, el propio Ministro está dando a ANCAP la excusa para que sus cuentas no cierren. En consecuencia, mucha gente pensará que tienen razón los administradores de ANCAP (perdieron dinero porque no les dejaron trasladar sus costos al precio) y otros, que tiene razón el gobierno (y el problema es la mala gestión).

Parafraseando a Clinton: ¡son las reglas de juego, estúpido!

Las sociedades hemos aprendido con la fundación de los estados modernos que las reglas de juego son importantes y que reglas equivocadas tienen consecuencias negativas en el desempeño de las instituciones. Por eso es necesario delimitar competencias y objetivos, e introducir una adecuada oposición de intereses (que a nivel de los estados es la famosa separación de poderes). Las reglas crean incentivos, que orientan la conducta.

Si, con las reglas actuales, se nombra un directorio orientado a “hacer obras” para lograr determinado objetivo propio – por más válido que sea –  que sin embargo no tiene fundamento empresarial, las obras seguramente se hagan de todas maneras. Si un Ministro puede usar un servicio público para recaudar más, o frenar un aumento para que no suba el IPC, es más fácil hacerlo mediante la tarifa que con una ley creando un impuesto o un subsidio. Pero ambas cosas hablan de una gestión que no es empresarial y responde a otros objetivos. Hemos usado las empresas para otra cosa, y eso no es gratis. Las pruebas están a la vista.

Llegó el momento de que empecemos a discutir las reglas de funcionamiento de las empresas estatales, para lograr sus objetivos específicos, y evitemos así los problemas que nos están mostrando en estos últimos años. Separemos los objetivos políticos de los objetivos empresariales, separando los instrumentos correspondientes, y evitaremos problemas a la vez que permitiremos el desarrollo sostenible de nuestras empresas estatales, independizándolas de los avatares de las finanzas públicas y de los perfiles de sus directores. De esta manera, podremos canalizar inversiones y generar riqueza aún en tiempos de dificultades como los que vienen.

*Integrante del Observatorio de Energía  y Desarrollo Sustentable de la Universidad Católica del Uruguay.

 


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