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Cortando grueso: Montevideanos

publicado a la‎(s)‎ 10 may. 2010 20:35 por Victor Garcia | Semanario Voces
Los números de las encuestas marcan determinadas tendencias que preocupan a la cúpula frentista. Y de todas partes salen los argumentos para asegurar un triunfo: llamando a la coherencia, a la lealtad, a no darle armas al enemigo, a no debilitar el proyecto y un montón más de piezas retóricas que no me terminan de cerrar. 

Si todos sabemos que el Frente Amplio vuelve a ganar en Montevideo, ¿cuál es el motivo de preocupación? 



Pensando como encarar este tema me vino a la memoria el libro de José Saramago, Ensayo sobre la lucidez, donde el autor cuenta la historia de una ciudad desconocida y sus elecciones municipales. 

Por motivos inesperados la población masivamente vota en blanco y se desata una crisis descomunal que conmueve a todo el país. 

La novela se desarrolla contando las peripecias de las autoridades buscando una explicación al fenómeno ocurrido y tomando medidas contra lo que termina definiéndose como un complot antidemocrático. La novela del escritor portugués es atrapante y motiva a pensar. La recomiendo. Pero el objetivo de este artículo es otro y allá vamos. 





VEINTE AÑOS ES MUCHO 

No somos recién llegados al gobierno municipal, tenemos dos décadas arriba y vamos a llegar al cuarto de siglo con esta nueva administración. Toda una vida, para muchos montevideanos. 

Se hicieron cosas, es verdad, pero seamos honestos lo usamos en gran medida como una vitrina de lo que era la izquierda gobernando, para poder llegar al gobierno nacional. 

Así la intendencia cumplió funciones sociales que no son las tareas que le corresponden directamente. Estoy pensando en el tan mentado ABC (alumbrado, basura y calles). 

Y como veníamos con viento a favor, dale que va, Montevideo es nuestro y hacemos lo que queremos. Año tras año fuimos creciendo en el apoyo popular y llegamos a la elección del 2005 con un 60 % de los votos. No es poca cosa. Pero la seguridad de tener el control 

no siempre es una buena compañera de viaje, porque genera soberbia y también desidia. 



PARADIGMA MONTEVIDEO 

¿Qué ciudad soñamos? Porque nadie puede querer vivir en una ciudad sucia, descuidada, hostil, contaminada. 

¿Qué servicio público deseamos? Porque no creo que nadie esté satisfecho con un tránsito enloquecedor, ni con oficinas burocráticas que son una máquina de impedir más que de hacer. 
¿Qué funcionarios añoramos? No existe un ciudadano que quiera ser atendido por un municipal con cara de amargado, que parece el personaje de Gasalla, y que da la impresión que lo estamos molestando con nuestra presencia. 

¿Qué descentralización precisamos? Porque si generamos dieciocho Centros Comunales Zonales con muy pocas atribuciones (solo se podían realizar allí cinco trámites completos) y que al día de hoy la mayoría de los montevideanos ni sabemos dónde están, ni para qué sirven al cabo de diez años, andamos medio mal rumbeados. 

¿Qué directores municipales nombramos? Porque si los elegidos son compañeros militantes que no saben un pomo de gestión o administración de recursos, pero son de la confianza política del intendente de turno, la cosa no funciona. 



BALANCE IMPRESCINDIBLE 

Seamos honestos y entre bomberos no nos vamos a pisar la manguera. Todos sabemos que la gestión frentista fue superior a las anteriores, eso está fuera de discusión. Pero no intentemos tapar el sol con un dedo. Todo lo bueno realizado no justifica las carencias y los errores cometidos. El viejo discurso de la izquierda defendiendo la falta de libertad del sistema soviético porque nadie pasaba hambre o porque tiraron el Sputnik, no corre más. Y menos para un gobierno municipal. No me alcanza con el saneamiento, las veintiún policlínicas y el parque Liber Seregni, quiero más. 

Y la Intendencia tiene enormes carencias, todos las sabemos. 

La responsabilidad es política, de toda la fuerza política, de los que ocuparon cargos y de los que hicieron la plancha. De los que tuvieron el control y no controlaban nada. 

¿Cuántas auditorías se hicieron? ¿Cuántos sumarios? ¿Cuántos despidos? ¿Cuántos ingresos digitados? ¿Cuántas prebendas otorgadas? ¿Cuántos viajes sin sentido? ¿O acaso el único pelo en la leche se llamaba Bengoa? 

No embromen. Hubo errores en la administración Vázquez, en las de Arana y en la de Ehrlich, asumámoslos. No fuimos capaces de generar en los funcionarios una identificación con el proyecto, no logramos que se pusieran con orgullo la camiseta de ser municipales. No logramos generar identidad montevideana en la población capitalina, cuidando y mejorando la ciudad entre todos. 

No vamos a construir una ciudad de primera, metiéndonos versos 

de que Montevideo es una ciudad ideal y todo es color de rosa. 

Falta mucho, nos faltó mucho. 



LA HISTORIA DEL ELEFANTE BLANCO. 

No voy a hablar del elefante blanco, es un mito el elefante blanco, 

no existe un elefante blanco, ¡bórrese de la mente el elefante blanco! 

¿A qué usted está pensando ahora en un elefante blanco? 

Es un viejo recurso en política el nombrar, aún por la negativa aquello que queremos destacar. Y fuimos testigos en los últimos, tiempos de que sin cesar, se hablaba del voto en blanco, sobre todo argumentando en contra. A saber, yo fui el único boca abierta, el único nabo, que afirmó que votaba en blanco y además (dos veces nabo) todavía, me dio por escribirlo. 

La cuestión es que el tema está en el candelero y está que arde. 

Surgen entonces los llamados y las proclamas. Las apologías de contratapa y las canciones folklóricas. Los manifiestos y las explicaciones teóricas. Las declaraciones de fe frenteamplista y la argumentación de que esto es como un plebiscito a favor del gobierno. Los ultimátum y los análisis de qué es lo que le duele más a la interna. Las enseñanzas históricas de lo que debe hacer la izquierda. Pasamos de la historia del elefante blanco a la histeria del voto en blanco. Y lo que creo que no perciben es que muchos frentistas no nos tragamos más pastillas. Eso de que no es el momento, que después de las elecciones discutiremos, que las mayorías especiales en la Junta son fundamentales, que vamos por más, que ahora va a mandar a una mujer, y no sé cuantos más loables motivos para acatar la resolución de unos pocos. 

Es como aquellos versos de que con la revolución, va a haber equidad de género, se acaban los ladrones y la violencia doméstica y donde te descuides, todos seremos rubios y de ojos celestes. Somos grandes y usamos nuestras cabezas. Y usamos la única arma que tenemos disponible: nuestro voto. 

Es simplemente un llamado de atención, y la convicción de que el Frente Amplio es un instrumento y no un fin en si mismo. Porque cuando la estructura se vuelve la razón central de su existencia, empieza la decadencia y no hay mística o historia gloriosa que la salve. Sería bueno abrir los ojos, mirar alrededor y cambiar la pisada. Porque me temo que de seguir así, vamos a tener como libro de cabecera otra obra de Saramago: “Ensayo sobre la ceguera”. 

>> por Alfredo García

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