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APUNTES SOBRE LA PROFUNDIZACION DE LOS LOGROS ALCANZADOS por Juan Manuel Rodríguez

publicado a la‎(s)‎ 8 mar. 2013 6:51 por Semanario Voces
 

 

 

En la actualidad están en curso procesos que implican cambios muy significativos en el comercio y las inversiones internacionales,  que seguramente provocarán en el mediano plazo la conformación de nuevas reglas de juego en el sistema económico mundial.

 

Entre los factores más novedosos de este proceso, en una perspectiva histórica, está el nuevo rol que tendrán países relativamente pobres, que hasta hace poco ubicaríamos como parte del tercer mundo o del Sur. El futuro de Uruguay (comenzando desde hoy, porque el proceso ya empezó) al igual  que el de America Latina debe pensarse en el contexto de este proceso. Transcurridos varios años de gobierno de izquierda parece necesario dar importancia a una reflexión acerca del balance del período, los logros y las limitaciones aun existentes para definir las políticas que permitan consolidar el proceso de cambios. Estos apuntes tienen por objetivo realizar un aporte para este debate, que es imposible hacerlo sin partir del contexto internacional actual y futuro, por eso éste será el tema de párrafos siguientes, en los que se apoyará la reflexión sobre la política económica.

 

Mayor importancia de los países “emergentes”. En las últimas dos décadas los llamados países emergentes han sido los de mayor dinamismo en la producción, el comercio y las finanzas internacionales. En el comercio mundial, pasaron del 26% en 1995 al 42% del total en el año 2010. Gran parte de este crecimiento se explica por comercio sur-sur y no por intercambios comerciales con los países desarrollados. Algo similar puede decirse de las inversiones extranjeras: más de la tercera parte de las inversiones recibidas se origina en otros países del Sur. Estos países hoy acumulan las dos terceras partes de las reservas de divisas: 7,4 billones frente a 2,1 de los países desarrollados[i]  por lo que son la principal fuente de fondos externos.  A esto debe sumarse que las empresas transnacionales frecuentemente poseedoras de las tecnologías más avanzadas han acompañado el dinamismo económico radicándose en los países emergentes, conformando frecuentemente redes o asociaciones con empresas nacionales. Estos elementos en su conjunto configuran un cambio radical con respecto a unas pocas décadas atrás.

 

Tendencias previsibles y reordenamiento de la gobernanza mundial. Todas las previsiones indican que estas tendencias se mantendrán en las dos o tres décadas siguientes. Se estima que el 75% del crecimiento económico mundial de los siguientes 25 años ocurrirá en los países emergentes, porque las tasas de crecimiento de sus economías superarán las de los países desarrollados, que perderán relevancia en el producto, el comercio y las finanzas mundiales. Obviamente esto no implica que los países desarrollados dejarán de incidir, pues en el punto de partida, o sea en el momento actual su incidencia en estos factores es muy elevada.

 

La historia indica que el poder mundial siempre se definió en función de la capacidad de los estados de liderar el crecimiento de la economía mundial (China e India en la primera mitad de segundo milenio, Europa Occidental luego de la revolución industrial,  Estados Unidos después de la segunda guerra mundial-con participación de Alemania y Japón). Por eso los procesos antes reseñados llevarán a un nuevo orden mundial donde EEUU y Europa perderán incidencia frente a los estados líderes de los países emergentes, donde sin duda estarán China e India (en el contexto de la zona económica regional que se está creando) pero seguramente también Rusia, Brasil y probablemente algún otro país (la consolidación de los BRICS tiene como objetivo preparar esta transformación y tener una participación activa en la nueva arquitectura de la economía mundial).

 

Estos cambios incluirán modificaciones en los votos en el FMI, pero ya los BRICS definieron trabajar para construir un nuevo Banco Mundial (dado que ellos tendrán buena parte de fondos internacionales de divisas) y seguramente se conformará un mundo multipolar con varias monedas de referencia (y no solo el dólar como ocurre desde el fin de la segunda guerra). Asimismo la regulación del sistema financiero, aparece como un tema reiterado, dado que la liberalización del mismo se percibe como una de las causas de las últimas crisis de impacto internacional. La creciente adhesión a la Tasa Tobin es una señal, no la única y quizá no la principal en este sentido.

 

Todos estos hechos determinan que el crecimiento del comercio internacional y los socios prioritarios así como la atracción de inversiones externas debemos pensarlas con las nuevas reglas que ya se están definiendo y operando crecientemente en la realidad. Un aspecto de este proceso podemos verlo en el crecimiento de China en nuestro comercio exterior y en las inversiones, hecho que también ocurre en otros países de America Latina y de África.

 

Expansión internacional y mercados internos. El comercio exterior tendrá un rol central en el destino de la producción pero también lo tendrán los mercados internos.

En la medida que los países alienten la expansión del consumo en sus países, como USA, China, ahora Japón, aumentará la demanda de productos básicos. El mercado interno de países grandes impacta en la demanda global, no sólo en su propio desarrollo. Esto indica que, como han mostrado procesos de crecimiento del pasado, el mercado interno tendrá un rol clave y es un factor de estabilización ante eventuales fluctuaciones en la demanda internacional. Como el mercado interno solo crece con el poder adquisitivo de la población, es claro el vínculo estrecho que debe haber entre las políticas productivas y las sociales, así como el papel central que tienen las políticas laborales.

 

El necesario incremento de la productividad. El crecimiento de la producción requerirá un aumento de la productividad, base genuina de la competitividad. Esto podría lograrse por un aumento en la productividad de los factores en los sectores en que actualmente se basa la economía o en un traslado de recursos hacia sectores de mayor productividad (como ocurrió en el SE asiático). Estas estrategias no tienen porqué ser ni contradictorias ni antagónicas, pero sí es probable que cada país deba definir cual de ellas priorizará.  Seguramente la radicación de capitales ocurrirá prioritariamente en el país que genere mejores condiciones de competitividad, donde la productividad, la tecnología, la calidad de los recursos humanos – y no su costo reducido- tendrán un papel decisivo. En este marco debe pensarse la estrategia de desarrollo de Uruguay. En los años que restan del gobierno frentista se deberían dar señales claras de cual será la estrategia de más largo plazo.

 

Logros importantes en los últimos años. En los años recientes en Uruguay -así como en todos los países latinoamericanos- se obtuvieron logros significativos en áreas que tradicionalmente fueron problemáticas o críticas. Las tasas de crecimiento del producto fueron superiores a la media mundial. Hubo buenos resultados en las cuentas externas y un importante ingreso de capitales externos, buena parte como inversión directa, factores que permitieron reducir el peso de la deuda externa como porcentaje del producto, así como disminuir la participación de la deuda de corto plazo en el total y –probablemente lo más importante- reducir la deuda “condicionada” -o sea sujeta a compromisos de políticas macroeconómicas- por deuda no condicionada. El ingreso de capitales permitió acumular un monto de reservas superiores a las posibilidades de inversión. En este contexto destinar el aumento de reservas a pagar la deuda permite reducir el pago de intereses que la misma implica, es decir tiene una lógica económica. Aunque también tiene una razón política al eliminar el condicionamiento.  Uruguay y otros países de la región, eliminaron su deuda con los organismos de financiamiento internacional, modificando un factor de condicionamiento económico y político de todos los gobiernos desde 1958 hasta el del Frente Amplio, que fue quien tomó e implementó esta decisión. Aumentaron las reservas internacionales - y la capacidad del país de responder frente a impactos negativos externos.

 

Contexto internacional favorable y políticas internas acertadas. Una de las explicaciones de estos buenos resultados fue el impacto positivo del contexto internacional. El aumento de la demanda internacional, en volumen y en precios de los productos centrales de nuestra estructura productiva y del comercio exterior, básicamente los de origen agropecuario, sin duda es una de las causas de las mejoras alcanzadas. Pero también tuvieron un rol decisivo las políticas internas que permitieron logros macroeconómicos (históricamente desequilibrados) como una reducción de las tasas de inflación y del déficit fiscal. Es destacable que estos resultados fueron posibles con políticas sociales y laborales que permitieron la reducción de la pobreza, la indigencia y la desigualdad social en un proceso de creciente  formalización de las actividades económicas. Este conjunto de factores, que en su conjunto fortalecieron la economía y su capacidad de defensa ante impactos externos, explican que América Latina haya superado en un plazo muy breve la crisis internacional de 2008-2009. Uruguay incluso, ni siquiera ingresó en recesión, siendo uno de los pocos países en el mundo que logró evitarlo.

 

Los buenos resultados económicos fueron acompañados de mejoras sociales y laborales cuya magnitud no tiene antecedente en nuestra historia. Si consideramos que el Frente Amplio toma el gobierno luego de una de las mayores crisis de la historia, este conjunto de resultados indica que los objetivos definidos de conseguir equilibrios macroeconómicos, retomar el dinamismo y distribuir los resultados se lograron claramente. Puede decirse sin dudas que los gobiernos del Frente hicieron una contribución significativa a la economía del país y a la mejora de las condiciones de vida del pueblo, los cuales son objetivos históricamente reivindicadas por la izquierda.

 

Pero se mantienen limitaciones estructurales… Sin embargo, transcurridos siete años de gobierno, también se constatan limitaciones. Probablemente la más trascendente sea que no hubo transformaciones significativas en áreas fundamentales para la sostenibilidad en el largo plazo del desarrollo económico y social, en particular, en la estructura productiva. CEPAL lo expresa de una forma muy tajante “La expansión de América del Sur no refleja un proceso endógeno de construcción de capacidades…”, sino que se explican básicamente por el aumento de la demanda de nuestros productos originada en el dinamismo asiático” (en Uruguay también contribuyeron las políticas internas definidas). “América del Sur aún debe responder al desafío de transformar estos impulsos dinámicos exógenos de la demanda asiática en un proceso endógeno de transformación productiva, que internalice y otorgue permanencia a las fuerzas del desarrollo[ii]

 

La idea que subyace en esta afirmación es un tema central de la política de desarrollo. Es claro que el crecimiento económico por sí mismo no es suficiente sino que debe acompañarse de una distribución de los resultados para que de ellos participe toda la población. Pero los logros sociales no se mantienen solo con medidas sociales. Es necesario que la economía sostenga su crecimiento y que se especialice en los productos de mejores precios en los mercados internacionales que permita obtener mayores ingresos al país, buenas remuneraciones y trabajo de calidad. En el mundo que vivimos esto depende de la tecnología y los conocimientos agregados en los productos.

 

Debilidades de una estructura productiva con bajo contenido tecnológico y de conocimientos. La estructura productiva de Uruguay (al igual que la de la mayoría de los países latinoamericanos) se sigue basando en bienes originarios del sector primario con bajo contenido de conocimiento. Esto implica dos limitaciones importantes. Una es que históricamente estos bienes han tenido precios muy volátiles o inestables, frecuentemente manipulados por empresas o capitales internacionales. Si de ellos dependen la mayoría de los ingresos de divisas del país, toda variación negativa en los mercados internacionales tendrá impactos internos también negativos, tanto mayores cuanto mayor sea la dependencia de estos productos. La historia de América latina muestra reiterados ejemplos de los dramáticos impactos que han tenido en las economías nacionales la internalización de las evoluciones negativas de los mercados internacionales.

 

En los últimos años estos productos tuvieron precios elevados y demanda sostenida, teniendo un claro impacto positivo. Pero también un efecto secundario negativo como lo es el mayor peso de estos productos en el producto y las exportaciones, lo que puede denominarse como la primarización de la economía. Todo indica que las actuales tendencias del comercio externas se van a mantener por un cierto número de años. Esta evolución de los precios de estos productos no es la tendencia de largo plazo, que como lo indican múltiples investigaciones, no es alcista sino que por el contrario tienden a descender. Es probable, por lo tanto, que las tendencias actuales en algún momento se modifiquen. Si nuestra estructura productiva se basa casi exclusivamente en esos productos habrá un impacto interno negativo, cuya gravedad es difícil de predecir pero en otros períodos históricos fue muy significativo.

 

El segundo factor de debilidad es que la revolución internacional en curso privilegia los productos con tecnología, valor agregado y conocimientos. Estos son los productos que tendrán mayores precios, con mayor estabilidad y con mercados en expansión, tal como ha ocurrido en todos los ciclos con los productos que están en el centro del dinamismo económico.

 

Los objetivos de la política de desarrollo. La pregunta para reflexionar es si no debemos plantearnos dar pasos efectivos en la superación de ese déficit estructural histórico. El contexto internacional delineado anteriormente indica que habrá recursos para inversiones y sabemos que éstas buscarán se radicarán prioritariamente en países con dinamismo económico, como previsiblemente tendremos y que en su gran mayoría no irán a los países desarrollados como fue tradicional, por lo memos durante el período en que estos países se mantendrán en crisis.

 

¿Porqué una transformación? Porque sobre la tecnificación sectorial pueden hacerse dos afirmaciones. En primer lugar que ella es posible en todos los sectores, en segundo lugar que la potencialidad de introducir mejoras tecnológicas y de productividad  es muy diferente en los distintos sectores y cadenas de valor. Es decir hay sectores que permiten una superior introducción de tecnologías nuevas que otros y por lo tanto mayor agregación de conocimientos. Asimismo el dinamismo que los distintos sectores permiten hacia atrás y hacia adelante en la cadena de valor de su producción es muy diferente.

 

La opción que hicieron los países del sudeste asiático hace una décadas fue promover activamente la transformación de su economía especializándose en productos intensivos en tecnología y conocimientos, que fueron la base del ciclo de crecimiento basado en la información y la comunicación que no se limitó a un sector sino que se generalizó a toda la economía.

 

Políticas horizontales y sectoriales. Estas políticas de incentivo a nuevos sectores debe complementar la política general de promoción de la tecnificación en toda la economía dado que como se dijo este proceso puede ocurrir en todos los sectores. Por eso mismo, las políticas horizontales y verticales o sectoriales deben complementarse. Sin embargo debemos destacar las sectoriales porque son ellas las que han sido más resistidas por el pensamiento liberal y el predominio de éste en América Latina llevó en las décadas pasadas prácticamente a su desaparición.

 

La historia indica que cada ciclo de crecimiento tiene un período de expansión que posteriormente se enlentece y luego entra en decadencia, entendiendo por tal, que deja de determinar los significativos crecimientos en la productividad que se producen en la fase de alza del ciclo. Algunos investigadores entienden que el último ciclo basado en la información y la comunicación ha ingresado en una fase de meseta en la que la productividad crece a cifras inferiores a los años anteriores y que un nuevo ciclo está en ciernes.

 

Carlota Pérez, que ha estudiado estos ciclos hace mucho tiempo, cree que el centro dinámico del nuevo ciclo será la bio y la nano tecnología. Los países con economía de base agropecuaria tienen –opina-  excelentes condiciones de partida para desarrollar industrias y servicios en estos sectores e insertarse en el núcleo del dinamismo de la economía mundial en el próximo ciclo. Por eso considera que los países de América Latina tienen una oportunidad histórica. Esta es una posibilidad, que puede ratificarse o no. Lo que es una tendencia inevitable, es que cualquiera sean las características del nuevo ciclo de crecimiento, éste se basará en productos intensivos en conocimiento.

 

Insertarse en el segmento más dinámico de la economía mundial implica promover activamente la transformación de la economía para que estos sectores se desarrollen y crezcan en importancia. Esto requiere atraer inversiones externas y nacionales que se dirijan a estos sectores, lo que supone tener una política productiva activa (lo que se ha denominado política industrial, aunque no tiene porque limitarse a la industria). Sin cuestionar a los sectores económicos que son relevantes  en la actual estructura productiva parece necesario encontrar herramientas para que los recursos -económicos, humanos, tecnológicos- se dirijan a los sectores claves en el dinamismo futuro.

 

La especialización productiva depende de la conducta de los actores y en el caso de la actividad privada de los incentivos económicos (aunque el sector publico también puede tener un rol activo). Si la rentabilidad principal se localiza en sectores de bajos conocimientos no habrá un desplazamiento de recursos hacia sectores con mayor tecnología, por eso es necesario definir herramientas que modifiquen la estructura de rentabilidades relativas a favor de los sectores que admitan agregación de conocimiento en el agro, la industria y los servicios.

 

Política de desarrollo y macroeconomía. La política productiva debe ser compatible con la macroeconómica. Los objetivos de éstas no se pueden limitar a lograr equilibrios fiscales y estabilización de precios. Sin duda los equilibrios son necesarios pero en función del desarrollo y los cambios que éste implica. La política de desarrollo debe ser el centro de la política económica, porque de ella depende la sostenibilidad del crecimiento, los equilibrios externos, los empleos de calidad y la continuidad de los logros sociales y de ingreso de la población.

 

Probablemente el carácter crónico de los desequilibrios llevó a considerar que lo fiscal y la estabilidad de precios tenían un valor en sí mismo y por lo tanto debían manejarse en forma autónoma. Este fue el pensamiento dominante en las últimas décadas. En realidad deberían considerarse como una condición para la aplicación de políticas de desarrollo y debería existir fuertes sinergias entre ambas. Pero es del desarrollo de lo que depende la sostenibilidad del dinamismo.

 

Es decir, la evolución de la economía mundial indica que nuestros socios prioritarios deben ser los países del Sur porque en éstos se radica el mayor dinamismo futuro. Acuerdos de complementación productiva y de comercio con ellos, en particular con Brasil, con quien compartimos el Mercosur, son objetivos difíciles de lograr pero de una importancia estratégica. Por supuesto que esta orientación no debe contradecirse con buscar activamente mercados en todos los países, porque ningún objetivo de largo plazo debería significar no atender las necesidades inmediatas y los mercados de los países desarrollados son los que actualmente tienen mayores ingresos, lo que se mantendrá por muchos años. Los objetivos inmediatos deben compatibilizarse con los de largo plazo.

 

Es conclusión, parece necesario analizar las tendencias globales para reflexionar sobre las características que debería tener nuestra política externa comercial y de inversiones que a su vez deberían ser compatibles con las políticas internas. El desarrollo, la conformación de una estructura productiva que permita insertarse en las tendencias previsibles de la economía mundial, ac


[i] Banco Mundial (2011) “Multipolarity: The New Global Economy.

[ii] CEPAL,(2012) “Cambio estructural para la igualdad”- Síntesis pag. 33.

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