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ARGENTINA: El discurso político detrás de la déKada ganada Por Matías Ponce

publicado a la‎(s)‎ 3 jun. 2013 9:16 por Semanario Voces
 
 

 

“Recuerdo aquél 25 de mayo de 2003 cuando nos dejaron la Argentina prendida fuego y tuvimos que sacar el pecho para reconstruir la patria”, Palabras del Ex - Presidente Néstor Kirchner.

Los Kirchner plantearon desde su llegada al poder un relato fundacional respecto al nacimiento de una nueva Argentina, una patria que resurgiría desde las cenizas y la más profunda de las tempestades. Visto desde un análisis crítico del discurso, Kirchner plantea la lectura del 25 de mayo, día en que asumió la Presidencia de la Nación, como un hito fundamental que señala un antes y un después en la vecina orilla. El ex presidente habla para la historia, precisamente generando un relato que tiene que ser evocado en forma constante para asegurar su permanencia y vigencia de manera extemporánea.

 

 

Era necesario constituir una realidad de caos (que fue tal, pero era necesario reconocerlo dentro de un colectivo), de sufrimiento, de los más terribles padecimientos y angustias, para hacer surgir desde la oposición a esa oscuridad, una luz de esperanza para la mayoría. Este razonamiento que parece sacado de un cuento de hadas, cuando una bella joven es besada por un príncipe azul que le ofrece la salvación, es el principio básico de cualquier estrategia de comunicación política: el diagnóstico, la prescripción, la promesa de campaña y los símbolos necesarios para mantener y aumentar el respaldo.

Los Kirchner fueron capaces de construir esa nueva realidad a partir del diagnóstico de una nación en crisis, un pasado adjetivado como: corrupto, cruel, injusto, de ladrones, etc. Los males fueron resignificados en figuras y situaciones políticas tan diversas tales como la época de Carlos Menem, el mal que había hecho De la Rúa en el poder, los crímenes cometidos en la Dictadura, etc.

El diagnóstico fue firme y certero en la medida que Kirchner fue consecuente con cada una de sus acciones. Prometió realizar una embestida contra el Fondo Monetario Internacional y sentenció definitivamente “hay vida después del Fondo”. Por otro lado, prometió remover las cabezas asentada por el Menemismo en el Poder Judicial y así lo hizo. Desde un comienzo el discurso Kirchnerista identificó a enemigos y males que utilizó como un claro contra-destinatario de su mensaje, sobre quién orientó su accionar buscando el bien superior.

La generación de estos enemigos políticos le permitió afianzar un frente interno tan diverso como la familia peronista. El “Frente para la Victoria” se constituyó en una fuerza de respaldo político en el que cabían peronistas radicales, sectores del peronismo más de izquierda, algún sector de los intelectuales, desprendidos de la UCR y gente del mundo de la cultura y del espectáculo.

Más allá del Justicialismo y los desprendidos de UCR y del FREPASO, los Kirchner tuvieron la virtud de extender y envolver con su discurso a la mayor cantidad de destinatarios en el mensaje, pero especialmente lo que en términos discursivos se llama “para-destinatario”.

El para-destinatario es aquel conjunto de públicos receptor de los mensajes que si bien no son aliados a la fuerza política, forman parte del público objetivo que es factible conquistar, al tiempo que se los incluye dentro de un colectivo. La noción de pueblo forma aquí el parangón más fuerte que en términos discursivos el Kirchnerismo construyó con un antecesor ideológico que lo engloba: el Peronismo.

Los recursos en materia de discurso político utilizados por el Kirchnerismo tienen una matriz simbológica que recuerda al Peronismo. No se puede señalar que sean los mismos términos o símbolos, pero es evidente que en forma permanente la lectura al Kirchnerismo entra dentro de un colador del que surgen varios conceptos propios del Peronismo.

“Yo saldré con el pueblo trabajador, yo saldré con las mujeres del pueblo, yo saldré con los descamisados de la patria, para no dejar en pie ningún ladrillo que no sea peronista. Porque nosotros no nos vamos a dejar aplastar jamás por la bota oligárquica y traidora de los vendepatrias que han explotado a la clase trabajadora, porque nosotros no nos vamos a dejar explotar jamás por los que, vendidos por cuatro monedas, sirven a sus amos de las metrópolis extranjeras”.

Ciertamente la cita referida en este párrafo anterior podría ser empleada tanto por una lectura Peronista como por una lectura Kirchnerista. Si bien se trata de un fragmento de discurso de la entonces Primera Dama Eva Perón (1º de mayo de 1952), la construcción de un enemigo en común que une  a los desplazados en una lucha sin tregua, que requiere la máxima entrega de cuerpo y espíritu movilizando a la masa, con un fin superior, es un recurso que se puede atribuir al Kirchnerismo.

El relato kirchnerista, al igual que el relato peronista, se basa vivencialmente en la construcción de un líder, de una persona que vive y sufre en carne propia los problemas del colectivo. Esta simbología propia del Peronismo fue integrada en el Kirchnerismo.

La fuerza del relato fundacional ha tenido durante estos diez años la capacidad de reinventarse conforme el contexto económico, social y político ha ido cambiando. Los primeros enemigos vinculados al neoliberalismo menemista y a los militares en Dictadura, supieron dar paso a los terratenientes y a los representantes de los medios de comunicación.

Con una estrategia discursiva clara y directa, tanto Néstor como Cristina re-editaron viejas causas de algunos sectores más progresistas del peronismo, con gran radicalidad en el plano discursivo. Desde el clásico, "Clarín: no se por qué estas tan nervioso, hacé democracia, usá los medios para informar y no para desinformar a la gente" hasta “como en las peores etapas del 55 y del 76 salen como comandos civiles y grupos de tareas, para agredir a los que no piensan como ellos, en forma vergonzosa" que pronunció contra los terratenientes durante la crisis del campo, Néstor Kirchner erigió su propio discurso en función de la contravención del orden establecido.

La transición conceptual que logró realizar el Kirchnerismo entre “ella y él” se simplificó en la frase que Néstor se encargó de plasmar: “Soy un soldado de Cristina”. Pero si bien con la Presidenta se iniciaba una etapa que prometía pragmatizar y moderar el discurso, ni para el mejor de los guionistas, se aproximaba uno de los hitos fundamentales en el relato político argentino más conmovedor después del Peronismo. La muerte de Kirchner vino a escribir un capítulo que reposicionó rápidamente a los actores y selló para siempre la construcción del mito.

La imagen de Cristina acompañada por el pueblo en forma masiva en los funerales del Ex Presidente, sumado a la entereza de la Presidenta para tomar el poder definitivamente en sus propias manos, asumiendo el control político partidario que ejercía su marido, legitimaron una nueva etapa Kirchnerista.

El Cristinismo como tal no se consolidó dentro del Kirchnerismo, pero sí la conducción por parte de la Presidenta de este movimiento. Construyendo el mito de una heredera a la que no le temblará la mano en tomar las riendas del poder total en el movimiento (enfrentándose a líderes poderosos como Hugo Moyano) y en el gobierno, Cristina redobló la apuesta contra sus enemigos discursivos.

Los especuladores financieros, los grandes capitales internacionales, los comerciantes que viven de las importaciones, comenzaron a ser parte del nuevo resurgir del Kirchnerismo con una constante mención a “él” que le mira desde algún lado. Medidas tales como el control de cambios, el resurgir de las trabas al comercio exterior a partir de procesos de industrialización sustitutiva de importaciones, fueron algunos de  los mensajes que Cristina se ha dedicado a brindar en estos últimos tiempos.

Una vez más la escena parece repetirse. Cristina personificará el combate contra las injusticias más grandes, enfrentará al enemigo y se dirigirá al pueblo como manifestación de su base de respaldo. Una vez más la Plaza de Mayo será testigo de las manifestaciones de la mayoría que se auto-constituye como tal. Queda por fuera de esta relación dialéctica entre quién comanda la fuerza política y el “nosotros”, todo aquel que no esté de acuerdo en el contenido de este discurso. Sin embargo, esa población relegada sigue ahí y si bien puede perderse en la masa, es el motor de lo que la Argentina ya ha vivido en otros años: promesas incumplidas, incapacidad de aumentar las prestaciones a las mayorías, descontento popular, desequilibrio social y político y luego del caos, un nuevo abrazo masivo a algún atisbo de luz esperanzadora al final del camino.

En esta década ganada esa luz ha sido para buena parte de la población argentina el Kirchnerismo. Sin embargo, su constitución y modus operandi, su promesa y su relato, pueden ocultar un mal mayor de la lógica movimientista de la política argentina. Con esta gran condicionante de trasfondo, el relato político argentino se sigue escribiendo celebrando en términos discursivos: una déKada ganada.

 

(*) Profesor Investigador Departamento de Comunicación Universidad Católica del Uruguay

 

 

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