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DEBATE : LA IZQUIERDA PARTICIPATIVA EN LA ENCRUCIJADA Por Luis Nieto

publicado a la‎(s)‎ 20 dic. 2012 12:28 por Semanario Voces
 

La semana pasada, Rafael Massa, en su artículo “El Frente Amplio como problema” de este semanario, planteaba una inquietante disyuntiva a la militancia frenteamplista: O vuelve a ser el instrumento estratégico para superar el capitalismo o deberá revisar su afirmación de que el Frente es la solución para aceptar que, más tarde o más temprano, tendrá que aliarse con una nueva fuerza de izquierda que proponga cambios estructurales en serio, una fuerza que ya se está manifestando dentro del Frente Amplio, y que no tardará en tomar forma independiente.

Massa llama la atención sobre el voto en blanco, tanto a la Intendencia de Montevideo como a la presidencia del FA, y plantea que  ya existe un núcleo de “indignados”, que en caso de no llegar un giro hacia la izquierda pueden poner en duda, seriamente, una nueva victoria del Frente en 2014.

Massa da por sentado que esta situación deviene por el abandono de los principios que dieron nacimiento al Frente Amplio, y que la mayoría del Frente está por un modelo socialista, netamente diferenciado del capitalismo, tal como conocemos hoy a esos dos sistemas.

Esta propuesta viene, por fin, a reactivar uno de los debates más importantes y necesarios de la izquierda uruguaya. No es nuevo, ha sido postergado por la inmediatez política. Rafael Massa no se equivoca: Hay un runrún dentro de la izquierda, pero en lo que se equivoca es que esa disconformidad se le atribuya, exclusivamente, a la izquierda de la izquierda. Tabaré Vázquez ha reclamado una renovación ideológica dentro del Frente. Si bien no lanzó un ultimátum es obvio que quiere asegurarse un clima interno afín a su eventual gestión en una nueva presidencia. Por tanto, los dos polos, por nombrarlos de alguna manera, exigen cambios, pero pase lo que pase resulta difícil imaginar un sector frentista que vote junto a otro partido, o a algún sector de otro partido, como también sugirió Massa.

Massa plantea que de la mística frenteamplista “apenas queda la nostalgia”. Cita los casos del 26 de Marzo, la Corriente de Izquierda y el de Zabalza, que se apartaron del Frente al descartarlo como solución, en tanto las medidas de gobierno acaban fortaleciendo la opción capitalista. Pero Massa no incluye en su balance los desprendimientos que tuvo el Frente desde la recuperación democrática, por el otro extremo de su amplia constelación partidaria, nada menos que del Partido por el Gobierno del Pueblo, que en las elecciones de 1984 había marcado la mayoría de los votos. Lo del voto en blanco en la interna frentista no parece ser más que un leve oleaje en altamar. Si volvemos a los años fundacionales, años en que se fundó la mística de la que hoy “apenas queda la nostalgia”, el Frente Amplio estaba profundamente atravesado por la doble vocación de pacificar el país y prenderlo fuego. ¿Cuál era el verdadero objetivo del 26 de Marzo, columna vertebral del M.L.N. dentro de una estructura política legal? ¿Alguien tiene dudas con respecto al quehacer de la Columna 70, y al éxito de reclutamiento para una alternativa revolucionaria? ¿Tenía esa alternativa algo que ver con la fuerza “pacífica y pacificadora”, como la definía el general Seregni? ¿Hay, hoy, mayor distancia de la que hubo entonces entre los sectores más radicales y los más moderados del naciente FA?

Massa plantea que los uruguayos no hemos inventado la pólvora, otras fuerzas de izquierda ya recorrieron caminos similares a las de este país y el resultado ha sido el mismo en el ejercicio del poder: “desmovilización popular, debilitamiento ideológico, episodios de corrupción, falta de transparencia…” Cuatro coincidencias que afectan la identidad de la izquierda, tal como lo siente buena parte de la militancia permanente de los partidos que lo integran.

Desmovilización popular. En 1971 había un ambiente de ebullición política irrepetible. Se vivía bajo medidas prontas de seguridad, pendientes de la radio y del informativo de la noche para ver las fotos de gente del barrio que era detenida o para enterarse de los golpes de la guerrilla. Los enfrentamientos eran continuos, como también las manifestaciones estudiantiles, a pesar de la represión. El Frente Amplio encauzó esa militancia, le dio un espacio físico emblemático, y con la aparición de los Comités de Base nació una herramienta política y espiritual que renovó la imagen y la práctica de la izquierda. ¿No habrá quedado el FA preso de esa nostalgia, como Narciso de su propia imagen? La normalidad democrática hizo que la vida política del país tuviese como eje las instituciones de la República. Pretender que la militancia se mantenga al mismo ritmo de participación que en 1971 es confundir las necesidades de una minoría de esa militancia con los ritmos y los ámbitos en que la ciudadanía se expresa y hace pesar su opinión.

Debilitamiento ideológico. La comunidad frentista nunca estuvo unida por una coincidencia ideológica sino, más bien, por un sentimiento patriótico de inspiración artiguista, y vocación popular, aspecto en el que ha avanzado, indudablemente. Ha sacado a la izquierda de los libros para ser parte de la pulseada por el poder político. Mientras tanto, en el resto del mundo, la realidad ha cambiado radicalmente. Desde la formación del FA hasta hoy desapareció el socialismo como paradigma concreto. No se puede hablar de debilitamiento ideológico sin tomar en cuenta algo que rompe los ojos, y es que el socialismo ha pasado de ser una esperanza a una fórmula sin contenido concreto.

Episodios de corrupción. El Frente se ha abroquelado en defensa de todos sus militantes y dirigentes involucrados en hechos de corrupción. El error fue haberse presentado como una fuerza inmune a prácticas de corrupción: “Podremos meter la pata pero no la mano”. El segundo error es no tomar la iniciativa de denunciar y enjuiciar a los propios militantes indignos. El Estado de Derecho es quien más se debilita. Para una minoría extremista eso está bien, para la ciudadanía esto acaba en el “Que se vayan todos” de la vecina orilla.

Falta de transparencia. Las estructuras verticales que devienen del leninismo, del partido de cuadros, en los que la cooptación es el método para designar autoridades, contribuye a la formación de clanes, de camarillas más o menos conspirativas. La falta de convicción democrática es decisiva para la existencia de estructuras opacas. En una coalición estas prácticas corroen, inevitablemente, la confianza interna y la mística de la unidad.

El Frente Amplio sigue determinado por dos tendencias antagónicas que convivieron para alcanzar el gobierno. En los hechos, y desde su fundación, el reposicionamiento continuo de estas dos tendencias dificulta la esclerosis del poder interno, pero encapsula las posiciones extremistas, que no encuentran la forma de conectarse con las mayorías partidarias. Las posiciones radicales han servido para capitalizar el descontento que todo régimen democrático genera, siempre y cuando sea a un corto plazo. Prometer es fácil, cumplir las promesas es parte de una ingeniería que el cortoplacismo nunca está en condiciones de aplicar.

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