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DE CERTEZAS E INCERTIDUMBRES, la columna de Andrés Berterreche: De la formación teórico práctica y los afectos

publicado a la‎(s)‎ 25 abr. 2014 10:22 por Semanario Voces


 

Era diciembre del 88, nos habían dado tres días para ratificar 19 mil firmas para el plebiscito que se desarrolló en abril del año siguiente. Para ello habíamos armado una mesita en el garaje de la casa de los viejos, que mantuvimos abierto los tres días. Junto conmigo habían venido dos viejos militantes que yo no conocía hasta ese momento. Julio, que había estado una punta de años en el Penal de Libertad y Jorge, viejo militante que pasó casi toda la dictadura exiliado en varios países de América Latina.

De más está decir que esta era una oportunidad inmejorable para un joven militante con pretensiones de cuadro de formarse en la discusión con dos veteranos  con una profunda experiencia política y de vida.

La charla anduvo por los más variados temas, sorprendiéndome por lo franca y frontal. Pero en la memoria, casi treinta años después me quedó un intercambio sobre cuál era la variable fundamental para el temple del militante. La misma se radicalizó entre los planteos de Julio y los míos, Jorge en una posición ecléctica mediaba desde su experiencia. El veterano que había pasado muchos años en prisión mantenía que los  momentos más duros se soportaban mejor por los afectos que había tejido entre los compañeros. Para un joven de 26 años recién salidito de los cursos de formación de una organización de cuadros y militantes, este planteo era inaceptable, alejado del materialismo dialéctico, rayano en el idealismo. Solo la formación teórica y práctica generaba temple en el militante. La discusión subió de temperatura pero nunca se salió del intercambio respetuoso. Creo que terminó en tablas, o al menos me parece que en ese momento nadie convenció al otro.

Las firmas se ratificaron, todavía recuerdo con emoción la imagen del último entrando a la carrera para ratificar la firma en el último momento, entre un tubo de gente que aplaudía. El resto de la historia se sabe. Derrotas y victorias se alternaron. Épocas de reflujo ideológico y de fervor militante se sucedieron.  Yo estudié algo más, nunca lo suficiente. También continué con la formación política con la confrontación con la práctica. Trillamos, discutimos, intercambiamos, marchamos, leímos, escribimos, participamos. Sobre todo creo que nos faltó síntesis. Compartimos miles de horas con compañeros. Y construimos en todas estas instancias un montón de afectos con compañeros que nos acompañaron y nos acompañan.

Más de veinticinco años después de aquella discusión me nació la incertidumbre, en alguna soledad de la ruta, de replantearme las posiciones del intercambio en aquel garaje. Sigo pensando en la necesidad indeclinable de la formación del militante. Amplia, flexible, adaptada a la necesidad de cada individuo para su desarrollo político. No creo y descarto la escuelita repetitiva de axiomas, preceptos, normas y reglas, muchas veces carentes de actualización, que transforme al ser analítico en un engranaje de una secta. Pero creo que debemos estudiar más, desarrollarnos en la práctica, y con clásicos y actuales, realizar nuevas síntesis que nos ayuden a caminar en el sentido de una nueva sociedad.

Sin embargo, la experiencia militante también me revalorizó el aspecto de los afectos entre compañeros. Muchas veces, en situaciones de baja, con las habituales decepciones que el devenir de la vida nos impone, el planteo facilista de irse “pa las casas” confrontaba con el compromiso con aquellos compañeros que su ausencia, y aún su presencia, nos determinaba seguir en el camino. Del mismo modo cuando se asume responsabilidades en la gestión, el sentirse apoyado por un colectivo, el sentirse parte del mismo, hace encarar la tarea con otro espíritu de lucha. Aquello que alguna vez en alguna marcha reprimida escuchamos: codo con codo, no separar.

Aclaremos. No es un sentimiento de barra brava, nada más lejos. Es la convicción, de lo estudiado y lo vivido compartido con otros. Porque en definitiva vivimos lo político desde la sociedad y no desde la soledad. Pero para que prevalezca lo político se debe de combatir algunas desviaciones como el amiguismo, la indulgencia ante las desviaciones de los compañeros, aún los más queridos, a la hora del control colectivo. El combate permanente contra el “sociolismo” para lograr el socialismo.

Hoy me acerco a una síntesis donde la construcción afectiva es importante entre los compañeros, pero solo cuando los conceptos teórico prácticos están firmes, cuando se apunta al mismo tiempo al fortalecimiento de los conceptos que nos guían, al control colectivo sobre las relaciones individuales. Donde somos capaces de decirles NO a aquellos con los que cada día construimos  los andamios de una sociedad distinta, cuando consideramos que se le está errando a la huella.

Tal vez, al ir envejeciendo, uno empieza a valorar aquellas cosas que se sabe no regresarán, mal parafraseando una canción, aquellos abrazos que no llegan a los que ya no están. Y sabe que ese tipo de cosas también juegan un rol en la construcción del individuo que asume tomar partido. Pero también se debe de saber que hay que resistirse a una simple construcción corporativa que tiene más de secta que de construcción de una sociedad más justa para todos.

Desde aquella vez de mediados diciembre del 88 he visto pocas veces a Jorge. Creo que ni se acuerda de aquella discusión. Intercambiamos sobre aspectos políticos, pero sobre todo de gestión. Siempre me da la sensación de reencontrarme con un amigo. A Julio nunca más lo he vuelto a ver, creo que aún vive. Y me gustaría poder volver a tener tiempo para discutir sin pausa y sin prisa sobre miles de aspectos políticos. Pero también para poderle dar un abrazo.

 


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