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CREDO QUIA ABSURDUM Lo creo porque es absurdo - Tertuliano Por Daniel Feldman¡PERDONAME ALBERTO!

publicado a la‎(s)‎ 6 ago. 2011 15:05 por Semanario Voces
 

 

Siempre sentí admiración por los dioses olímpicos. Por convencimiento o capricho podían decidir vida y milagros de los simples mortales. ¿Quién no se imaginó en algún momento ser Zeus, el rey de los dioses? ¿O acaso Hefestos, dios del fuego? ¿Quién, aunque sea por un instante, no quiso estar en la piel de Palas Atenea, diosa de la inteligencia? Esto es válido por supuesto para sus correlatos de la mitología romana: Júpiter, Vulcano y Minerva.

Pero en este Uruguay del siglo XXI, nosotros, simples mortales, podemos sentirnos agradecidos de tener un nuevo dios, superior aún a los de aquellas gestas: Alberto Breccia, el dios del Perdón.

 

Por lo general trato de oír y escuchar  a nuestros gobernantes (especie de nuevos dioses olímpicos algunos de ellos) y también a los opositores (especie de aspirantes a nuevos dioses olímpicos o dioses destronados “otros algunos”). Es así que día a día y semana a semana voy alimentado mi capacidad de asombro.

En declaraciones al programa Quién es quién, que conduce Gustavo Vaneskahian y se emite por Diamante FM y Televisión  Nacional, nuestro nuevo aspirante a olímpico nos dice: “Este es un país que tiene todavía que trabajar mucho en materia de perdón.” Por supuesto que hace alusión a los temas de violaciones  a los derechos humanos cometidos durante la dictadura y cómo el país encara el tema en la actualidad y se perfila hacia el futuro. Parecería que cada vez que el tema amaga con encauzarse de determinada manera o la justicia toma determinadas resoluciones, algún nostálgico decide largar alguna “bombita”, como pa’ ir despuntando el vicio ¿vio?

Alberto el Magno Breccia nos esclarece diciendo que está “absolutamente seguro que una inmensa mayoría de la gente – la más carenciada, de menores recursos – nos diría que ese tema ya les dejó de interesar”. Ellos prefieren que “nos aboquemos enteramente a solucionar sus problemas”. Se refiere a vivienda, salud, educación, etc.  Tiene razón Breccia: hay que establecer prioridades. Supongo que a la mayoría de la gente le paspa la ópera, por lo cual estoy evaluando elevar una propuesta a la dirección del Teatro Solís para que en agosto, en lugar de ofrecer Cavallería Rusticana e I Pagliacci transmitan en pantalla gigante Vida, venturas y desventuras de Marcelo Tinelli y su corte, tema de amplia repercusión y preocupación popular. Podríamos poner de teloneros a algún conjunto de cumbia villera y repartir cajitas felices de pop y refresco. ¡Es lo que la gente prefiere, che!

¿Son acaso incompatibles la resolución de los problemas de vivienda, educación, salud y saber qué pasó en nuestro país, no hace mucho? Creo que quienes llevaron adelante las últimas iniciativas de anulación de la Ley de Caducidad, sin hacerse luego responsables de sus acciones, contribuyeron en gran medida a la asunción hoy de Breccia al Olimpo para que nos enseñe a perdonar, pero ese sería tema para otra nota.

Volvamos entonces al  Secretario de la Presidencia: “Es muy duro lo que estoy diciendo, pero es un convencimiento personal que tengo y lo digo”. Oíd mortales: Breccia nos avisa que lo que va a decir es duro, muy duro… ustedes, bobones, presten atención, ¿no ven que lo que va a decir el hombre es duro?

Nos habla del perdón, el que él ya ha otorgado. ¿A quién? ¿A quiénes? ¿Quién pidió perdón?

Y remata: “Cuando estén todos en prisión, nos van a pedir que no estén más en Domingo Arena, que vayan al Penal de Libertad, a pasar en condiciones de prisión graves, o serias, rigurosas, y cuando estén en el Penal de Libertad no va a alcanzar, porque nos van a decir y por qué salen al recreo…”

La verdad, me siento insultado, profundamente insultado por el señor Secretario de la Presidencia. Claro, él es un hombre superior, yo un simple mortal. Me gustaría que mostrara alguna propuesta o declaración en el sentido de sus palabras de familiares de víctimas de la dictadura o de víctimas que aún viven. A lo que hace referencia Breccia es a un ánimo de venganza y revancha que creo poder afirmar sin ninguna duda nunca existió – ni existe - en la abrumadora mayoría de la ciudadanía, con la posible excepción de algunos individuos aislados; tan aislados como dioses olímpicos.

Me cansaba Tabaré cuando nos hablaba a los uruguayos como si todos fuéramos enfermos oncológicos y el doctor nos estaba dando buenos consejos. Me cansa el Pepe cuando en sus giros expresivos hace la consabida pausita como diciendo “prestá atención que lo que te voy a decir es alta filosofía”. Me cansan los que se ponen por encima de todo y todos para decirnos que ellos son capaces de perdonar.

Todos somos capaces de perdonar doctor Breccia, aún  quienes seguimos “buscando justicia”. Acaso usted, un hombre de derecho, ¿no persigue el objetivo de la justicia? O acaso usted, un hombre de derecho que ocupa tan alto cargo en la jerarquía gubernamental, ¿no persigue con sus actos la justicia? Mal favor le estaría haciendo al país en tal caso. Pero volvamos al comienzo de la frase: todos somos capaces de perdonar. Personalmente lo he hecho muchas veces, y también he sido perdonado en muchas ocasiones. En ambas situaciones, se sabía qué se perdonaba.

No se trata de “viejitas buscando huesos” (Mujica dixit). Se trata de la búsqueda de la dignidad. Capaz que hallada la verdad estemos en condiciones de perdonar y reconciliar – no olvidemos a Mandela -, fruto de una conjunción de profundidad emocional y racional al mismo tiempo. El perdón no es un decreto, es un estado del alma, y a él hay que llegar.

Me vino a la memoria lo que siempre me decía un amigo: “dime de qué presumes y te diré de qué careces”.

¿No será que Breccia, de tanto presumir de perdonador, estará careciendo de algún perdón para sí mismo?

No soy psicólogo, así que dejémosla por aquí.

 

dfeldman@movinet.com.uy

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