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Ceibal y Google: ¿Discusión válida o doble discurso? por Omar Paganini

publicado a la‎(s)‎ 17 jul. 2015 9:45 por Semanario Voces


Mi amigo Hoenir la emprendió contra el acuerdo de ANEP, CEIBAL con Google, acuerdo cuyo objeto es que se puedan usar las “Google Apps” en las ceibalitas sin costo. Según él, recogiendo opiniones de terceros que se han manifestado en Brecha y La Diaria, entre otros medios, de esta manera estaría introduciéndose una visión instrumental de la educación, orientada a formar individuos acríticos y sin capacidad de aprendizaje teórico. Además, le preocupa el uso de la información de nuestros escolares que, adquirido por medio de este acuerdo, podría hacer Google en el futuro.

Hoenir se suma así a una seguidilla de declaraciones, artículos en la prensa, manifiestos, cartas, etc. Ahora bien, llama la atención que entre tanta crítica ilustre, a veces tranquila y otras veces desaforada, nadie esté hablando de la sustancia del acuerdo, de qué son las Apps de Google, y qué quiere decir este acuerdo para la enseñanza pública uruguaya.

Google Apps

Las Google Apps son meramente instrumentales, es cierto. En rigor se componen de varios sistemas en la web, o “en la nube”, que todos conocemos y muchísimos usamos: Gmail (correo electrónico), Google Docs (editor de texto), Google Spreadsheets (planilla de cálculo), Google Slides (presentaciones) y Hangouts (sistema de chat, audio y video conferencias). Es un conjunto de herramientas de las llamadas “ofimáticas” como las que se  vienen usando desde que llegó el PC y la Internet. Hemos usado las de Microsoft (Outlook, Excel, Word, PowerPoint, Skype), hemos usado las de Lotus (¿se acuerdan?), y también de OpenOffice y de Mozilla. En algunos casos, mediante programas instalados en nuestros PCs, en otros, utilizando infraestructura “en la nube”, que está en rigor en “data centers” (granjas enormes de servidores) en el exterior. En algunos casos, pagando licencias por uso, en otros, sin hacerlo por ser gratuitas.

¿Los que usamos estas herramientas ofimáticas (en cualquiera de sus versiones) pensamos que lavan nuestro cerebro? ¿Que inhiben nuestro pensamiento crítico? ¿Que limitan nuestra comprensión del pensamiento teórico? No parece ser lo que piensan ninguno de los centros de excelencia del mundo, universidades, centros de investigación, organismos públicos, compañías privadas, a estar por el enorme uso de este tipo de herramientas que todos hacen. Tampoco es lo que practican la mayoría de los que critican el acuerdo con Google, dado que todos ellos usan este tipo de herramientas, ¿o es que siguen con la máquina de escribir y el retroproyector, el correo manuscrito y la máquina de calcular de manija? Los cientistas sociales más destacados, los físicos más encumbrados, los financieros exitosos, los historiadores más reconocidos, y otra gente menos destacada, como todos los que humildemente practicamos la docencia y la investigación, utilizamos estas herramientas.

Desde que existen las versiones “en la nube”, además, hemos aprendido a colaborar a distancia, a editar documentos entre varios, a conversar sobre nuestro trabajo mientras estamos a miles de kilómetros, a discutir acaloradamente en reuniones virtuales, opinar sobre lo que nos parece mejor o peor, atacar teorías que nos parecen equivocadas y aportar en debates constructivos y de los otros.

Entonces, francamente, es difícil de cuestionar que se ponga a disposición de los escolares del sistema público uruguayo este tipo de herramientas, a costo cero para el Estado. En todo caso, lo que es responsabilidad de nuestro sistema educativo es formar a la gente con capacidad crítica y de pensamiento teórico, pero eso no se verá frenado para nada por las Google Apps, antes bien, se puede ver potenciado y multiplicado al aumentar las capacidades de interacción y de producción de contenidos de los escolares y liceales. El desafío es, justamente, potenciar ambas, y nada en la naturaleza de cada una excluye a la otra.

El interés de Google

Pero ¡qué ingenuidad la nuestra! ¿Es que pensamos que Google es tonto? ¿Qué nos regala cosas a cambio de nada? La verdad es que, en el peor de los casos, Google no estaría haciendo nada que no haya hecho antes con nosotros: daría acceso a su plataforma, a cambio de poder conocernos mejor, para luego utilizar esa información para sus fines organizacionales. En el caso de las "Google Apps" comunes, nos ofrece productos en el contexto de lo que estamos necesitando, cobrando al anunciante. Todos hemos visto como en la derecha de la pantalla de Gmail aparecen ofertas de cosas relacionadas con la temática de nuestros mails. O como en la pantalla del buscador aparecen resaltadas en amarillo ofertas de cosas que estamos buscando. Nos ofrece algo que probablemente necesitemos y genera entonces negocios para sus anunciantes. De esa manera Google genera ingresos y soporta su negocio. El usuario acepta esa presencia en el costado derecho de la pantalla, a cambio de acceder a las aplicaciones de Google sin costo.

Pero en el caso de las “Google Apps for Education” no se coloca publicidad y por esa vía no se están generando ingresos. Cuando se licencia para universidades o instituciones educativas generalmente Google les cobra a éstas, pero es importante subrayar que el acuerdo con Ceibal se consiguió sin costo. Puede pensarse entonces que a Google le interesa, como a todos, ampliar su base de usuarios y de ahí su interés en la educación aún sin generar ingresos. Además, al contar con más usuarios se genera información más significativa sobre lo que pasa o interesa, para eventualmente generar nuevos negocios, así como, más en largo plazo, alinear mejor sus productos con las necesidades e intereses de los usuarios. Por poner un ejemplo de estos usos más sofisticados de la información, imaginen que hay muchos usuarios de una ciudad buscando información de antigripales. Google podría informar a los laboratorios para prever un aumento de demanda, o a las autoridades estatales para prever un eventual brote epidémico. Y puede haber muchos ejemplos parecidos.

¿Es esto legítimo? En principio seria generar un servicio valioso, si se evita violar la privacidad de las personas o generar manejos abusivos. Y Google tiene contratos de uso escudriñados por el sistema judicial de los países desarrollados, que le impiden manejar la información identificando a las personas o grupos de personas, y otras salvaguardas por el estilo. Y es cierto que este asunto, el de las salvaguardas y protecciones a los datos y su manejo, es delicado y relevante. Pero hay un dato importante al respecto, que los críticos no suelen difundir, y es que la Unidad Reguladora y de Control de Datos Personales ha dictaminado que el acuerdo de Ceibal con Google en este sentido es adecuado (http://www.ceibal.edu.uy/Documents/Dictamen-12-2015%20%28URCDP%29.pdf).

Ahora bien, ese podría ser tal vez un aspecto razonable para discutir y ver si hay lugar a mejoras eventuales, en vez del rechazo de plano a este acuerdo como viene siendo planteado por sus críticos. Porque, si lo rechazamos, ¿qué es lo que proponemos? ¿Que los escolares no tengan acceso a la ofimática? ¿Que la tengan “fuera de la nube”, en la computadora de cada uno? ¿O estarán buscando una “solución criolla en la nube”? ¿O más bien prefieren que no haya nube en absoluto para los alumnos de la enseñanza pública, mientras ellos y su entorno sí usan estas herramientas que consideran “peligrosas”?

Entonces, a dejar de lado los maniqueísmos, las grandes conspiraciones y la comodidad de la crítica sin alternativas, y a pensar con la cabeza puesta en este mundo de hoy. Un mundo donde hay Internet, donde hay aplicaciones en la nube, que todos usan y que a todos les aportan; un mundo donde entre otras cosas hay gigantes como Google, Apple, Twitter y Facebook, cuyos servicios todos usamos. Se trata de encontrar un camino adecuado, insertos con inteligencia en esa realidad, no encerrarnos en la comodidad de la crítica y dejar que el mundo transite por delante nuestro, y nos deje en un costado.  O peor, que dejemos en un costado a los escolares del sistema público, en otro caso de doble discurso tan común en nuestro país.

Los datos personales, la privacidad y el futuro

Son problemas reales de la tecnología del presente la pérdida de la privacidad y el aseguramiento de la información, sin duda, y estos son temas que deben ser gestionados. Pero si nos preocupa lo que haga Google con nuestros datos, ¿no nos preocupa lo que hacen otros que también los tienen? ¿Por qué no escuchamos al mismo coro de voces preocupado por el “Guardian”, que le va a dar a varias autoridades y a muchos funcionarios la posibilidad de leer nuestros emails y revisar nuestras llamadas y mensajes? ¿Y sobre el posible cruzamiento de nuestros datos de salud, nuestros antecedentes laborales, nuestros datos financieros?

Toda la problemática de los enormes volúmenes de datos que la tecnología actual produce sobre nosotros, y su uso, es sin dudas un tema muy serio y amerita una buena discusión al respecto. Podríamos incluso encontrar que Google tiene al respecto mejores prácticas que nuestra sociedad y nuestras propias instituciones. Esa discusión sí la deberíamos estar encarando, en lugar de esta reacción irracional frente a un acuerdo que puede discutirse, pero permite a nuestros escolares utilizar la misma tecnología que la mayoría de nosotros – incluso los críticos del convenio – ya usamos en alguna de sus variantes.

 


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