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BREVE HISTORIA DEL FRENTE AMPLIO   Juan Martín Posadas

publicado a la‎(s)‎ 14 feb. 2017 7:46 por Semanario Voces

                                                     

     

La historia del Frente Amplio es un tema interesante aunque poco trabajado. Cuando algún politólogo neutral (si queda) se disponga a estudiarla y analizarla encontrará material inesperado y abundante. El Frente Amplio de hoy tiene un camino de relativamente pocos años pero lleva a cuestas un largo recorrido. Personalmente estimo que este recorrido ha entrado en una fase de cuarto menguante.


 

Grave error sería confundir los síntomas con las causas: la rotunda retirada del Diputado Mujica y la pérdida de la mayoría absoluta en el Parlamento no es causa del declinar del Frente Amplio sino consecuencia. Los detalles del menguante son tantos, tan frecuentes y tan salaces (políticamente hablando) que inevitablemente distraen tanto a los acusadores como a quienes defienden. Considero que es más provechoso buscar causas y raíces más hondas y de más ancho espectro. Trataré de esbozar una de ellas. Hay otras.

         Actualmente se suele aceptar en el comentario cotidiano que el Frente Amplio tiene dos corrientes: los intransigentes o radicales y los moderados. Se los podría denominar de otro modo, pero no cambia mucho.

 Los moderados son, por ejemplo, aquellos que cuando sale la guía de diversidad sexual educativa dicen que no sabían nada, que no es oficial, que ellos no tienen nada que ver. O cuando la Mesa Política saca un comunicado de reivindicación de Sendic atribuyendo a campaña orquestada por la prensa (sic) los comentarios que genera su diploma ausente ellos dicen no estar de acuerdo, aunque estaban presentes en la sesión y no dijeron nada. O cuando Vázquez entrega a la dirección partidaria del Frente Amplio la decisión de seguir o no estudiando el TISA ellos dicen que fue una barbaridad pero no plantean revisión alguna ni dan pelea en absoluto. O se azoran con las deudas de ANCAP y la farsa del remate de los aviones de PLUNA y aceptan, (con rostro compungido, eso sí) las justificaciones y excusas que les proporcionan.

         Se podrían poner muchos casos más, por ejemplo en el área de la economía, de las Comisiones Investigadoras, de los negocios con Venezuela, de la educación, etc. pero el lector ya los conoce. Lo característico de esa corriente es lo señalado arriba: no están de acuerdo pero no dan pelea y, al final, acompañan. Esa es la característica de los moderados.

         Ellos despertaron una esperanza y la dejaron morir. Se pensó –quizás ellos mismos se pensaron a sí mismos- como un factor de equilibrio o contrapeso interno en un aglomerado político que, con el correr del tiempo, iba mutando gradualmente bajo el impulso o la inspiración de estilos más tajantes. Ellos se pensaron (y se publicitaron) como la sensatez y por eso mismo fueron tomados como la puerta de entrada al Frente para muchos uruguayos con disposición de abandonar sus antiguos domicilios políticos y fueron vistos como la garantía para aventurarse con tranquilidad de conciencia en esas nuevas tiendas.

         Pero los moderados han traicionado esas expectativas porque se han traicionado a sí mismos. Como dijo el sociólogo inglés: “the moderates behave in what has become characteristic: vacillation”. No hace falta traducir la frase. Tampoco hace falta abundar en la descripción de la trayectoria de los moderados dentro del Frente Amplio.

         Quizás para algunos pueda sonar demasiado hiriente la referencia a una traición y prefieran decir que los moderados no traicionaron sino que lucharon, perdieron y reconocen su derrota. Me parece una cortesía a costillas del sacrificio de la verdad. Perdieron y se quedaron callados. Perdieron y siguen perdiendo. Perdieron y se quedaron quietos. Y los radicales (que no siempre son radicales ideológicos: muchas veces son sólo inconcientes) sacan adelante sus extremismos cada vez con menos dificultades al no encontrar oposición sino mansedumbre.

         El Frente Amplio, por cierto, no es algo homogéneo que permita decir de forma unívoca el Frente es así o es asá. El Frente Amplio es un regazo político generoso (y desaprensivo) que cobija mucha variedad. Pero el Frente tiene una historia, un recorrido.

 Su historia es un camino desde aquel Frente de Zelmar Michelini, Juan Pablo Terra, el Ñato Rodriguez, Batalla, Roballo, Rodriguez Camusso y Seregni hasta el Frente de Mujica, Olesker, Sanchez, Lorier y el PIT-CNT de Abdala y Joselo Lopez (tan dirigentes políticos estos últimos como los anteriores, y ese es otro cambio verificable).

También es un camino desde un partido de oposición con poco poder a un partido de gobierno con todo el poder. Y de un Partido que fue llamado de ideas derivó a una fuerza desideologizada, rica en vocabulario de izquierda pero sin conferirle mucha importancia a la doctrina.

         En el trayecto entre los años sesenta –con la suspensión correspondiente al período de facto- hasta ahora, las mayorías numéricas, el grueso del caudal electoral (es decir, el apoyo despertado en la ciudadanía) fue pasando de un lado al otro, de los moderados a los radicales. En el primer Parlamento después de la dictadura la bancada más numerosa en el Frente Amplio era la de Batalla, hoy es la de Mujica. Una de las razones de esa mutación está en la referida cita del sociólogo inglés definiendo la característica de los moderados: la vacilación.

         El discurso moderado fue dejando de ser el discurso mayoritario y pasando a ser un tenue ropaje de seriedad y ponderación para vestir a una fuerza política tenaz, dura y claramente jacobina como es el Frente Amplio de hoy (que, además, desprecia esa vestidura, por lo menos hasta las vísperas electorales).

 Este proceso histórico debe ser estudiado con atención ya que el Frente Amplio que se va a presentar a las próximas elecciones tendrá a Mujica como candidato, su tropa como operadores políticos y también –seguramente- algunas figuras de la moderación residual que, por rutina o por no desaparecer, brindarán otra vez su concurso para el casto engaño.

En todos estos años de recorrido las cosas han cambiado mucho. Hasta aquí llega mi análisis. Pero  quiero agregar algo: un juicio de valor que se desprende de una experiencia personal. Dado que más o menos la mitad de los uruguayos ha votado al Frente no es de extrañar, aunque no sea más que por razones estadísticas, que yo tenga amigos y parientes frenteamplistas. Entre ellos encuentro muchos que sienten (y muy hondamente) algo parecido a lo que se lee en la primera página de la célebre novela Conversación en la Catedral. “Desde la puerta de La Crónica Santiago mira la Avenida Tacna sin amor: automóviles, edificios desiguales y descoloridos, esqueletos de avisos luminosos flotando en la neblina, el mediodía gris, ¿en qué momento se jodió el Perú?”.

¿En qué momento se jodió el Frente Amplio?  El Frente se mujiquizó. Se hizo chavista. Se hizo lulista. Se hizo kirchnerista. Y los que no… se hicieron humo.


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