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Cartilla para principiantes (I) Amortiguadores bajo tutela Por Jorge Zabalza

publicado a la‎(s)‎ 16 nov. 2012 12:27 por Semanario Voces
 

La Revolución Rusa conmovió el mundo de principios del siglo XX y, apenas terminada la guerra mundial, la Revolución China volvió a conmoverlo. Asociados a la clase propietaria los dos Batlle, don José y su sobrino Luis, intentaron tender un cordón sanitario que impidiera el contagio con el virus revolucionario. En función de dicho objetivo, los Batlle utilizaron generosamente los recursos del Estado para conformar un colchón de funcionarios públicos y clientes electorales, a la vez base social del batllismo y amortiguador del conflicto social. En los ’60 los dueños del Uruguay entendieron que los amortiguadores batllistas no servían para protegerse de los vientos ideológicos que soplaban del Caribe y los fueron descartando hasta que,  en 1973, los sustituyeron directamente por su brazo policíaco-militar.

Doce años más tarde, la violencia desenfrenada de las Fuerzas Armadas se volvió demasiado onerosa  y, de 1981 en adelante, poco útil para disuadir la resistencia de las bases populares. A los dueños del Uruguay y al imperio se les terminó el interés por los militares. Procurando salir del atolladero, los altos mandos de la fuerzas armadas decidieron convocar las reuniones del Club Naval, su objetivo era “negociar” el regreso a los cuarteles sinque ello les significara abandonar sus posiciones de poder. Invitaron a algunos personajes del Partido Colorado que los ayudaron a evitar que la retirada se convirtiera en desbandada; y también buscaron el concurso de dirigentes públicos del clandestino Frente Amplio para que las negociaciones ganaran en credibilidad. Producto de esas negociaciones entre dos partidos políticos y los altos mandos, la retirada de la dictadura cívico militar fue sucedida por una democracia cívico militar. Para un retorno al antiguo modo batllista de dominación, los militares debían haber sido totalmente derrotados; pero el ejército conservó la fuerza adquirida en dictadura y en consecuencia, la  democracia nacida en 1985 tenía prohibido penetrar los portones de los cuarteles.      

En poco más de una década los dirigentes que avalaron el pacto del Club Naval, impusieron su visión conservadora al Frente Amplio. Fue verdaderamente un proceso muy rápido, demasiado rápido a mi gusto. Se redujo el horizonte popular del movimiento de bases hasta hacer del Frente otra fuerza política asociada al capitalismo. En el monento culminante del disciplinamiento, los ex-guerrilleros amnistiados en 1985 se sumaron a la corriente conservadora frenteamplista,  cambiaron sus ideas revolucionarias por el respeto sublime al estado de derecho y de hacer política antisistémica pasaron al electoralismo más demagógico. En la polémica con Hugo Cores, el hoy ministro Fernández sintetizó la concepción electoralista en una breve frase: “se puede renunciar a cualquier cosa menos a ganar las elecciones”. Tristemente, la mayoría de los congresistas del Frente Amplio acompañaron a Fernández en su renuncia a la lucha por Verdad y Justicia, en uno de los episodios más significativos en la historia actual, porque a instancia de un ex-torturado se introdujo en el programa del Frente la impunidad para los torturadores. A ojos de los poderosos y de los reaccionarios, esta “actualización”  fue suficiente para compensar el desastre de los partidos de derecha en las elecciones nacionales. Se sintió como el mayor triunfo ideológico de la clase dominante. Al incorporar al sistema los ex-guerrilleros que alguna vez casi lo hicieron caer, el Uruguay se volvió más que nunca el “país de los amortiguadores” como lo caracterizó don Carlos Real de Azúa en 1970.

 

Fructuoso Rivera

Pese a su pública solidaridad con el asesino de Nibia Sabalzagaray, acto que innegablemente representó una reivindicación del terrorismo de estado, el general Pedro Aguerre fue designado comandante del ejército. Poco después de su nombramiento ordenó que el personal militar de la División I  concurriera uniformado al acto del 18 de mayo, otra forma de reivindicar el golpe de estado. Con ese gesto mussoliniano suyo, el ministro Fernández estampó su rúbrica en la orden de servicio que le puso por delante su presuntamente subordinado. De hecho estaba avalando  la presentación en sociedad de un renovado partido militar y aceptando ser un simple vocero de una estrategia definida en algún cónclave de altos mandos. No lo hizo por ingenuidad sino porque está convencido de que las fuerzas armadas pueden ser el partido del desarrollo económico y social. La pronta intervención de Madres y familiares de Desaparecidos y de la Comisión de DDHH del PitCnt obligó a una solución intermedia: la presidencia determinó que las tropas concurrieran en masa a oír a su comandante pero sin vestir uniforme. La arenga propuso reconciliar el ejército con el pueblo –sin verdad y sin justicia, por supuesto- pero la “pulseada” ya estaba ganada y el partido de los militares continúa su marcha, solamente se pospuso la aparición en  público.  

La instalación de una base militar en Durazno había dejado de ser proyecto del Pentágono sin que el ministro Fernández tuviera noticias de ello. Recién se enteró cuando ya estaba bien avanzada la construcción de un galpón en terrenos del Regimiento de Caballería No. 2, cerquita nomás de los famosos “aljibes”. Se estaba realizando por acuerdo entre los mandos militares uruguayos y el Comando Sur, que la financiaba por supuesto; la ubicación cercana a la Base Aérea No. 2, permitiría albergar en el galpón a los instructores estadounidenses que vinieran a enseñar las mil formas de auxiliar a la población en caso de desastres naturales, eufemismo que el Pentágono utiliza para no decir represión  a conflictos sociales, resistencias populares como las del pueblo hondureño  o  intervenciones contra pueblos que “no están en condiciones de gobernarse a sí mismos”. Pese a que podían dar por descontada su aprobación, los mandos obviaron consultar al ministro Fernández, colocándolo en falsa escuadra y obligándolo a suspender las construcciones para evitar las consecuencias políticas que pudieran tener el desacato de los mandos, un verdadero golpecito de estado propinado a Fernández. La idea quedó en barbecho a la espera de una mejor oportunidad. Ya tendremos nuestra base yanqui si dios quiere.  

Se presumía que Fernández, dada su bien ganada fama de especialista en relaciones no públicas con los militares, tendría a la joven y civilizada oficialidad en un puño. Expectativa que se reforzó al asumir Pedro Aguerre la comandancia del ejército quién hizo toda su carrera militar mientras estaba preso su padre, militar perteneciente al Partido Socialista, nombramiento prácticamente simultáneo al del general Castellá para el Estado Mayor de la Defensa, hermano de un muy querido militante tupamaro recientemente fallecido.  El paquete parecía muy bien atado por los cuatro costados... pero está haciendo agua. Al parecer al ministro le han pasado varias pelotas por arriba del moño, la más grave tal vez sea la participación de militares uruguayos en maniobras con instructores yanquis  en la Florida, continuando los programas de instrucción que iniciaron los SEALs.

El Pentágono cuenta con armas sofisticadas y dólares frescos para desarrollar la red de bases militares que permita controlar este territorio pletórico de recursos naturales (Amazonia, Acuífero Guaraní) y además la costa del Pacífico, de indudable importancia militar en una supuesta guerra con China. Es evidente que los mandos de las fuerzas armadas uruguayas están afiliados a la tesis de los EEUU e intentan sacar provecho de los panes y los peces que reparte el Pentágono.  La historia de este ejército riverista, sus tradiciones y las ambiciones personales de los altos oficiales, lo hacen un aliado estratégico de las fuerzas armadas de los EEUU, el más importante enemigo de la humanidad como los califica Noam Chomsky; 

Esa es la realidad y el ministro Fernández, que siempre fue muy pragmático, deja hacer y se hace el distraído, ni sueña con la posibilidad de enfrentar los designios del imperialismo. Con todo, presionado desde la interna del Frente Amplio, tomó medidas para impedir que los oficiales que andan por el mundo sigan haciendo acuerdos con los militares estadounidenses a espaldas del ministerio. Puede ser que haya quienes tengan la ilusión de que dicha prohibición será  respetada a pie juntillas, otros tenemos el derecho a sospechar que en las fuerzas armadas estas cuestiones de poder se dirimen sin respetar las jerarquías civiles formales.   

ñato tapado, tapadito, arropado
de los desaparecidos ni un nabo
de los muertos ni recuerdas
de los torturados ni jota
sí de los industriales industriosos
más atrayentes que los menesterosos.

(fragmento de un poema de Arapey Cabrera)

El mastodonte

Según cifras hechas públicas por la senadora Constanza Moreira, se dedica al aparato policíaco militar casi que 10% del presupuesto nacional, cifra mayor que lo asignado a los ministerios de Industria, de Desarrollo Social, Salud Pública y Ganadería sumados. El ministerio de defensa contaba con unos 13.000 funcionarios en 1960 (Uruguay Batllista, gobierno del Partido Nacional), pero luego con la dictadura se produjo una inflación de milicos, cuyo número se elevó a más de 30.000, volúmen que se mantiene hasta la actualidad, porque en las fuerzas armadas revistan 27.000 soldados y oficiales. Como el monto absoluto del presupuesto en millones de pesos ha crecido muchísmo, ha ido cayendo la proporción del gasto público que se dedica a las fuerzas armadas: del 18% en 1974 al 4.2% en el 2012, pero se mantiene el tamaño del mastodonte.

Los sueldos de los “soldados de la patria” aumentaron un 100% (sí, un cien por ciento, como el de los policías) con los gobiernos progresistas; el doble que lo aumentado a las 27.000 maestras y maestros que hay en Uruguay, el doble que lo aumentado a los profesores.  Al parecer la política salarial para los funcionarios del Estado estimula a elegir la carrera militar en lugar de la docencia, hay maestras que están pensando seriamente en ingresar a la policía.

Como el presupuesto es la concepción política expresada con números contantes y sonantes, se puede deducir que el eje del pensamiento de este gobierno es el fortalecimiento liso y llano del aparato represivo. ¿Porqué los rubros presupuestales no alcanzan para pagar la deuda social?  Respuesta sencilla: porque primero se contribuye con las arcas vacías de la banca que ha llevado el mundo a la crisis, luego se alimenta el mastodonte policíaco militar que crece y crece y recién después, con lo que sobra se cubren las necesidades de vivienda, salud y educación de la población. Lamento informar a los lectores más oficialistas que el presupuesto enviado por Mujica al parlamento no difiere demasiado del que enviaba Jorge Batlle, ¿será que las mayores transformaciones se han dado en el discurso  mediático? .  El Uruguay Productivo, el Uruguay Social y el Uruguay Educacional están archivados para sacarlos a relucir nuevamente en la cacería de votos del 2014.... ¿vale la pena pintar tantos muros con consignas que huelen a verso?

 

La tutela

  

Un mastodonte anida  en las entrañas del Estado. Un monstruo que limita la capacidad de decisión del resto de los uruguayos. La tutela se expresa en:

 

UNO: la influencia decisiva en la interna frenteamplista determinando que todavía permanezcan impunes la enorme mayoría de los crímenes de lesa humanidad cometidos por los militares. En el Congreso donde polemizó con Cores sobre la ley de impunidad, Fernández asumió la representación de la ideología de las fuerzas armadas, fue su portavoz hacia la interna del Frente Amplio.

 

DOS: sus intereses políticos y económicos siguen siendo decisivos para que el Uruguay continúe participando en la intervención político militar en Haití. Cuando en el Parlamento se decida poner fin a la ignominia de la MINUTASH, se deberá debatir con las fuerzas armadas que estarán representadas en sala por Rosadilla o Fernández. Ya le costó la renuncia a Guillermo Chifflet, el único parlamentario digno que tuvo la legislatura pasada.

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TRES: los mandos militares mantienen una diplomacia secreta que los subordina al imperialismo y establecen acuerdos que no informan al gobierno. Limitan y contradicen la voluntad del Frente Amplio, cuyo programa prescribe desarrollar la UNASUR en abierta contradicción con la estrategia de los EEUU, apuntando a defenderse del único posible enemigo de los pueblos latinoamericanos.

 

CUATRO: presionan para que sus “presos políticos” estén recluídos en una cárcel privilegiada, el ministerio de defensa paga sus abogados... defienden la impunidad de sus crímenes y limitan la capacidad de iniciativa  por Verdad y Justicia que pudiera tener un gobierno. 

 

CINCO: Pienso que eliminar totalmente las fuerzas armadas sería la medida necesaria pero, adecuándose  a la correlación de fuerzas actual... ¿qué pasaría si el Parlamento decide reducir a la mitad el personal de las fuerzas armadas? ¿Habría una insubordinación militar genralizada? ¿Otro golpecito? En definitiva, este ejemplo práctico sirve para darse cuenta que el partido militar está presente, limita la capacidad de decisión del parlamento y del pueblo que los votó para que llevaran adelante otro programa. Esta democracia progresista está tutelada. 

 

 

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