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Botellas al mar por Andrés Berterreche

publicado a la‎(s)‎ 27 jul. 2014 14:22 por Semanario Voces


               

 

De niños, alguna vez, íbamos al puerto y tirábamos botellas con mensajes escritos en una servilleta. Muchas veces mentíamos y asumíamos que éramos náufragos en búsqueda de ayuda. Hasta hacíamos planitos fantaseados de islas donde permanecíamos aislados en búsqueda de que nos vinieran a rescatar.

                Pasaron muchos años cuando empezamos a escribir columnas y hablar desde un micrófono de alguna radio. La sensación era la misma que la de los mensajes lanzados en las botellas. Cuando hablamos o escribimos no sabemos si alguien recibe nuestro mensaje.  Y si lo hacen, si entienden el mensaje que llevan estas nuevas “botellas al mar”.

                Recientemente, en una gira política, se me acercaron varias personas. No me hablaron de mi gestión al frente de un organismo público, ni de la planificación de la campaña, ni de discusiones políticas, económicas o sociales. Me hablaron de las columnas en Voces. En esa circunstancia sentí que había botellas que habían llegado a sus destinatarios.

                En varias de estas columnas, y no solo en ellas, vengo repitiendo mi visión de no lanzarme a una confrontación contra los compañeros. Ni siquiera a los no frentistas. Este año, de carácter electoral debe ser  en primer lugar, de acumulación. Tengo la convicción que la restauración de la derecha en el país no es un problema para la actual fuerza que gobierna, sino un daño irreparable a la parte más desvalida del pueblo. No es el problema de un diputado más o menos, o un Ministro conocido, o un Director que milita con nosotros. Es por los que estaban desocupados en el 2002 y hoy ya no lo están, es por los padres de los niños que se dejaron de morir antes del año al constatarse la reducción de la mortalidad infantil, es por los trabajadores rurales y las empleadas domésticas que después de más de 170 años de historia nacional adquirieron el status de ciudadanos al poder defender sus derechos en las instancias de negociación colectiva. Es por todas las políticas de inclusión que muchas tendrán que pasar años para que se puedan ver los resultados. Y podríamos seguir. . .

                Pero se hace muy difícil poder defender esta acumulación teniéndome que autosilenciar ante las notas que semana tras semana aparecen en el semanario. Mi objetivo no es, no puede ser, contestar a los compañeros columnistas. Siento que pierdo tiempo, y me urge hablarle al ciudadano que me interesa que se sume a su propia causa. Por ello voy a detenerme en dos respuestas, cortas, concretas, a sendas notas aparecidas en el Voces del 17 de julio próximo pasado y luego no dedicaré (al menos en el correr de este año) una sola línea a las contradicciones que puedan aparecer aquí. Aunque ello me lleve a alejarme de esta tarea.

                Mi primera diferencia es con el editorial. Asilar gurises que están viviendo en condiciones deplorables en campos de refugiados está bien y punto. No puedo utilizar semejante tragedia humana para después contraponerla a cualquier cosa que esté en contra. La grandeza de esa posición se desdibuja, se trastoca, se manosea, cuando me termino quejando de cualquier cosa que nada tiene que ver con el asilo.

                En segundo lugar, no creo que haya que explicar la diferencia entre gobierno y poder. Pero por las dudas que se hayan olvidado, el tener el gobierno implica tener un pequeño espacio del poder político. Es decir se tiene el Ejecutivo, una parte importante, no total, del legislativo, no se tiene el judicial. Tampoco se tiene otras partes que componen el poder: el principal, el económico, pero también el de los medios de comunicación.

                Aun así, con esas limitantes, se planificó, y se ejecutaron políticas. Políticas que redujeron casi 30 puntos la pobreza, y esto es algo más que un indicador en una estadística. Son cientos de miles de personas, de compatriotas, que empiezan a vivir con mayor dignidad. Hay muchos aún expulsados por el sistema capitalista, el núcleo más duro de la patología social que genera este sistema injusto. Pero fueron también decenas de miles que salieron de esa pobreza extrema. Y por todo esto, también es que estamos en condiciones de tenderles una mano a todos esos gurises Sirios.  

                Creo que se hace tacos para la hinchada (a veces la del otro cuadro), cuando se habla de las tortas de dinero y la baja inclusión. Para dejarse de embromar con posturas de este tipo se debe saber que esas “tortas de dinero” son del orden del  2 % del presupuesto del Estado, y aclarar que eso estaba planificado en nuestros sucesivos programas (a veces también sirven para leerlos). ¿Nos estamos quejando de la universalización de las asignaciones familiares? El 98 % restante es para políticas de carácter general, que alcanzan a los más pobres como también a las empresas que publicitan y viabilizan estas páginas.

                Si me parece increíble tener que explicar las cuestiones del poder mucho más tratar de explicar la inexistencia del concepto clase media por más que se las llene de comillas. ¿Qué es la clase media? ¿Es un capataz de obra que gana un salario digno gracias a la negociación colectiva convocada por estos gobiernos progresistas (y lo digo con propiedad porque el monto es el que se usa de tope en la organización en la cual milito), o es un profesional en el ejercicio libre de su profesión blindada por el corporativismo, que mientras revuelve el hielo de su triple medida de doble etiqueta negra se queja, de lo que le sacan por IRPF? Esas líneas del editorial me resultan dramáticamente demagógicas, y como dije, para el cuadro equivocado.

                No hay éxitos, hay procesos con metas parciales hacia una sociedad diferente, nunca acabada y en permanente construcción. Yo espero que desde este semanario se logre entender, no desesperen, todavía hay tiempo de cambiar la pisada, se puede.

                Por último, quiero dejar una queja formal. Sistemáticamente desde las líneas del espacio Indisciplina Partidaria, se llama a la deserción del votante frenteamplista. En general se hace desde un ámbito más elíptico. En este artículo ya no. No solo se plantea el llamado a la defección frontal y desembozada sino que se da opciones para la ejecución de la desbandada. Pero no es por esto que me quiero quejar, porque en definitiva sería una propuesta honesta de lo que el columnista piensa. Mi queja es porque las tres opciones que da, en blanco o anulado, Partido Independiente o Asamblea Popular; no incluye al Partido Ecologísta Radical Intransigente. ¿Por qué ese ninguneo? ¿Hay algún problema ideológico con las columnas que se emiten desde radio Fénix? ¿O es que hay un problema personal con el líder de esta agrupación, el Ingeniero César Vega? Exigimos desde estas líneas que se invoque a los desertores también a esta opción.

                He visto en estos años algunos compañeros que se bajan, no muchos, aunque casi siempre muy ruidosos. Hay los que se bajan con argumentos de derecha (¡Ay mi bolsillo!) y quienes con concepciones puristas se bajan por la izquierda. Lo que sí tengo que decir es que salvo contadas y muy honrosas excepciones, ya sea los que se bajan por derecha o por izquierda, terminan viviendo por la derecha.

                Muchachos, ¿creen seriamente que los partidos tradicionales van a meter un par de decenas de millones de dólares en una campaña electoral solo para cambiar nombres? ¿Creen que es más o menos lo mismo una cosa que la otra? ¿Qué la unión en los balotajes pasados fueron obra de que sus hijos son amiguitos en el cole?

                Hay momentos en que como dice el poema de Celaya que ya comenté en otras columnas, hay que tomar partido hasta mancharse. Creo que también dice, “maldigo la poesía de los neutrales”. Yo ya tomé partido y estoy orgulloso de mi colectivo. Mientras escribo, resuena en mi cabeza, una cuequita de Víctor Jara: Ni Chicha ni limonada.

                Seguramente seguiré tirando botellas con mensajes al mar. Posiblemente desde otras playas. En definitiva lo importante no es donde nos afirmamos para rebolear el brazo, lo importante es que haya otros seres humanos que estén dispuestos a recoger el mensaje. Hasta siempre, hasta la victoria siempre.


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