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De certezas e incertidumbres 5 Por Andrés Berterreche

publicado a la‎(s)‎ 5 dic. 2013 11:28 por Semanario Voces

El muchacho entró a aquel Congreso, con la convicción que allí iba a encontrar las certezas que andaba buscando. En el Palacio Sudamérica, había una cantidad importante de compañeros desconocidos. Algunos, muy pocos, conocidos del barrio. Algunos más de la Universidad. La luz le pareció demasiado tenue para un evento de esa categoría. Desde un estrado hablaba Hugo Cores, preguntándose y al mismo tiempo interpelando al resto de la asistencia: “¿Hay tantos caminos al socialismo como grupos existentes en la izquierda nacional?” Era una pregunta retórica, tenía la respuesta implícita.

             Los artículos, correos y discusiones después del Congreso del Frente Amplio hicieron cambiar el destino de mis reflexiones semanales. Por lo tanto voy a intentar compartir algunas ideas sobre el concepto de la participación en forma genérica. Nuestro país vive en el marco de una democracia representativa. Estas son las reglas de juego en que aceptamos participar. Sin embargo, consideramos que el proceso democratizador verdadero de una sociedad debe ir tendiendo cada vez más hacia una democracia participativa, con una presencia cada vez mayor de poder popular representado justamente en la participación de los ciudadanos y no solo jugado a la elección de representantes cada cinco años. Pero para que esta participación sea verdadera creemos que debería tener algunos componentes que la validen. Se corre el peligro si no de realizar una puesta en escena para que las mismas minorías tomen las decisiones o hasta que se termine decidiendo por puro subjetivismo y sin responsabilidad en las decisiones que se tomen. Las condiciones a considerar para que la participación sea tal, a nuestro parecer, deberían ser: 1.- Información. 2.- Capacidad de modificación y de acción sobre la realidad. 3.- Responsabilidad sobre lo que se decide. 4.- Control colectivo sobre la ejecución de lo decidido

1.- Es imposible tomar decisiones correctas sin la información adecuada y completa. Primero debemos conocer la realidad para después transformarla. El no hacerlo puede derivar en que solo aquellos que tienen la información conduzcan al resto del colectivo a la síntesis por ellos elaborada, y no siempre es la que la gente tomaría si accediera a esa información. También podría llevar a la toma de decisiones puramente subjetiva, sin pie en la realidad, cuyas consecuencias es difícil de responsabilizarse por el colectivo. Buena parte de los grupos de poder hegemónico, en cualquier ámbito, lo que intentan es apropiarse de la información para así tener predominio en las discusiones y por ende en las decisiones finales que se toman en un supuesto ámbito democrático, que en realidad no lo es. En general, y desde estas mismas líneas, tendemos hacer énfasis en que se nos entregue la información, pero la realidad es que esta es una relación de ida y vuelta. No alcanza con dar los elementos sino también aquellos que son los receptores del mismo deben de proponerse adquirirlos, internalizarlos. No se puede pretender que pasivamente se den informes y documentos que luego no leemos ni analizamos. Este es un punto que muchas veces no  se toca y es el de la responsabilidad, en cada rol que nos toque jugar en esto de la participación.

2.- Luego de la información pasamos al proceso de discusión y toma de decisión. Generalmente en el intercambio dialéctico se llega a una síntesis por consensos o mayorías que quedan como los planteos a llevar adelante. Comúnmente se piensa que con esto se termina la fase de la participación. Personalmente discrepamos ya que esto es válido si la decisión que se toma se hace efectiva, se lleva adelante y se defiende por el conjunto del colectivo que ha participado. Aún si la decisión fue tomada por una mayoría, es obligación de las minorías acompañar y defender las opciones democráticamente discutidas y votadas.

3.- Sin solución de continuidad, y con una relación directa con el punto anterior está el tema de la responsabilidad sobre lo resuelto. Si dejamos que los resultados de las decisiones, los impactos de las mismas, sean exclusiva responsabilidad de quienes nos representan en el ámbito de la ejecución, no habremos avanzado en el empoderamiento de la acción participativa. Para rectificar o ratificar rumbos, para defender las decisiones y sumar en la acumulación, debemos de entender que las decisiones resueltas son responsabilidad de todos y cada uno de nosotros. Solo así iremos avanzando hacia un verdadero poder popular.

4.-  Igualmente emparentado está la necesidad del control colectivo. Si asumimos individualmente las responsabilidades de nuestras decisiones, se debe al mismo tiempo desarrollar el control del conjunto sobre las decisiones que se toman. Porque se puede estar informado, discutir democráticamente y llegar a resoluciones a aplicar, y responsabilizarnos de las resoluciones tomadas. Pero ¿Qué pasa si las decisiones no se llevan adelante? Solo el control colectivo va a obligar que la participación se transforme en un proceso cierto, constatable. Y así podrá ser defendido por las mayorías.

            Estas reflexiones son en general, como para pensar más allá de hechos circunstanciales. Si bien la podemos aplicar al proceso político general, a un congreso o a una simple asamblea, no se pretendió que sea una aplicación mecánica a hechos recientes.

            Es un hecho, como dije al principio, que de todas maneras fueron diversos comentarios acerca del Congreso del Frente que me impulsó a escribirlo. Aclaro que no participé en dicho evento, por haber pasado los últimos 4 años fuera de la militancia interna debido al mandato constitucional que me lo impedía. De todas maneras traté de informarme, leí lo elaborado a estos efectos por la dirección del FA y participé, como oyente, en algún debate. Puede haber muchas críticas al Congreso y a la metodología usada, pero sigue siendo el único grupo que discute su programa, poniéndolo a consideración de miles de compañeros (aunque algunos para relativizarlo realicen formulaciones matemáticas que ni el mismísimo Malba tahan se hubiera atrevido). Tampoco cambiando el nombre al evento o pequeños cambios metodológicos vamos a obtener la verdadera participación si no cumplimos con los preceptos anteriores. Mucho menos poner como ejemplo de participación a las redes donde muchas veces no se cumple ninguno de los cuatro puntos, pero que seguro la etapa de la responsabilidad falta con aviso (espero que no haya quienes todavía piensen que la primavera árabe fue producto de las redes. Ni primavera ni participativa, seguro que allí el diablo metió su cola, y defender lo contrario sería en el mejor de los casos, ingenuo).

            Tal vez, más allá de los defectos corregibles, lo que debemos analizar es el nivel de participación real entre etapas congresales, en todas las fases analizadas. Porque podemos sin querer ponernos a debatir sobre anécdotas y no sobre procesos.

 

            Al muchacho se le acercan unos conocidos, lejanos de la Universidad. Saben que a nivel gremial milita con compañeros que también pertenecen a otros palos. Con suaves gritos de, “Infiltrado!”, a empujones, lo invitan a salir. La bronca no le permite en ese momento seguir analizando los cuestionamientos de Cores. Pero seguro que en un futuro seguirá preguntándose cuantos caminos al socialismo existen y elaborará algún apunte sobre la participación. Con similares y diferentes certezas e incertidumbres.

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