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CONSTANZA EN LA HORA CERO Por Luis Nieto

publicado a la‎(s)‎ 7 jun. 2014 9:49 por Semanario Voces


De todas las internas, a pesar de lo que se diga, la del Frente Amplio es la más competitiva. Quien piense que con la designación de Tabaré Vázquez se cerró la pugna interna es porque sus deseos son más fuertes que la luz que este conflicto propaga hacia todos lados. Es más, llega cuando ya parecía que nada nuevo le esperaba a la izquierda uruguaya, casi tarde, casi cuando todas las voces se guarecieran en el silencio de la comodidad, porque salir de esa zona de confort que da el poder conlleva el tremendo sacrificio personal de casi dejar de pertenecer, casi ser excluido, casi firmar una muerte política más que probable.

El nombre de Constanza Moreira apareció en 2007 como una alternativa desde fuera del aparato partidario. Rebotó, pero dos años más tarde era electa senadora por ese catch all criollo que es el Espacio 609. Más que por su labor parlamentaria, Constanza Moreira pareció ascender por entre las fisuras de una izquierda que se ha salteado varias etapas, en la prisa de barrer para abajo de la alfombra. Alguna de ellas, nada menos, referida al modelo de socialismo que caracterizó al Siglo XX, a la que la izquierda uruguaya ha prestado demasiada atención. Otras, absolutamente vigentes. La izquierda, en términos generales, ha guardado y guarda silencio con respecto al papel de la mujer en el islam, cuando debiera ser motivo de una lucha tan radical como lo fue, en su momento, el apartheid en Sudáfrica. Después de haberse derrumbado el modelo de gestión paradigmática del socialismo del Siglo XX ni una palabra crítica, todo bajo la alfombra. Aquí, entre nosotros, la lucha electoral licuó la Reforma Agraria, la nacionalización de la banca y el no-pago al FMI. Memorias del pasado. Hasta un puñado de tupas tragó el agua salada que debió tragar para sujetarse a los restos que quedaron flotando después del naufragio, y ahí están, ocupando el lugar de los cajetillas, y aprovechando la labor de los cagatintas para dar una visión virtuosa del pasado, porque ese era el lenguaje, ¿o ya nos olvidamos? Nada ilegal, es cierto, pero el decoro aconsejaría un poco de autocrítica. Por entre esas grietas ha aparecido en Uruguay, y en varios otros países, una generación que se muestra desafiante, no necesariamente agresiva, a la que, como dice Constanza Moreira “nos gusta la democracia, las elecciones no nos parecen aburridas” en evidente alusión a las palabras de Mujica.

Quedó por el camino en una puja desigual, hasta la última noche en que Vázquez cerró la campaña a toda orquesta en cadena Andebu. Una larga intervención para fundamentar su eslogan de que vamos bien. La gente de Constanza habrá mascado la bronca y anotado, porque estas cosas pueden parecer que caen en el olvido pero las minorías tienen peso dentro del Frente Amplio, dependiendo de las circunstancias, y si el efecto Constanza no se disuelve en la frustración de perder con el más grande, seguirá como una piedra en el zapato zurdo. Con el tiempo tendrá mucho para ganar, sobre todo si esa piedrita sigue estando hasta volverse un verdadero martirio. Crucificarla será difícil. Es indudable, y además lo ha dicho, que su postura pretende canalizar la opinión femenina, ninguneada con argumentos más o menos rebuscados. El 52% de la población no tiene una representación proporcional, tiene un tratamiento de minoría. Tabaré Vázquez había anunciado, tres elecciones atrás, que su ministro de Economía sería una ama de casa ¿se olvidó eso? De haber sido así quizás nos hubiésemos librado del monumental clavo de Pluna, si es que esa ama de casa hubiera actuado de acuerdo a la connotación austera que Vázquez quiso poner de manifiesto en su elección.

Seguramente Constanza Moreira volverá al Senado a dar la batalla. Esta, sin dudas, es la última elección antes que los partidos políticos se renueven casi totalmente. Tuvo la valentía de desafiar al aparato y de presentarse ante la opinión pública como ninguna otra mujer de la izquierda se había presentado. Ha tirado dos o tres piedras a las aguas quietas, como el cuestionamiento que hace sobre el giro de la izquierda respecto a las Fuerzas Armadas, a las que quisiera reducir a un número sensiblemente inferior al que tenían antes de la dictadura. Es obvio que de haber competido con candidatos frentistas de su generación, que representen la renovación, su suerte podría haber sido otra. Pero no sólo para ella, quizás también para el Frente. ¿A qué le tuvo miedo el FA al no propiciar un cambio general en estas elecciones, en particular teniendo una candidata que asumía el desafío? No sólo las mujeres de la izquierda, tampoco las uruguayas tienen quien las represente. ¿Es Constanza Moreira la izquierda de la izquierda…? Eso parece ser otra cosa.

Cuesta ubicar los cambios que hubo en el mundo en los últimos 25 años. Así como desapareció la URSS, la multilateralidad ha ganado fuerza, y hoy, quizás, aquella máxima de Mao de que el imperialismo era un tigre de papel parece más real que una frase ingeniosa. China se ha transformado en una potencia económica y algunos analistas opinan que ya ha desplazado a Estados Unidos. La generación del 68 creció mientras Argelia se quitaba a Francia de encima. Pero así como han desaparecido el apartheid y las numerosas colonias que los países europeos mantenían en Asia y África otros motivos han cobrado visibilidad para mantener alerta a la rabia de quienes luchan contra los males del mundo. ¿Sigue siendo un signo identitario la lucha contra el FMI, la deuda externa y la libertad de los pueblos? ¿En qué quedaron aquellas audiciones diarias por CX 30 en las que el contador Astori hacía pedagogía con la deuda impagable? Sin embargo, no se oyeron voces uruguayas indignadas por el ataque a la joven Malala Yousufzai, abanderada de la educación libre para las mujeres en Pakistán. Los paradigmas cambian, la izquierda parece que también. Constanza Moreira viene a decir que ella no, que quiere seguir remando contra corriente. También en Chile, Marco Enríquez-Ominami comenzó, en un proceso similar, a forzar la interna del Partido Socialista. Muy recientemente, Pablo Iglesias, un joven profesor universitario español de 35 años dio la sorpresa tras haber aparecido de la nada, para, en pocos meses, haber transformado su nueva fuerza política (Podemos) en una representación significativa en el Parlamento Europeo. Algo parecido se había dado antes en Italia, donde políticos experimentados no le encontraban la vuelta a la crisis hasta que el presidente Giorgio Napolitano llamó a Matteo Renzi, el joven alcalde de Florencia, de 39 años, para ocupar el puesto de Primer Ministro.

Tanto Enríquez-Ominami como Pablo Iglesias o Matteo Renzi irrumpen desde las mismas grietas por donde apareció Constanza Moreira, en medio de un cambio de paradigmas que a la izquierda le cuesta interpretar. El cambio climático y el papel de la civilización contemporánea ante el mismo no tuvieron en los países socialistas un freno sino un acelerador. Hoy, mientras los países occidentales desarrollados invierten en la investigación de fuentes de energía limpia tras sufrir la presión incesante de colectivos minoritarios que vienen llamando la atención sobre estos temas desde, por lo menos, treinta años atrás, la ex Unión Soviética y China han entrado con fuerzas en la carrera por contaminar el planeta, sin que existan grupos de presión interna que puedan contribuir a mejorar las políticas ambientales. El derecho de la mujer a recibir una educación igual a la de los hombres, entre otros derechos, está sumamente limitado en los países musulmanes. En este mismo momento, Mariam Ishaq está condenada a muerte en Sudán por haberse casado con un católico y haber tenido un hijo con él. El juez que decretó su condena también anuló el matrimonio. La injusticia del mundo ya no se constriñe al modo en que se acumula el capital, aunque esta acumulación es cada vez más acentuada y obscena. ¿Podrán los jóvenes que irrumpen en partidos consolidados, con experiencias de gobierno, interpretar los nuevos focos de atención y dar una respuesta que consiga resultados? ¿Podrá Constanza Moreira y su joven formación política, Ir, quitarle al Frente el miedo a perder una elección a cambio de reencontrarse con la esencia contestataria de la izquierda de todos los tiempos? Su verdadero desafío recién empieza.


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