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CERRANDO LOS OJOS, ¿LLEGAR A PRIMERA? por Jose Luis Baumgartner

publicado a la‎(s)‎ 7 sept. 2012 17:14 por Semanario Voces
 

 

 

Jerónimo Roca, subdirector de la OPP aseguró que la transparencia fiscal impuesta por el Presidente convirtió a Uruguay en un país de primera. Defendió la gestión del gobierno y aseguró que se priorizó la inversión de calidad.

Se trata de “llegar a ser un país desarrollado en 30 años –puntualizó- pero con una distribución del ingreso mucho más justa. “No quedan dudas de que se han hecho grandes avances en ese sentido y la política  fiscal del gobierno ha mejorado la distribución, al punto que la brecha de la desigualdad bajó muchísimo”.

 

Por su parte, Arturo Porzecanski (economista compatriota que ha desarrollado su carrera en el exterior con gran éxito) dijo el año pasado a El País (citado por Javier de Haedo en Voces, 30/8/12, pág. 2) que “la bonanza económica actual es coyuntural en América Latina”, y ella se basa en “el auge de las exportaciones de materias primas y la corriente de liquidez internacional que busca rentabilidad”, señalando que algunos países del área (Chile, Colombia, Perú, Brasil y Uruguay) están bien manejados; pero aún en ellos “no se están llevando las reformas para reducir la burocracia estatal, instrumentar una educación de calidad, mejorar la salud pública, modernizar la infraestructura  pública y reducir la criminalidad y la corrupción. Y si no tenemos el coraje de hacer ahora esas reformas estructurales modernizantes, vamos a quedar mal parados el día que se desplomen los precios de nuestras exportaciones y se acabe el crédito barato”.

 

Un país de primera, bien conducido, con eventuales dificultades en el ascenso, debidas a factores no manejables por nosotros. (Mientras China e India persistan en la costumbre de comer y evitar las hambrunas los riesgos serán menores).

 

Ambos especialistas omiten lo esencial.  

Uruguay no tiene unidad nacional.

 

Está drásticamente dividido; y poco se ha hecho con sentido programático para procurar la integración efectiva, en comunidad, de todos con todos.   

La realidad es que, por sobre las declamaciones y el oportuno uso electorero de la gente, hay dos países, dos escalas de vida y civilidad, dos segmentos ciudadanos que sintiéndose extraños uno al otro, se rechazan mutuamente: los cantegriles (el arrabal malamente escamoteado) y la mayoría de la población.

Somos 3 millones  200 mil personas. Un montoncito. Con todo para plasmar una patria unánime.

No estamos en zona de terremotos y tsunamis; no sufrimos la devastación de sequías duraderas ni de brutales inundaciones; carecemos de montañas, junglas y desiertos; no tenemos deslizamientos de tierra ni pestes; los alimentos alcanzan y sobran; no hay minorías raciales. Pero, en un proceso que lleva años de años, la despoblación rural, el desempleo, el asentamiento  periférico y la incuria gubernamental han sido disolventes más fuertes que la naturaleza.

A través de los niveles de ingreso y la ineducación llegamos a la más tajante bipolaridad cultural.

En los extremos, unos, los mejor ubicados económica y socialmente, disfrutan a paladar de la “bonanza económica actual”, mientras el último quintil (cientos de miles) hace la suya en condiciones de vida infrahumanas, está al margen de la modernidad, cultiva sus propios valores, íntimamente consustanciados con la violencia, la exclusión y el atraso educativo, habla y piensa distinto, mostrando su extraterritorialidad en ocasión de infortunios personales (los consabidos incendios de todas las semanas) o colectivos, en los que el primitivismo de la situación se demuestra terriblemente descarnado.

 

La semana pasada llovió seguido. De a ratos, torrencialmente; de a ratos, casi nada. La tele mostró efectos en los cantegriles: fangales, brechas devenidas torrentes, habitáculos con medio metro de mierda líquida de los pozos negros desbordados, los habitantes chapoteando en ese desastre que se les repite cada dos por tres. “¿Cómo puede vivir esa gente así?” –le brotó a un periodista-.  Por las de ellos, no tienen otra.

 

¿Qué ha hecho el presidente tupa? Multitud de plancitos que se superponen. Calafateos, Mejoras en el sitio. Retoques. Algunas viviendas.

Todo quedará como está. El suburbio y ellos, allá; y nosotros acá, en la civilización.

 

¡Pepe no podés irte así! ¡Tenés que ERRADICAR LOS CANTEGRILES! ¡Borrar las fronteras! ¡Liquidar esa tugurización a todo nivel! ¡Globalizar la equidad! ¡De una, ya –se te acaba el tiempo-!

Es una tarea de inclusión, fundacional; de unidad nacional; de seguridad colectiva.

 

¿Con qué fondos se hace frente a los gastos de esta guerra contra la injusticia y el absurdo?

Con el hierro que tenemos enterrado; con deuda externa a largo plazo; con la soja y la madera; con las miles de casas abandonadas en Montevideo.

¡Determinación y huevos de puma –que en otro tiempo no te faltaron-¡

                                                                                               

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