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Balconeando la política Por Javier de Haedo

publicado a la‎(s)‎ 9 mar. 2012 3:03 por Semanario Voces
 

Sé que es más fácil opinar sobre el partido desde la Olímpica, sin jugarse la ropa, que desde dentro de la cancha, como jugador, o desde la línea de cal, como técnico. En fútbol y en política, sucede lo mismo. En lo personal he elegido no entrar en la cancha y comparto que es más fácil hablar desde afuera. Pero creo que es posible aportar a la sociedad desde fuera de la política y que es bueno dar visiones menos contaminadas por el color partidario y por la eterna inmediatez electoral con que dentro de ella se manejan, más allá de cuánto falte para la próxima elección.

 

Además, desde fuera de cualquier ámbito se van las cosas con otra perspectiva, sobre todo si antes se estuvo metido en ese ámbito. Creo que no aplica a mi situación aquello que se dice de quienes opinan sobre una institución o actividad sin conocerla desde dentro, cuando se las compara (a la institución o la actividad) con los vitraux de las catedrales europeas, que sólo adquieren su verdadera expresión cuando se los aprecia desde dentro de ellas.

Y un ejercicio que puede resultar útil a esos efectos consiste en repasar los temas que han estado en la agenda pública en el verano que está terminando. De algún modo, como sociedad somos un poco las noticias que generamos y el nivel de contenido que les damos. Temas que, apelando a la memoria, estuvieron en algún momento sobre el tapete, ya efímeramente, ya en forma permanente.

Notoriamente, los dos asuntos de mayor presencia en los medios han sido enseñanza pública y seguridad. Lo de la enseñanza, una novela de nunca acabar, donde sigue sin quedar claro quién manda, si las autoridades electas por la ciudadanía o los funcionarios designados por éstas; si Mujica o Nora Castro. Y la duda persiste aún después del famoso acuerdo de la cúpula política, con menos nueces que ruido. Un acuerdo que se resume en grandes titulares con contenido equívoco e implementación pendiente y clave, donde realmente se jugará el partido. Lo de la seguridad, tratado de un modo bastante pobre para la envergadura del problema: fue insólita la discusión política de los primeros días del año, cuando hubo una seguidilla de homicidios que desde la oposición se pretendió extrapolar mediante regla de tres simple. Obviamente, como sugería la teoría de las probabilidades, en los días siguientes el promedio volvió a la normalidad y el caso se desinfló tan rápido como había sido armado.

Después, varios temas que tienen diversa magnitud.

Uno, el caso del robot Da Vinci del Hospital Británico. Se vio allí lo peor de las consecuencias de la ideología que tienen muchos funcionarios del Gobierno. ¿También resentimiento? ¿Igualar para abajo, como pretenden con la enseñanza? Fue tan grande el ridículo que rápidamente rebobinaron, por suerte.

Dos, la caída de un árbol que provocó la muerte de una madre joven, motivó una gran movida de la Intendencia con relación al arbolado público. Ahora resulta que hay dos mil de la misma especie que serían removidos. Y que desde el temporal de 2005 aumentaron las caídas de árboles. ¿Tenía que morir esa mujer para que se reaccionara?

Tres, el puente sobre la Laguna Garzón. Ecología versus progreso. Interés público o privado. Empresarios argentinos versus surfistas. Todos los que opinaron del tema, lo hicieron desde su interés particular. Tan particular y tan interés como el del empresario argentino, pero con menos ceros.

Cuatro, el Gobierno dice que el año pasado “ahorró” 140 millones de dólares y que los va a gastar, porque es un “espacio fiscal adicional”. Tuvo un déficit de varios cientos de millones de dólares pero ahorró. Milagro, ¿cómo es posible? Si tuvo déficit le faltó. Entonces, ¿cómo se puede hablar de sobrante? Y los ministros, con Olesker a la cabeza, están como niños a la salida del colegio con el que vende golosinas. Ahora, con los datos de enero, resulta que el déficit no fue de 0,8% del PIB sino del 0,9% pero siguen con los 140 millones. El más sensato: el Presidente, que dice que hay que ahorrar y en todo caso, si es necesario, gastar una parte en infraestructura.

Cinco, donde sí hubo un ahorro fue en Diputados en 2011. Su Presidente, Lacalle Pou, en vez de repartirlo entre los funcionarios, como es costumbre en el reino de la demagogia, lo devolvió a la Tesorería. Su sucesor, Orrico, dice que no fue ahorro sino menor ejecución. ¡Qué confusión! A nivel global falta pero dicen que sobra. En Diputados sobra y dicen que faltó ejecución. ¿Habrá bajado la calidad del producido de la Cámara por esa menor ejecución? ¿O es que tiene más presupuesto del que necesita? ¿En cuántos lados habrá sobrado por menor ejecución y no lo devolvieron? Los datos fiscales de los meses de diciembre siempre muestran en el gasto una cifra atípicamente alta en relación a los 11 meses anteriores. Es por abundancia de Orricos y escasez de Lacalle Pous.

Sexto, el MIDES. ¿Se exigen contrapartidas a los beneficiarios de subsidios por políticas sociales? ¿Está bien o mal exigirlas? ¿Se controla o no su cumplimiento? Gracias a que el tema se tiró sobre la mesa nos enteramos que recién en este mes se firmaría un acuerdo por el cual se controlarán las contrapartidas en materia de enseñanza y que recién estará totalmente operativo el año próximo. ¿Quién falló ahí? ¿El MIDES o la ANEP? ¿En tiempos de la informática no es posible cruzar datos entre ambos organismos? Le podrían pedir asistencia técnica a la DGI.

Séptimo, el Mercosur. Según la última contratapa de Búsqueda, parece que el Presidente entendió que las trabas argentinas son la consecuencia de algo más profundo: una crisis financiera en ciernes en el país vecino. Menos mal. Era obvio que en Argentina se vienen atacando las consecuencias y con las medidas profundizan sus causas, es decir la desconfianza, lo que se traduce en una continua fuga de capitales. Les faltan dólares y, como se hacía hace 60 años, se impone un control de cambios y de comercio exterior. En los hechos es el golpe de gracia a un Mercosur que venía chumbeado. Nos han dado la excusa para mirar para otros lados. Ahora depende de nosotros. ¿Cómo era? Ah, sí, “a veces el tren pasa una sola vez”.

En fin, pobre panorama. El lector me dirá que no somos la excepción en un mundo poblado de malas noticias y pobre desempeño de las políticas públicas. De acuerdo. A nivel global la dirigencia política no es la de antes. Basta con mirar Europa y, por ejemplo, comparar a Sarkozy con Giscard o con Chirac o con Miterrand. El liderazgo ha decaído y su producción es de peor calidad.

Pero a uno le preocupa su país y no sirve de excusa que el mundo haya decaído. También hay casos exitosos de gestión de políticas públicas. Es aquello de con quién nos comparamos, si con los mejores de la clase o con el promedio o con los peores.

La lista de temas que recién repasamos basta de muestra sobre el estado de la discusión en nuestro país. Y de su liderazgo. ¡Con razón no les da para leer o escribir más de 140 caracteres! Y encima, a veces ese espacio les alcanza para pelearse.

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