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CORTANDO GRUESO: Rechazo el fundamentalismofeminista, ¿seré misógino?Por Alfredo García

publicado a la‎(s)‎ 2 dic. 2011 8:00 por Semanario Voces
 

“A la mujer cuando es buena
no hay plata con qué pagarle,
pero cuando sale mala,
no hay palo con qué pegarle”.

Coplas Orientales - A. Zitarrosa

 

 

Me rompí la cabeza pensando cuándo, el tema de la violencia doméstica, tuvo tanto espacio en los medios como el jueves pasado, y -la verdad- no encontré otro caso. Decenas de actos, papeles, fotos y marchas, revistas y comunicados durante años, no lograron el diez por ciento de la publicidad que logró la volanteada del Pepe. Las reacciones que desató el libretazo del presidente me hacen pensar en que algunas militantes de género sufren el síndrome de la parda Flora.

 

Estoy convencido de que vivimos en una sociedad profundamente machista. Estamos a años luz de una sociedad igualitaria donde las personas sean valoradas por igual, más allá de su género. Mal que nos pese debemos reconocer que el mayor aporte para la liberación femenina en nuestro país lo hizo la dictadura militar, al obligar a la mujer a insertarse al mercado de trabajo como forma de sobrevivir. Recién allí afloraron las guarderías por doquier, para cuidar a los niños de las trabajadoras; y una vez que se entra a tener independencia económica, no hay vuelta atrás. Les pasó a las uruguayas, como antes había pasado en otras latitudes anteriormente. Y la mujer ya no sale solo a trabajar: estudia, se capacita y comienza lentamente a ocupar espacios. Hoy por hoy, más del cincuenta por ciento de los estudiantes universitarios son del sexo femenino.

 

LA IZQUIERDA MACHISTA

El fragmento de la canción de Zitarrosa que encabeza esta nota es solo un ejemplo de cómo la izquierda ignoró (y muchos aún lo hacen) el tema de la liberación de la mujer. Durante décadas se afirmó que la igualdad vendría con el socialismo y que la lucha de género era poco menos que un invento de la pequeñoburguesía para desviar la atención del verdadero motor de la historia: la lucha de clases. Le erramos como a las peras, y por suerte existieron aquellas pioneras como Fanny Puyeski, que siguieron machacando con el feminismo. Hay que reconocer que hemos avanzado, pero mucho menos de lo deseado y todavía hay muchos izquierdistas que toman este tema como algo menor. Si no, resultaría inexplicable la férrea oposición de muchas a la cuota femenina.

FEMINISMO EN RETROCESO

El sistema imperante es fantástico en su capacidad de adaptarse a las nuevas realidades. Convencieron a millones que la liberación femenina pasaba, primero por fumar (“Has recorrido un largo camino muchacha” Virginia Slims); luego por volverse profesional, después por usar tampones o toallitas ultrafinas, para terminar siendo empresarias y eternamente jóvenes gracias al botox. Ideológicamente la lucha de género viene perdiendo por goleada y los grupos feministas primigenios pesan cada vez menos. Y las que se mueven por temas tan importantes como el aborto o la violencia doméstica, son unas pocas. Las mujeres uruguayas están perdiendo la batalla cultural porque los antiguos estereotipos siguen campeando a troche y moche.

ROSADITO PARA LA NENA

En pleno siglo XXI cada que vez que comprás un regalo te preguntan el sexo del homenajeado para ver el color de la moñita. Persiste esa manía de ponerle las caravanas a las bebas recién nacidas, marcándolas desde chiquitas como futuro objetos. Vivimos una etapa de absoluta liberación sexual, hoy nadie se espanta de los condones o las pastillas, y la virginidad pasó a ser un antiguo mito. Pero a nadie parece preocuparle que sea lo más común que los jóvenes machos utilicen prostitutas a destajo. Perdón, ya no se denominan así, ahora son trabajadoras sexuales y hasta están sindicalizadas. Nunca escuché a las feministas locales haciendo ningún tipo de campaña al respecto. ¡Qué lejos estamos de sociedades igualitarias como las nórdicas! Donde no solo se prohíbe la prostitución, sino que se penaliza al cliente. Los “cafiolos” no existen por aquellos lares.

Jamás vi que se impulsara un boicot a las empresas que utilizan propaganda sexista para vender sus productos. Ya sean repuestos, baterías de auto o chocolate. Y, ¡por favor!, a quien se le ocurre censurar la utilización de la mujer como objeto en la televisión, y no estoy pensando solamente en Tinelli y su pornomatch, me refiero a muchos programas nacionales donde importa más el tamaño de las tetas de la conductora que lo que dice.

Hace unos meses, como un predicador en el desierto, el Alcalde de La Paloma cuestionó -con razón- el uso de las promotoras como una práctica sexista. Le dijeron de todo menos que era lindo y el heroico movimiento feminista vernáculo lo dejó más solo que el uno.

Ejemplos sobran, basta con mirar un poquito la realidad tal cual es, sacándose las orejeras de los trabajos para los organismos internacionales, que financian generosamente muchas actividades. Pero algunas militantes de género han profesionalizado su lucha, y la supervivencia de la ONG parece pesar más que el desarrollo de las ideas que las inspiran.

PASPADO CON EL TODOS Y TODAS

Soy de los que todavía abren la puerta para que pase primero una mujer o le cede el asiento en el ómnibus, me lo grabaron a fuego en mi infancia y no he podido superar ese paternalismo machista.  Sin embargo fui un padre que en los setenta (ahora es lo más normal, por suerte) me quedé en casa cuidando a mis hijos mientras la madre trabajaba y lavé por decisión propia y conciencia ecologista miles de pañales de tela. Pero les juro que jamás digo ni diré nunca el meloso: “todas y todos”, me parece una reverenda estupidez, que poco y nada tiene que ver con la igualdad de los géneros.

Es quedarse en las formas y no en los contenidos. Y creo que eso pasó la semana pasada con la volanteada de Mujica. Las reacciones de la derecha cuestionando el lenguaje, o de los intelectuales criticando el bajo nivel, eran esperados. Pero que curtidas militantes feministas lo critiquen, cuando en diez minutos puso como nadie el tema de la violencia doméstica en la agenda pública, me parece una visión corta. Tuve la sensación que reaccionaron porque un hombre, viejo y medio bruto, se les apropió de un tema que creían suyo.

Es como si fueran a perder su razón de existir, la banderita propia, la consigna personalizada; en definitiva, la chacrita. Actuaron como el macho del barrio que si no define como es el juego, se lleva la pelota. Una pena.

 

 

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