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BIENVENIDA INCLUSIÓN FINANCIERA Por Gabriel Barandiaran

publicado a la‎(s)‎ 19 ago. 2011 8:26 por Semanario Voces
 

 

 

Los ciudadanos cumplimos muchos roles en la sociedad: trabajadores, empresarios, padres,  y luego de un largo etcétera también somos consumidores.  Este último rol no siempre tiene buena prensa en la sociedad y los logros que los uruguayos podemos obtener en este sentido no siempre son bien reconocidos.  Pero quiero ser claro en la siguiente apreciación:  los esfuerzos gubernamentales en sentido de lograr una mayor inclusión financiera de sectores de la sociedad que tradicionalmente han estado fuera del sistema es una de las mejores noticias que hemos escuchado en este año.

 

Antes que nada quiero aclarar que soy un trabajador bancario de toda la vida, pero quienes me conocen personalmente, o han tomado conocimiento de mi trayectoria de casi dos décadas promoviendo los derechos de los usuarios y consumidores, saben bien que no tiño mis opiniones públicas con mis intereses personales, por lo que me me siento absolutamente libre de afirmar que el acceso a los servicios financieros es indispensable para que cualquier persona disfrute de un aceptable nivel de vida acorde a las necesidades más básicas de la sociedad. Esto es reconocido en otros países al punto tal que cuando redactamos la Declaración de Derechos de los Usuarios de Servicios Bancarios y Financieros en aquella reunión histórica de Salamanca cinco años atrás, los delegados europeos insitieron en incuir un artículo reconociendo el derecho de toda persona a disponer de una cuenta bancaria.  En Europa quien no dispone de una de ellas está condenado a trabajar en negro y fuera del sistema de protección social, y además de no poder disponer de los servicios necesarios para su desenvolvimiento habitual de cualquier habitante de aquellas tierras.

 

Tener una cuenta, disponer de una tarjeta de débito o de crédito, poder cobrar el sueldo a través de un crédito bancario, no sólo promueve la seguridad y el blanqueo de la economía como bien han dejado claro las autoridades impulsoras de la iniciativa, sino que integra a sectores que hoy estan fuera del sistema.  Tal vez alguien de la clase media que ya está acostumbrado disponer de estos instrumentos y mecanismos no logre comprender lo que significan estos elementos como factores de integración.  Pero para algunos sectores es fundamental.  Permitirá, además, a los  diseñadores de polícas sociales dirigir con más precisión el objeto de subvenciones y subsidios.  Por ejemplo, cuando a las familias beneficiarias del sistema de protección se les pasó de entregar leche con hierro a darles el importe equivalente en dinero, los niveles de hierro en los niños bajaron, por lo que era razonable presumir que la familia habiéndo recibido la plata prefirió comprar la leche común, más barata, para disponer de la diferencia de precios del producto con otros objetivos.  El uso de una tarjeta, entonces, en lugar del efectivo dejará en evidencia el bien consumido permitiendo una mayor eficiencia en el gasto social.

 

¿Todas son rosas en esta iniciativa?.  Por supuesto que no.  Existen riesgos en el uso de cualquier instrumento financiero por lo que es muy importante que este proceso de inclusión venga acompañado de un sistema de educación financiera amplia y efectivo.  Sería conveniente adiestrar en estos temas a las personas desde la escuela teniendo especial consideración al hecho de que la patología más grave en relación a estos instrumentos es el sobreendeudamiento y que, lamentablemente, ya golpea a sectores importantes de usuarios.

 

Por otro lado, el ente regulador, el Banco Central, deberá extremar su rol de supervisión prestando especial atención a la forma en que los usuarios reciben los servicios financieros,  en especial, aquellos más vulnerables,.  Más que nuevas leyes que intenten regular tarifas y otras limitaciones, resultará mucho más efectiva una supervisión activa y atenta de un órgano especializado como lo es el Central.  En realidad, los precios regulados por ley no han tenido buenas experiencias en el pasado y no hay elementos para esperar que lo hagan en el futuro.  Pero esa supervisión tan necesaria no va a ser fácil y me pregunto si realmente las autoridades del BCU están concientes de lo que se les viene.  Si ello no es así la inclusión financiera podría transformarse en un dolor de cabeza para las autoridades que la promueven como para los mismos usuarios.

 

Pero no hay que perder la perspectiva de que se trata de una muy buena iniciativa la que debe ser apoyada por todos los protagonistas del sistema, sean estos usuarios, empresas financieras, trabajadores y autoridades.  Solo hay que tomar los recaudos necesarios para que se cumplan los objetivos tan positivos que se buscan con la iniciativa.

 

 

 

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