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DEBATE Sobre la cuestión de la tierra Por Andrés Berterreche

publicado a la‎(s)‎ 3 mar. 2012 13:05 por Semanario Voces
 

Desde hace tres semanas, con esta la cuarta, que venimos intercambiando opiniones con el Ingeniero Grompone. Las dos primeras trataban específicamente sobre el impuesto a la tierra. Sin embargo, en el último número del semanario el título se restringe a un punto de la discusión acerca de la formación del precio de la tierra y sus expectativas de renta. Supongo entonces, que la mayor parte de la discusión sobre lo justo del impuesto queda saldada. No hay problema, si lo que se quiere ahora es discutir sobre estos tópicos específicos, lo haremos, pero sin abandonar el énfasis de esto en el verdadero motivo de este intercambio: la cuestión de la tierra y su concentración.

 

 

A este respecto quiero aclarar que siempre existe una concepción del valor a partir de la expectativa de la renta esperada. Lo único que discuto es que para la agricultura familiar existen otros componentes como los valores culturales y para la agroempresa otros como la especulación. Para derribar estos conceptos mi interlocutor trabaja sobre dos ejemplos. El primero de claro perfil de agricultura familiar y el segundo de claro encuadre agroempresarial. Trataré de rebatir estas argumentaciones.

 

En el primer caso se exponen una serie de datos con errores técnicos. Por ejemplo, cosa que extrañamente aparece después corregido, se presenta el cálculo de la rentabilidad tomando solo el valor de la tierra, como si el valor de capital del propio rodeo no contara, y las vacas cual postura pre darwiniana se reprodujera por generación espontánea. Pensemos que mi contendiente se le escapó este detalle. No importa dejémoslo pasar, aunque como él demuestra claramente más adelante la rentabilidad baja a la mitad. Hagamos como que el error es válido. Demuestra al final que la renta es del 10 %, renta esta que es la de mercado y que equivale al valor de esa tierra… pero es el precio medio hacia 2000 (sic). Pequeño detalle, alguien que le avise que estamos en el 2012 y la tierra se valorizó alrededor de un 500 %, es decir ese valor por 5. Por lo que todo el ejemplo se desploma por su propio peso. No se si Marx perdona o no perdona, pero creo que la academia y el método científico no lo puede dejar pasar.

Vayamos al segundo ejemplo. Los plantadores de soja. En este caso también le da una tasa del 10 %. Brillante, produciendo 6000 kg por ha y a un precio de la tierra de 6.000 dólares la ha. Es una lástima que la serie publicada en el anuario de OPYPA y que viene llevando la DIEA no supera los 2.500 kg por hectárea, y que los mejores suelos , que igualmente estén lejos de ese valor de producción de 6 toneladas por hectárea, andan entre 8.000 y 10.000 U$S la hectárea.

 

Ya advertí a los lectores que no soy un gran estudioso de los clásicos, pero creo haber leído un manual para iniciados donde explica que el gran cambio de la dialéctica hegeliana al materialismo dialéctico de Marx fue entre otros el usar el método científico en esta corriente filosófica. Las hipótesis de carácter axiomático (que no necesitan verificación), el forzado de los datos de la realidad experimental o lisa y llanamente falsear los resultados de la experimentación creo, humildemente, ofende al método científico, volviendo al espacio idealista los resultados obtenidos.

No se puede partir de datos falsos y terminar con un sonriente LQQD (lo que quería demostrar).

El resto de las valoraciones, que si me meto además de aburrido para los lectores desviaría la atención del verdadero tema que es el problema de la tierra, es más bien de otros clásicos. Esa validación del mercado como juez de las cosas creo que es más propio de Adam Smith y David Ricardo. Y podríamos decir que el capitalismo por estos días así concebido, sin caer en el mecanicismo de  su propia destrucción, no goza de la mejor salud.

Pero si la realidad no explica la teoría no cambiemos el método científico para convertirlo en una religión. Si no que probemos nuevas hipótesis y tratemos de demostrarlas. Tiro algunas para cada caso y arranco por el segundo, el de la agroempresa. Partamos de la base que la realidad compleja establecería una explicación multicausal. El aumento de la seguridad en un sistema altamente riesgoso (clima, volatilidad de precios, etc), el uso oligopólico de la cadena en un mercado global, y la especulación financiera cuando los mercados de los papelitos se desploma en los países desarrollados. Estas pueden ser algunas causas. Creo que si verdaderamente interesa el tema deberíamos estudiar estas hipótesis. Ahora bien, y aquí vuelvo al tema que en realidad me importa: que tiene que ver esto con el ICIR? Si se parte de la concepción de la propiedad social de la tierra, en un país pequeño, capitalista dependiente, esto es un altísimo riesgo de concentración, además de las distorsiones que se provoca en el mercado y los efectos sociales que se generan.

 

Vayamos al segundo caso: por qué esos agricultores familiares no venden todo y se van? Es que algunos sí lo hacen, y eso es lo que estamos presenciando y posiblemente es lo que aparezca en los próximos resultados del censo agropecuario. Otros se quedan, porque no tienen otra opción en la ciudad, o simplemente porque su realidad trasciende la evaluación capitalista de la renta. Algunos se proletarizan y según algunas investigaciones se ha descubierto que vuelcan parte de lo ganado fuera del predio a fortalecer la economía predial. Existe sin lugar a dudas un efecto cultural sobre el tema de la tierra, y no lo podemos desconocer. Y ahí aparece de nuevo la pregunta: y por qué interesarse desde el Estado en esto? Si solo fuera por los apegos culturales, creo que eso solo tiene importancia. Pero la concentración lleva implícita una exclusión, y una sociedad excluyente pasa a ser una sociedad con problemas. Hay que ver las externalidades de este proceso, que mayoritariamente son externalidades negativas.

El apoyo a la agricultura familiar evita ese proceso de exclusión social, fortalece la seguridad y soberanía alimentaria, mejora el desarrollo rural, disminuyendo los problemas de las concentraciones en megalópolis, y no necesariamente, como se lo quiere dejar sobrevolando es menos eficiente. El INC trabaja esencialmente con productores familiares y se tienen máximos registros en producción de leche, azúcar y ovinos por unidad de superficie, entre otros. Y por ello hay que defender una relación que puede ser desequilibrada en la competencia por tierras. El desestímulo impositivo a la concentración y los recursos que salen de la segunda sección del ICIR y van al desarrollo de la colonización aportan en este sentido.

Es por esto que creo que hay que promover entre otros la cría y los ovinos. Porque es parte importante en la agricultura familiar. Además porque ambos productos tienen abundante mercado y van a generar trabajo, si usamos la inteligencia, en toda la cadena. Por último, porque hay cerca de 4:000.000 de hectáreas que no sirven para otra cosa (y es una superficie un poco amplia para realizar una versión nacional de Silicon Valley)

En cuanto a la volvedora afirmación que el ICIR no recauda nada y que el impuesto a la renta recaudaría una fortuna, ¡Otra vez la pelota a la casa de Doña María!. Creo haber explicado que el ICIR:

 

1.- no es creado por la necesidad de recaudar sino como un elemento de desestimular la concentración.

 

  2.- Ya expliqué que tiene una buena parte que es impuesto a la renta, a la renta generada por el plus valor que genera la especulación sobre la tierra.

 

3.- Y también expliqué que desde la reforma tributaria también  ya existe el impuesto a la renta en los productores agropecuarios.

 

Un pequeño punto aparte aclaratorio, que se maneja en el texto aludido es el de la “inversión inmobiliaria”. Mantengo que la compra por parte de particulares no genera ninguna inversión para la sociedad, sino un simple cambio de propiedad. La inversión existe si se hace en un proceso de producción o de servicios adicionales. Si yo compro un terreno habrá inversión si le agrego una casa para alquilar, un tambo para ordeñar, o una industria para producir algún bien. La inversión inmobiliaria así sola no debería tener ninguna significación en las cuentas nacionales.

 

Pero volvamos al ICIR, se dice, especulando, que este impuesto no hace mella a los productores y da un pretexto para quejarse a los mismos, además que no va a afectar la concentración. Si volvemos al método científico y no a especulaciones idealistas precientíficas ya hay algún dato al respecto. Desde que empezó el tratamiento parlamentario (aún antes de su aprobación) hubo un movimiento de venta de predios de empresas concentradoras. Si esto es fuerte o pequeño, si el proceso se mantendrá o se revertirá habrá que evaluarlo. Lo que sí está demostrado con datos recientes es que no hacer nada no cambia el proceso concentrador que no solo nos tiene preocupados a nosotros, sino que es una preocupación global, que hasta organismos como la FAO advierten.

 

Es posible que lo que se exporta en granos, productos lácteos, arroz y madera (celulosa no porque lo que exportamos nosotros como país son troncos a una zona franca. Y ya que preocupa el tema del impuesto a la renta si se le ocurre alguna idea la patria se lo agradecerá)  es más de lo que se genera en el sector ganadero. ¿Pero eso implica que se abandone esas producciones y buena parte del territorio nacional que solo se puede desarrollar en el área ganadera? Creo que esa es una falsa contradicción. Pero además, y perdóneme el lector la insistencia, el sector ganadero es un sector claramente de la producción familiar, con todos los beneficios ya explicitados.

 

En el artículo anterior mantuve y demostré que existen valores intangibles, y por suerte existe un Uruguay natural, a veces manoseado y otras veces puesto en sistemática y falsa contradicción con el desarrollo. El Progreso como entelequia sí es una fantasía, una peligrosa fantasía que puede llevar a las más excluyentes situaciones. No estoy contra el progreso si este es sinónimo de desarrollo inclusivo y con justicia social. Y lamento contradecirle, el crecimiento de los sectores a los que se hace referencia tendrán el límite del correcto uso de los recursos naturales. Prever el correcto uso, de propiedad social ni siquiera es de izquierda, es simplemente inteligente.

 

En cuanto a la intensificación de la ganadería propuesta por mi contendiente, algunas reflexiones. El mismo propone como la tecnología cierta y universal el engorde con granos y a corral. La economía domina a la historia, y estamos de acuerdo, pero que la explicación sea la que ensaya el ingeniero vuelve a ser muy poco Marxista aunque se use la muletilla casi con fanática religiosidad. Los neocelandeses usan más implantación de pasturas y no creo que sean menos competitivos en la producción de carne que los Estados Unidos.

 

Ya casi al final del artículo anterior creo que podemos llegar a un gran acuerdo, y esto engrandece el debate: el mayor generador de riqueza es el conocimiento. Pero el conocimiento aplicado a algo, no en abstracto. El PBI se separa como se manifiesta. Y parece mínimo ese 9 % del sector primario. El 24 es cierto es origen manufacturero: la industria láctea, los cueros curtidos, los frigoríficos, los molinos, los aserraderos, las fabricas de paneles, la fábrica de fertilizantes, etc. (parece que el sector agropecuario algo tiene que ver). Y los servicios un 67%!!! El transporte por ejemplo, los servicios portuarios. Ahora qué se transporta, qué salen por los puertos?. Ese 9 % parece que es un catalizador bastante fuerte de la actividad. Pero no soy un ruralista, y me parecería tonta una discusión de un sector per se si esto no promueve el desarrollo y la equidad. Por ello hay que incluir inteligencia y distribución. Al sector agropecuario, al manufacturero y al de servicios.

 

Pero debo cerrar con una fuerte controversia. Me parece tremendamente  liviano la validación, o más bien la no validación, del artiguismo por ser este “antiguo”. Lo que propone el artiguismo sigue siendo parte de un clásico de la humanidad, una sociedad donde los más infelices sean los más privilegiados y donde “naides es más que naides”. Lo que hagamos cada uno de los seguidores de esta doctrina, para mí de carácter universal, siempre será para alcanzar estos principios.

 

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