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DEBATE La igualdad no es cuento Por Andrés Scagliola

publicado a la‎(s)‎ 1 nov. 2012 13:22 por Semanario Voces
 
Esta es la segunda contribución que hago al debate de las acciones afirmativas para la población afrodescendiente en las páginas de Voces. En su réplica-express a mi primera nota ("Acciones para afirmar la igualdad") Hoenir Sarthou me dedica un "cuentito" que, salvo por una breve referencia al final, no comentaré. Considero que es un recurso que empobrece el debate. Estamos grandes para hacernos el cuento (y menos uno estereotípico y prejuicioso hasta en el nombre de sus protagonistas).

 

En lugar del cuento, la cuenta. Dice Sarthou que “la justicia social no puede hacerse con estadísticas despersonalizadas”. Pero resulta que, en este caso, son fundamentales. Durante mucho años la población afrodescendiente* fue invisibilizada, no estaba en las estadísticas, no contaba. Recién en 2011 se incluye en el censo la pregunta que permite a esta población autoidentificarse. Quien no es contado no cuenta. Ahora sabemos que son aproximadamente un 8% las y los uruguayos de que se autoidentifican de esta manera. Entonces, surgen algunas pregunta: ¿porqué si los talentos y las virtudes están distribuidas de forma homogénea más allá del color de la piel -salvo que sostengamos tesis racistas que afirmen lo contrario- no son afros el 8% de los parlamentarios o el 8% de los funcionarios públicos. ¿Qué mecanismos más o menos explícites operan para que así sea? Se pregunta Sarthou: “¿Cómo logramos que tengan iguales posibilidades vitales?” Y yo comparto esa pregunta. Las y los afrodescendientes no tienen iguales probabilidades vitales: tienen dos veces más probabilidades que los blancos de ser pobres y tres de ser indigentes; más probabilidades de abandonar en la educación media -sea cual sea el nivel socioeconómico-; y muchas más que cualquier blanco de insertarse en aquellos sectores de actividad en los que se concentraban los esclavos en la colonia: el trabajo doméstico las mujeres y la construcción los hombres. Es excepcional la presencia de hombres afrodescendientes en el Parlamento y más que improbable la de una mujer afrodescendiente.

 

En el país de Varela. Dice Sarthou: "Somos el país de Varela. El país en que, tal vez, los sistemas universales, especialmente en educación, alcanzaron uno de los niveles de inclusión más importantes del mundo. Y lo hicimos con un sistema que trataba a todos por igual". Yo creo que no basta con invocar la escuela vareliana (lo que a veces es un recurso fácil que conecta con los lectores pero no aporta nada nuevo). En los hechos, esa escuela no logró la integración de la población afrodescendiente. No lo hizo en el pasado -la brecha entre blancos y afrodescendientes no se cerró- y no lo hace ahora. Entre otras cosas, por tratar a todos por igual. Si seguimos entendiendo la universalidad entendida como homogeneidad, al no explicitar y trabajar las desigualdades, las seguiremos reproduciendo. Sucede con las desigualdades de género, con las discapacidades, con la discriminación por orientación sexual e identidad de género, y también con la étnica-racial. Insisto: no se puede contraponer universalismo a acciones afirmativas: se trata de hacer universalismo con acciones afirmativas. Dicho sea de paso: la escuela vareliana ignoró la contribución que la población afrodescendiente realizó a la construcción de este país así como aún dedica muy poco tiempo a entender lo que significó la trata de esclavos y su crimen contra la humanidad. Incorporar, a partir de esta ley, esa dimensión también es una acción afirmativa.

 

La ley. Sarthou sigue aproximándose al proyecto de ley como si el cupo en la Administración Pública lo fuera todo y como si esta ley se diera en el vacío y sin antecedentes. El antecedente más inmediato es el del 4% de ingresos al Estado para personas con discapacidad. Los legisladores han optado por seguir por este camino -había otras posibilidades de acciones afirmativas- con una evaluación en el término de 10 años. Pero también se incorporan apoyos a la educación a través de becas y a la capacitación a través del INEFOP. Y se estimula a la generación de puestos de trabajo a través de la ley de inversiones. Además, esto se da en un contexto de expansión del Gasto Social en políticas de empleo, educación, salud, vivienda, etc. No alimenta un buen debate discutir una única medida sin una mirada más amplia. Tampoco no reparar en que la ley deja mucho trabajo a la reglamentación y que será ese proceso el que terminará de dibujar en concreto estas acciones afirmativas (con participación social y rendición pública de cuentas como establece la ley).

 

El maquillaje. Con ese tipo de mirada que creo, respetuosamente, reduccionista, Sarthou nos habla de “maquillajes afirmativos”. En su primera nota fue explícita su oposición a las acciones afirmativas que representan un cupo para las mujeres en las listas electorales (nada nos ha dicho aún del 4% para las personas con discapacidad en la Administración Pública). Entonces, me pregunto: ¿si las acciones afirmativas son cosméticas por qué entonces demoró tanto Uruguay en incorporar los cupos en las listas electorales? ¿Por qué se introdujo por única vez y sujeta a evaluación cuando en el mundo está probado que es la única forma de ampliar la participación de las mujeres en los cargos de representación? ¿No será que en algo alteran la distribución del poder? No todos los grupos vulnerados en sus derechos requieren las mismas acciones afirmativas; pero todos aquellos que muestran brechas de desigualdad, las requieren. Claro que transitorias -esa es característica de las acciones afirmativas- hasta tanto se corrija la desigualdad que se busca combatir. Las acciones afirmativas no quitan a nadie lo que no merezca pero corrigen los desvíos que los mecanismos y prácticas sexistas, racistas o discriminatorias de cualquier tipo ejercen contra las personas que pertenecen a determinado grupo social. Creo que los distintos espacios de la sociedad requieren del aporte productivo y creativo de todas y todos: una Administración Pública que no refleja la diversidad de su sociedad -donde las personas con discapacidad o los afrodescendientes, para poner algunos ejemplos, son marginales y casi nunca aparecen en puestos de responsabilidad- es una Administración empobrecida. Las brechas entre una y otra representan déficits democráticos. 

 

La igualdad. "¿Qué noción de igualdad y de justicia adquirirán esos niños, si uno es premiado, sin mérito propio, sólo por el color de su piel, y otros son postergados sin culpa propia, sólo por el color de su piel?" Sarthou nos lleva con esta pregunta al mundo del revés: ¡esto es lo que sucede hoy y no cuando se apruebe la ley! ¡Esto sucede hoy contra las y los niños afrodescendientes y sus posibilidades de realización en la vida! Con una articulación adecuada de políticas universales con acciones afirmativas, las y los niños este país entenderán que viven en una sociedad que no tolera el racismo. Entenderán que la igualdad se construye reconociendo las desigualdades entre grupos sociales para garantizar la igualdad de resultados para todos ellos. Entenderán que tratar por igual a los desiguales no es igualdad. Y que la igualdad no es cuento.

 

*El absurdo otra vez. Vuelve el autor a incurrir en el absurdo sobre el término “afrodescendientes” y profundiza en él poniéndose como ejemplo por su pasado remoto y sus rasgos. Afrodescendientes son quienes se identifican con ese término, construido por ellos mismos, aquellos que descienden de las y los africanos que fueron esclavizados y se identifican con ese pasado. Fue construido además con el objetivo de contrarrestar el uso racista del término “negro” que Sarthou se empeña en usar. En el norte de África, donde el autor rastrea sus orígenes, las personas se identifican con la cultura árabe y no con la trata esclavista. Un blanco nacido en África es africano y no afrodescendiente.

 

Director Nacional de Política Social del MIDES

Representante de Asamblea Uruguay en la Comisión de Programa del Frente Amplio

 

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