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DEBATE Temores de aquelarre –o cómo Hoenir encontróse rodeado de (H)arpías… y se perdió  Juan Adolfo Bertoni

publicado a la‎(s)‎ 19 mar. 2017 16:44 por Semanario Voces

He coincidido varias veces con Sarthou y la verdad que da un poco de lástima contestarle después que el propio pueblo lo puso en su lugar… Pero hay zonas de su nota 8/3: El sexo y la criada que merecen respuesta por ser la voz que se alzó en contra de la marcha. Cuestiona que de un total de 265 personas asesinadas el año pasado, las 16 mujeres muertas a manos de sus parejas o ex parejas, representaron el 6% del total de víctimas. (Nada dice sobre otro dato escalofriante: casi 7 de cada 10 mujeres mayores de 15 años han sido y son víctimas de violencia de género en algún momento de su vida. Al omitirlo reduce el problema a los asesinatos).

      Espeta además si se han hecho marchas callejeras por los 223 hombres y 26 mujeres también asesinadas; si se han hecho escenificaciones públicas –que él cuestiona–  seminarios, etcétera. Y es verdad que faltan todas esas acciones de denuncia y movilización. Pero si desde el movimiento de mujeres se ha tenido la capacidad de crear acciones convocantes y de impacto público-propagandístico debería ser motivo de respeto en primer lugar, de análisis y de admiración, y en modo alguno de enojo: hay que aprender de ellas.    Lo que viene sucediendo desde hace años, agravado en el último mes, confirma que en nuestra sociedad el problema de la violencia es verdaderamente estructural, consustancial al sistema económico y social en el que lamentablemente vivimos, donde la propiedad y el poder –la necesidad de tener y de poder– permean todo lo que hacemos.    ¿Pero acaso no es especialmente terrible que a una mujer la asesine su pareja o ex pareja –incluso delante de los hijos– sin otra razón que el hecho de que la mujer lo ha dejado de amar? ¿O porque no quiere hacer las cosas que “su macho” pretende que haga? Es decir: que la maten por negarse a perder su identidad (sus deseos, sus pensamientos, sus dolores, sus gustos, sus decisiones) y por mostrarle al varón que ella no es de su propiedad.    Estas muertes en particular, ¿no son razón suficiente para que el tema –por sí mismo– sea motivo de una o varias convocatorias de denuncia y repudio para exigir a las autoridades de gobierno la realización de todas las acciones de Estado necesarias para que realmente este horror pueda llegar a su fin? Y –por aquel inter juego entre lo particular y lo general– al luchar contra ésta violencia: ¿se “invisibilizan” todas las demás como dice Hoenir? ¿O, por el contrario, se lleva al límite la lucha también contra todas ellas, cuestionando estructuralmente a nuestra sociedad?        Cuestión de porcentajes En el fondo, le haya pasado o no por la conciencia, Hoenir hace cuestión principal en el hecho de que estas compañeras asesinadas sean “el 6% del total”. ¿Qué porcentaje cree él que deberían alcanzar para que salgamos a la calle para decir “ni una menos”? ¿El 24%? ¿O el 72%? ¿Desde cuándo las luchas sociales y políticas –sobre todo las verdaderamente revolucionarias– se han basado en un tanto por ciento? (Así, el abogado se pone del lado de aquellos jerarcas de gobierno que dice cuestionar, cuando analizan muchas de las dificultades que existen en nuestro país y tienden a minimizar su importancia bajo el argumento de que “el porcentaje es mínimo? ¡“Cosas tenedes, Cid, que farán fablar las piedras"!). Según datos del INE, “solamente” el 6,4% de los hogares se encuentran por debajo de la línea de pobreza por ingresos: casi el mismo porcentaje de mujeres asesinadas por sus parejas o ex parejas en el global de víctimas mortales por violencia. ¿Qué hacemos? ¿Cuál es el mínimo a partir del cual pelear para el “medidor de aceite revolucionario” de

 

 

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nuestro comentarista? ¿Dejamos de hacer centro en la reducción de la pobreza y, por ejemplo, del desempleo, hasta que lleguen al 40%? Enfrentar una a una las anteriores condiciones de vida de miles de nuestros compatriotas: ¿no merece estar en el hueso de todas las plataformas de lucha, sin dejar de luchar por el cambio social, de estructuras, emancipador, que algunos pretendemos y hace falta? ¿O deberían los problemas citados esperar a resolverse para cuando podamos mejorar todas las condiciones juntas?      A esta altura: es evidente que en ningún momento Hoenir ha intentado siquiera acercarse al lugar del horror de las compañeras asesinadas y violentadas, o el de sus hijos. ¿Se podrá ser de izquierda verdaderamente sin hacerlo? El que no está: no estuvo Además, intenta apoyarse en Nancy Fraser, filósofa y activista de sólida formación y experiencia: hay reales verdades en lo que ella señala –sobre todo en lo que alude al desplazamiento del salario familiar. Ciertamente, puede haber integrantes de ONGs que hayan sido cooptadas por el proyecto del libre mercado más o menos neoliberal. Se entrelazan, a veces –no solamente en este tema– las “amistades peligrosas” entre algunos militantes sociales o políticos con el Poder. No son buenas cosas… Pero no sé cuál es la novedad para Hoenir. ¡Si casi todos los viernes Samuel Blixen nos está mostrando que en la lucha contra la dictadura hubo en nuestras filas muchos más infiltrados de los que pensábamos! Es así: el enemigo nunca deja de trabajar, en ningún terreno; y lo seguirá haciendo.     Pero aun con esos infiltrados, y a pesar de ellos, entonces tuvimos la capacidad de desplegar la lucha antifascista. Y en éste caso, creo que hay que tener la nobleza intelectual y por lo tanto humana para reconocer –más allá de las diferencias que se puedan tener– que en el movimiento de mujeres uruguayas es amplísimamente mayoritaria la presencia de compañeras comprometidas no solamente con la causa de las mujeres, sino con las mejores causas populares y el cambio económico y social. Si Sarthou tiene datos de que no es así, deberá arreglárselas con su conciencia por callarlos. (De otro modo no hace otra cosa que ensuciar la cancha a falta de mejores fundamentos y, por lo tanto, ha perdido ya todo vínculo con una moral revolucionaria).    Y además hace trampas: cita a Fraser solamente en aquello que cree puede convenirle. Omite, nada menos, la conclusión final del artículo que menciona donde la filósofa dice: “debemos cortar el falso vínculo entre nuestra crítica de la burocracia y el fundamentalismo del libre-mercado, reivindicando la democracia participativa, como una forma de fortalecer a los poderes públicos, necesarios para limitar al capital, en nombre de la justicia”.    ¿Qué otra cosa cree Hoenir que estuvimos haciendo durante la tarde noche del 8 de marzo? Porque la movilización fue importante no solamente porque fue enorme. Fue importante (“reconstituyente” me dijo un compañero en la marcha) por el ánimo de resistencia, de “no va más”, de “paremos la mano”, que atravesaba las cabezas y la sangre de los que estábamos marchando. Era la alegría de la decisión de luchar a pesar del dolor, y en medio del dolor. Era la comprobación de que salir a la calle sigue siendo y será necesario cada vez que debamos luchar contra alguna injusticia, y que el juntarse para resistir hace falta más allá del whatsapp y el facebook. Fue la inmensa alegría de un número significativo de jóvenes metiéndose en la lucha contra el individualismo y el patriarcado. Y fue, sin dudas, un fuerte llamado de atención para aquellos gobernantes que también marchaban. (Más de uno habrá estado por demagogia, pero seguramente muchos lo hicieron en apoyo sincero a las consignas).     Pero sobre todo: fue algo nuevo instalándose en el corazón del pueblo (¡porque era pueblo lo que marchaba Sarthou!). Algo que, dependiendo de nosotros mismos, puede

 

 

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abrir también una nueva etapa en nuestras luchas, porque estoy convencido que la inmensa mayoría de los que empezamos la marcha, no fuimos “los mismos” al salir de ella.       Sé también que –mientras toda esa belleza de militancia se desplegaba conmovida por 18 de julio– el escriba nos había prometido que iba a leer a Nancy Fraser. (Por mi parte, tengo la humilde certeza que si hubiera andado por Montevideo, la compañera Fraser se hubiera puesto a caminar a nuestro lado). 


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