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Avanzar hacia una Economía del Conocimiento Por Raúl Sendic

publicado a la‎(s)‎ 7 jun. 2011 15:38 por Semanario Voces



En unos pocos caracteres procuraremos aportar un punto de vista sobre la generación de valor en nuestro país. Poder abordar el tema implica en primer lugar analizar que elementos o productos pueden ser considerados valor en el país, en el contexto internacional y en el momento que nos ha tocado vivir.

Estamos en un mundo donde la población viene creciendo a un ritmo constante, hoy somos 7 billones y a mediados del siglo vamos a andar por los 10 billones. Una parte importante de esa población se encuentra en países que han tenido, como China e India, un crecimiento constante de sus economías y este factor ha hecho que millones de personas se hayan convertido en nuevos comensales, son millones los que han venido a sentarse a la mesa a decir “quiero mi plato”. Este factor, simple y complejo a la vez, ha generado un cambio importante en los términos de intercambio en el mundo: hace solo unas décadas atrás muchos líderes mundiales y especialmente los de los países en vías de desarrollo denunciaban el intercambio desigual y era cierto, vendíamos materias primas baratas y nos vendían tecnologías caras. Hoy el mundo empezó a darle valor a los alimentos y a los elementos necesarios para obtenerlos: la tierra, el agua, las semillas, el clima, el conocimiento, la experiencia, la tecnología necesaria y la gente que sepa hacerlo. Para ilustrarlo con un ejemplo que me aportó un amigo: Un novillo de 500 kg se vende a 2 USD/kg, o sea a 1000 USD/cabeza. Luego del proceso industrial se vende la carne, cuero, menudencias, etc. y se obtiene unos 1250 USD/cabeza. Mucho más que una buena computadora: estas han venido cayendo de precio desde los 3000 USD hasta bastante menos de 1000 USD en poco tiempo.

Porque sucede esto? Por el hecho de que ese novillo tiene mucho conocimiento atrás, mucha investigación científica, mucha tecnología, mucho know how. Basta apreciar la Expo Prado año a año para poder ver la evolución de la genética y biotecnología aplicada a mejorar la producción de carne y leche hasta ser identificados hoy como uno de los mejores países en producción de estos dos rubros, pero ha pasado lo mismo con el arroz, la cebada y otros.

Entonces, todo esto para decir que claramente en este camino considero que está uno de los más importantes aportes a la generación de valor en el país, la producción de alimentos primero, pero luego la producción de tecnología, biotecnología e investigación científica aplicada a estas cadenas de producción de alimentos de mayor calidad y cantidad en un mundo que cada día sabrá apreciarlos y valorarlos más. Avanzar hacia una Economía del Conocimiento en esta materia en donde tenemos un nicho de mercado futuro.

No estamos todos alineados en esta estrategia, creo francamente que buena parte de las instituciones educativas y formadoras de cerebros del país aún no se alinean en este análisis, como tampoco lo hacen aquellos que se atrincheran en posiciones económicas y plantean que como nos va bien “no hay que tocar nada, dejen todo así”, como si por generación espontánea fuera a aparecer el agregado de valor, el conocimiento, investigación, nuevos procesos, la única manera de lograrlo es con políticas activas que estimulen y hasta obliguen a aportar valor a los productos básicos.

Hay otros aportes de valor importantes en el país que debemos mencionar: el despliegue de inversiones que desde el 2006 viene haciendo algunas empresas públicas y privadas para mejorar nuestra infraestructura, plataforma ineludible para el desarrollo: diversificación energética (biomasa, molinos, agrocombustibles, gas),  fortalecimiento de nuestras capacidades de procesos en refinación, generación térmica, electrificación rural, puertos, capacidades de stock, aeropuerto nuevo, exploración petrolera y minera, conectividad, fibra óptica, cobertura y velocidad de banda ancha, ejemplos injustos que se suman a las mejoras en infraestructura educativa, de investigación  y de salud en el país. Pero claramente estamos lejos de la infraestructura que necesitamos y no se puede seguir perdiendo el tiempo en discusiones que mañana lamentaremos, el Estado tiene que planificar y si tiene plata tiene que hacer, sale mucho mas caro no hacer.

En estas breves líneas elegí aportar estas reflexiones porque creo francamente que debemos hacer conciencia que estamos ante una tremenda oportunidad, la de convertirnos en un país agrointeligente de verdad, con una infraestructura que permita el desarrollo y no lo trabe.  Ese país no se mide en cosechadoras o maquinaria, deberíamos medirlo en cantidad de investigadores procurando agregar valor y procesos a las materias primas que ya sabemos producir.

 


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