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DEBATE El precio y la renta de la tierra Por Juan Grompone

publicado a la‎(s)‎ 24 feb. 2012 10:41 por Semanario Voces
 

 

Escribo esta nota empleando números redondos, fáciles de seguir y de calcular, entre otras cosas porque en medio del carnaval no me es sencillo consultar algunas fuentes de datos. No soy un técnico agrícola y sólo puedo considerar números aproximados para defender mis ideas.               Andrés Berterreche duda sobre la idea que el valor de la tierra, igual que todo medio de producción monopolizable genera una renta, igual al capital que corresponde según el interés medio del dinero. Quiero mostrar con ejemplos extremos esta afirmación y sus consecuencias.

 

0)   Comencemos por la ganadería tradicional uruguaya. Esta ganadería tiene una densidad de reses de 1,5 por hectárea en promedio (con buenas pasturas, un índice CONEAT 100) y la extracción anual de ganado es de un 25% del rebaño. Un predio de 500 hectáreas, podrá sostener a unos 330 animales y producir 83 vacunos por año. Incidentalmente, este rebaño puede ser manejado por un trabajador, tal como lo muestran las cifras de los censos agropecuarios (300 bovinos por trabajador). Supongamos que cada res se vende a un promedio de 600 dólares, con lo cual el productor obtendrá una ganancia bruta anual de 50.000 dólares por año. La ganancia neta, descontando materias primas, alambrados, etc, es del orden del 75% de las ventas, unos 37.500 dólares anuales. La renta de 37.500 obtenida de las 500 hectáreas es la misma que la de un capital 375.000 dólares al interés neto del 10% anual (algo más que los bonos del tesoro uruguayo) y éste es el precio de la tierra. En definitiva este capital determina un precio de 750 dólares la hectárea, tal como ocurría como precio medio hacia 2000.

 

1)   Consideremos ahora la soja, la gran innovación de última década. Una hectárea de soja produce unas 6 toneladas por año, que se vende a unos 400 dólares la tonelada (valores medios para el Uruguay). Esto da una ganancia bruta por hectárea de 2.400 dólares. Si consideramos que solamente un 25% es la ganancia neta (el resto se invierte en semillas, abonos, pesticidas, personal y arriendo o amortización de maquinarias) se tiene una cifra por hectárea de 600 dólares. Este dinero corresponde a un capital de 6.000 dólares, colocado al 10% de interés anual. Es, por lo tanto, el precio de la hectárea tierra apta para la soja tal como hoy ocurre.

 

2)   Creo haber mostrado con estos dos ejemplos que el precio de la tierra es el capital de la renta que produce y que la tierra no tiene otros “valores” (Marx no perdona) que ser un medio de producción monopolizable. El pequeño productor del caso 0) tiene un capital de 200.000 dólares en reses y de 375.000 en tierras. Dejando de lado mejoras y otras ventajas, son unos 600.000 dólares, sin embargo, su ingreso mensual es de unos 3.000 dólares que son del orden de la canasta familiar y nada más. No es ningún potentado, a pesar de su capital y esto se debe a que la ganadería es una producción muy poco rentable. Sin embargo, si pusiera este dinero en el banco o en bonos, obtendría todavía una renta menor. Estas 500 hectáreas parecen ser (aproximadamente) el predio familiar mínimo para la ganadería extensiva. Por otra parte, me gustaría saber por qué Berterreche dice que “tenemos que apostar a muerte por estos rubros” (ovinos y cría).

 

3)   La especulación de tierras también obedece a misma idea del precio de la tierra. Supongamos que un inversor compra 200 hectáreas en Rocha. Si fuese una tierra agrícola de la mejor costaría 5.000 dólares la hectárea, sin embargo, por ser una zona costera apta para el turismo y la inversión inmobiliaria, cuesta 20 veces más. He aquí la renta del monopolio y la importancia del turismo, la primera industria de exportación del país, un sector productivo bastante más valioso que la ganadería o la agricultura. El capitalista invierte entonces 20 millones de dólares con la esperanza que pueda convertir esa tierra en lotes para turismo de alto nivel. La hectárea le costó 100.000 dólares o sea 10 dólares el metro cuadrado, pero loteado espera venderlo a 100 dólares (un valor corriente en Punta del Este). Su negocio es claro. Obtendrá una ganancia bruta de 1 millón de dólares por hectárea y un total de 200 millones. Para esto tendrá que invertir algunos millones de dólares en caminos, puentes, mejoras, consultores y hasta coimas. Invierte 20 millones y espera obtener 200, es una buena ganacia monopólica. El ICIR no recauda nada, pero un impuesto a la renta recaudaría una fortuna ¿Por qué alguien compraría un lote de 10.000 metros cuadrados a 1 millón de dólares? Porque existen inversores extranjeros, principalmente argentinos, que construirán una “vivienda” de 500 metros cuadrados que puede costarle entre 2 a 6 millones de dólares (o sea, el valor de la tierra no es lo más importante) y considera que ésta es una inversión segura para protegerse de la inflación de la moneda. El país logra una inversión inmobiliaria del orden 600 millones de dólares que servirán para incrementar el turismo. En definitiva, una hectárea ganadera tradicional produce una renta de 750 dólares, una hectárea de soja, 6.000 dólares y una de explotación turística de alto nivel, 1.000.000. Esto determina el precio de la tierra.

 

4)   Consideremos ahora un productor con 5.000 hectáreas. Los números son 10 veces mayores que los del caso 0). Su renta anual es de 500.000 dólares (o algo más) y emplea unos 11 trabajadores rurales en su establecimiento. Con un sueldo mensual de 600 dólares y las cargas sociales, el establecimiento paga unos 110.000 dólares de sueldos (una tasa de plusvalía gigantesca, diría Marx si alguien lo leyera, varias veces mayor que los explotados obreros de la revolución industrial). El nuevo impuesto le cobra 8 dólares por hectárea (la UI son unos 2,33 pesos y 67 UI unos 8 dólares) o sea 40.000 dólares anuales. Se imponen dos conclusiones. La primera que el impuesto es ínfimo respecto a la renta neta, apenas un 8%, y los productores no tienen razón para quejarse. Segundo, un impuesto a la renta sería del orden de 25 a 30% de la renta, o sea entre 125 y 150 mil dólares, similar a los demás impuestos a la renta. En resumen, un ganadero tradicional no se ve demasiado afectado por el impuesto, un productor de soja no se preocupa por 8 dólares cuando su renta por hectárea es de 600 dólares, bastante menos que los vaivenes de los precios de mercado. Este impuesto no hace mella a los bolsillos ni evita la concentración, pero da un excelente pretexto para protestar.

 

5)   Dice Berterreche que los nuevos usos de la tierra son apenas el 5% del suelo y tiene razón. Lo que no dice es que la exportación de arroz, de soja y de celulosa producen casi tres veces más que la carne, la que ocupa el 90% o más del territorio. Se verifica otra vez más que la ganadería es muy poco rentable. En la década de 1960 el rector Maggiolo, enojado por las críticas a las hectáreas “perdidas” con el lago de Rincón del Bonete demostró, mediante un cálculo simple, que eran las hectáreas más productivas de todo el país. En otras palabras hace unos 50 años que algunos protestamos por la baja productividad de la ganadería, sin mayor suerte. Este 5%, de tierra, que es entre 3 y 8 veces más productivo que la ganadería, crecerá en forma incontenible, a menos que otra brillante ley de defensa de “los valores tradicionales”, “los bienes intangibles”, “el Uruguay natural” o cualquier otra fantasía, le ponga límites. Esta sería otra de las tantas maneras de impedir el progreso de la economía del país.

 

6)   Hace unos 130 años Domingo Ordoñana (un hombre odiado por la izquierda) proponía, luego de alambrar los campos, comenzar con la “ganadería agronómica”, algo que hoy llamamos feedlot: alimentar el ganado con cereales y no con pasto natural. Hace 60 años Estados Unidos ponía en práctica esta idea, aumentaba la productividad ganadera y descendía el precio de la carne. Los productores uruguayos no se actualizaron o prefirieron intentar las praderas artificiales. El país entró en crisis hacia 1960 y cada uruguayo, según su ideología, atribuye la causa a diversos demonios. Sería bueno que aprendiéramos la lección que la economía domina a la historia (otra vez Marx no perdona).

 

 

7)   Berterreche insiste en poner ejemplos de la industria manufacturera porque le parece que yo pienso que este sector es el más importante. Entre los siglos XVI y XVIII se pensaba que el origen de la riqueza se encontraba en la tierra. Durante los siglos XIX y XX se vio que el sector principal de la economía era la manufactura. En el siglo XXI el sector principal de la economía son las actividades que manejan la información, y en poco tiempo posiblemente será la biotecnología. No hay verdades inmutables en la sociedad capitalista, lo único permanente es el cambio. Por eso el Plan CEIBAL, que la mayoría de la izquierda vio con cierta desconfianza, es lo más revolucionario que se hizo en el último siglo en el Uruguay. Posiblemente tampoco Berterreche no sepa que hace años que intento mostrar que tampoco la manufactura es viable para el país. Los números lo demuestran. Uruguay tiene un 9% del PBI de origen agrícola, un 24% de origen manufacturero y el restante 67% (todos números redondos) corresponden al sector servicios.

 

Me parece muy respetable venerar las banderas del pasado, pero no está de más recordar que las ideas de Artigas tienen hoy casi dos siglos, las de Marx y Engels, un siglo y medio. Posiblemente debamos hacer un esfuerzo para comprender la realidad en la cual vivimos. En tiempos de Artigas los saladeros eran un sector en desarrollo, pero él creía que la riqueza provenía exclusivamente de la estancia cimarrona. El saladero primero, la fábrica de carne enlatada y el extracto de carne después, dominaron la economía uruguaya hasta la introducción de la estancia alambrada. A partir de este momento, la producción de carne de calidad, el frigorífico y la lana fueron la principal fuente de riqueza que construyó el Uruguay del bienestar. Este esquema de producción entró en crisis hacia 1950 y obligó a introducir nuevos sectores productivos que hoy prosperan. Esto nos muestra que conocer la dialéctica del cambio y de la realidad económica es la única manera de transformar la sociedad. Se supone que esto es lo que propone la izquierda.

 

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