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De certezas e incertidumbres - 2 - Por Andrés Berterreche

publicado a la‎(s)‎ 18 nov. 2013 8:34 por Semanario Voces
 
 

Juanito encontró su dignidad de hombre en el Partido Comunista. Aprendió a leer y llegó a leer a Ulianov como le gustaba llamarlo a él. Había hasta aprendido ruso para entender mejor  a sus referentes. Aunque lo más lejos que había ido era a su Florida natal. Lejos de embrutecerse siendo el más potente cargador de casilleros de leche, llegaba la noche y leía, hasta a la luz de una vela.  Cuando salió de la cárcel, bastante deteriorado, se integró rápidamente al comité que con cuatro chapas y algunos palos se levantaba en el barrio, producto del trabajo de algunos jóvenes, casi imberbes, que habían dado la lucha para la recuperación de las libertades. Algunos de ellos, recordaba a Juanito, con sus manasas abrazando casilleros de leche. Y a pesar que la mayoría de esos muchachos tenían más afectos por tiendas de otros palos, adoptaron a Juanito al toque.  En las noches frías de invierno, con ebullición en la sangre y en la cabeza aquellos muchachos y el viejo discutían mientras por el frío o por la lluvia aquellas latas lloraban gotas de agua. Aguerridas discusiones de la soberbia de los veinte años. Hasta que pedía la palabra Juanito, y comenzaba despacito, casi imperceptiblemente hasta que se iba inflamando en el discurso y terminaba con una arenga a los gritos como si en vez de Nuevo París estuviera arengando a las masas en la mismísima Plaza Roja. Sus palabras, conceptos y definiciones eran absolutamente inentendibles para aquella barra que se sonreía ante su postura, más con ternura que con ironía. Juanito hablaba de las condiciones objetivas y subjetivas, del oportunismo, de los mencheviques, de la plus valía, de las contradicciones dialécticas, de las masas y el futuro, de la organización y del proletariado. Pero todo así, a borbotones, con certezas axiomáticas  que pasaban a miles de metros por encima de aquellas cabezas pelilargas y sonrientes. Cuando ya la perorata se extendía más de la cuenta, el mejor de ellos, sacaba un caramelo masticable y se lo daba al viejo, sabiendo que era la única manera de callarlo al atrapar ,el pegajoso dulce de leche, las dos dentaduras postizas y mantenerlo un rato con la boca cerrada. Silenciadas las certezas se pasaba raudamente, antes de que empezara de nuevo, a la planificación de la acción, volantes, pegatinas y pintadas, que eran los objetivos que seguían las certezas de los más jóvenes.

Tiempo después  estudié y comprendí algunos de todos esos términos inconexos. Entendí la necesidad de tener claras las relaciones de producción, saber quienes se quedan con los excedentes en un proceso de producción, o como actúa el imperialismo, la etapa superior del capitalismo, el rol de los trabajadores y en particular aquellos que producen bienes materiales tangibles.  Conocí las distintas corrientes dentro de la izquierda: los que propenden al socialismo, la socialdemocracia, el nacionalismo popular, el anarquismo, y hasta algunas variaciones dentro de estas y otras corrientes. Como cada quién,  a partir de la adopción de definiciones,  se planteaba una estrategia de largo plazo y una serie de tácticas para la etapa. Y mientras tanto seguíamos trabajando políticamente para que el capitalismo liberal, que dominaba  en la década de los noventa no nos pasara por arriba. También muchas de esas definiciones se veían cuestionadas, se caía la Unión Soviética y se procesaban cambios en el campo socialista, como en China y en Viet Nam, que todavía no terminamos de procesar. La opción primera igual seguía siendo clara, y sin pensar tanto en el objetivo final y en la suprema estrategia, nos dispusimos a combatir ideológicamente al adversario, que al menos ese sí se veía con claridad.

Dos gobiernos del Frente, desarrollo de las fuerzas productivas que el capitalismo cerril habían dejado virtualmente destruidas, y la reconstrucción de un Estado que del mismo modo hacía agua por todos lados. Porque estaba claro, no íbamos a poder hacer cambios verdaderos sin un Estado fuerte, ni tampoco íbamos a poder repartir excedentes si estos, de hecho, no se generaban. Pero va llegando el momento de empezar a volver a tener definiciones más claras. Porque solo así nos vamos a poder plantear una estrategia de largo plazo.

La acción política de la izquierda no puede quedarse en ir, al golpe del balde, zurciendo y bien administrando el sistema actual. Sin caer en el infantilismo de pensar que pasado mañana podemos tener una sociedad nueva debemos de al menos ir fijando una senda que nos trascienda. Y para ello no alcanza con aquellas certezas. Hoy hay demasiadas incertidumbres que debemos ir aclarando.

El modelo de la fábrica de zapato de la familia de Engels, explica hasta el día de hoy cierta parte de la realidad. Pero tengo la impresión que solo cierta parte. Hoy las relaciones de producción y las contradicciones de capital y trabajo parece que han tomado, además de las clásicas, nuevas formas.  Tal vez se deberían estudiar la generación de excedentes globales y qué grupos son los que se apropian de los mismos y en detrimento de qué otros grupos sociales, más allá de la simplificación del estudio de una cadena específica. Es posible que este planteo nada tenga de nuevo y ya estos estudios existan, pero por lo menos no tenemos constancia que estén disponibles para la más amplia discusión popular.

En los medios de producción con uso intensivo de capital y poca mano de obra tremendamente calificada,¿ quién genera la plus valía? El desarrollo de los servicios y aún de los bienes sociales suman a la hora de calcular el PBI nacional. Los excedentes de esto ¿ quién se los apropia? Parecería que hay un nuevo proletariado generador de valor, a veces hasta bien pago, y que no se reconoce como tal, que podrían generar más valor del que se apropia y por lo tanto es de suponer que  lo hace el dueño del capital.

Es cuestionable que el Estado se encargue como tal de los procesos productivos, pero parecería que para asegurar el proceso de gestión colectiva, es imprescindible la propiedad de los medios de producción en manos del Estado, y en usufructo de los colectivos.

Estos procesos, antes cuestionados, por considerarse soluciones pequeño burguesas o propias del socialismo utópico, hoy se revalorizan desde las posturas más asociadas al socialismo científico.

Y podríamos seguir indefinidamente con nuevas incertidumbres. Incertidumbres que se deben de estudiar, investigar científicamente y llegar a nuevas soluciones. Porque depende de ello para avanzar con certezas al camino de una sociedad más desarrollada y justa. Si promovemos el materialismo científico no podemos quedarnos en las respuestas, ciertas, pero parciales y que no contestan las preguntas de una realidad que también evoluciona.

Juanito casi seguro que sigue reposando en la seccional 20. Sus cenizas, en paz, deben de estar entre las imágenes de Marx y Lennin como siempre lo deseó. Desde allí, en su silencio, sigue enviando sus certezas para sembrar nuestras dudas. Y no hay ahora, caramelo zabala que lo haga callar.

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