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DE CERTEZAS E INCERTIDUMBRES, la columna de Andrés Berterreche: Desde las sombras de la memoria en unas gradas del Platense

publicado a la‎(s)‎ 22 jun. 2014 8:48 por Semanario Voces


Estaba cursando uno de  los semestres de mi carrera cuando un día llegó un docente, muy particular, tremendamente ilustrado y un tanto excéntrico, y antes de comenzar su clase nos comunicó su desazón por haberse dado cuenta que a su edad, posiblemente entrando a los 50, no le quedaría tiempo para volver a leer todos los libros que ya alguna vez había leído. Para ser sincero, a mí me molestó bastante que en vez de darnos la información que yo iba a buscar al aula, se dedicara el valioso tiempo, tanto el de él como el mío, a esa catarsis de temas existenciales.

                Hoy más o menos a esa misma altura de la vida, sin llegar a expresarlo como un tema existencial, me doy cuenta que me pasa lo mismo. Y que mucho de lo leído, puede estar cristalizado en algún lugar del cerebro, pero que la mayoría pasó posiblemente a un oscuro espacio del olvido. Y lo que más me molesta es, sobre todo,  aquello que cuando lo leí no tenía la capacidad (madurez, experiencia) de poderlo entender como ahora.

                Esto último lo pude constatar, al llegar a mis manos algún resumen del discurso del Pepe en el Platense allá por el 85. Mientras leía y me asombraba de la validez de varios de los conceptos, me enojaba  conmigo mismo por no acordarme de buena parte de eso y tener en la memoria tal vez otros pasajes, que en ese momento me parecieron más importantes y hoy me doy cuenta que eran mucho menos relevantes que otras partes del discurso. Quiero aclarar que yo era uno de los jóvenes que estaba en las gradas, pero que nunca había leído el discurso transcripto.

A los 23 años me parecía mucho más importante la referencia al “fierrito” que “al palito de la colmena”.

Si hoy tuviese que diseñar un curso de formación política, seguro que ponía el texto de ese discurso como lectura obligatoria. Y por ello recomiendo a todos los compañeros, sobre todo a los más jóvenes, que se den una vueltita por el mismo. Pero como no tengo la certeza de que lo vayan a hacer y al menos sí la certidumbre que, en tanto  no sufra la primer censura en las veintitantas columnas que escribí por parte de Alfredo y su consejo editor (si existe), esto saldrá a luz en la imprenta el próximo jueves. Voy a tomar algunos fragmentos que me parece interesante compartir.

“. . . Siempre, absolutamente siempre, tuvimos discrepancias,. . .las discrepancias son buenas, ayudan a elegir caminos. . . “. Este es un concepto que no por reiterado es menos importante. Y es un elemento a introducir en la reflexión, cuando nos toca salir a convocar al pueblo en un año electoral. Que no nos asusten las discrepancias, que nos ayuden en la construcción del camino.

Este fragmento se une con el siguiente: “. . . que en eso que llaman lucha ideológica no se insultaba a nadie. Yo les recuerdo, muchachos, que la pasión no justifica la miseria del alma.” Hoy cuando esas contradicciones y diferencias se dan entre compañeros, cuando además la obligación de gobernar muchas veces acentúa esas diferencias, deberíamos reafirmar y subrayar esta parte del discurso del Platense. No generar en esa exposición de diferencias, cicatrices que no terminen de cerrar. Si la acumulación es la consigna de la etapa no podemos dejar a ningún compañero afuera, y muchas veces hay que pensar en la calidad de ese militante al que por contradicciones dialécticas no debemos dejarlos al borde del camino.

Se reafirmaba en aquel momento el precepto artiguista del “naides es más que naides” y se reafirmaba en el concepto “lo que vale es la causa, no el apellido”

Dentro de la reafirmación de los valores ideológicos básicos y el rol de la dirección y la masa se establecía: “. . . No estamos aquí para hamacarnos en los brazos de la gloria. . . elegimos un sistema de direcciones colectivas, . . . y que un equipo de dirigentes será bueno en la medida en que sea capaz de generar otros mejores. Y por eso tenemos definido: palitos para que la colmena se aglomere después”. Cuanta claridad y validez para la hora que nos toca vivir. Cada integrante de una dirección, o militante con visibilidad pública debería tener estos párrafos en su primer página de la agenda anual. La humildad, como valor básico, la visión de estar al servicio de y no al revés. Y la sustentabilidad en el tiempo dada en ese concepto de que la mejor dirigencia es aquella que deja una mejor que ella, derribando así el culto a la personalidad.  Y lo reafirma expresando que debe de realizarse “. . . un culto sistemático contra las deformaciones que tenemos cada uno de nosotros”.

Contra el cortoplacismo, a favor de la tenacidad y reafirmando lo permanente de la lucha establecía: “. . . no hay ningún programa que se termine, no hay una tierra prometida al final de un programa, o del segundo, tercero, quinto o décimo plan quinquenal “.

Y con una pista de cómo trabajar con la gente, allá en el 85, pero también y más que nunca en el 2014, decía “Las cosas que en la política sean verdaderamente gravitantes, que no se puedan explicar con sencillez, no son tan importantes”.  

Y en ese mismo sentido, teniendo en cuenta la importancia del proceso de acumulación  se sostenía “. . . una actitud abierta, una actitud no sectaria, una actitud no dogmática, una actitud de aprender, una forma de estar con todos aquellos que piensan medianamente parecido”. Cuántas anécdotas, cuantas historias se me vienen a la cabeza producto de trillar estos años. Cuánta necesidad de releer estos conceptos todos los días.

Y si pensamos en el Qué hacer (y no me refiero al famoso libro de Lenin) creo en la actualidad del siguiente concepto, brindado para otra etapa y otra organización pero que encaja perfectamente para el hoy y el Frente: “Lo primero, organizar las filas. Lo segundo, soldarnos con el pueblo. Lo tercero, educarnos, formarnos.”  Y con respecto a la acción: “. . . hay acción con el trabajo, hay acción con la humildad, hay acción con la prédica. . . “.

Hoy saldremos a trabajar políticamente y trataré de aplicar estos conceptos. No por de quién viene, sino convencido en la validez del método. A veces uno se tienta en pasar cuentas, en preguntarse por qué lo obvio no se hace, pero esto mismo iría contra lo aquí establecido, sumiendo en un inmovilismo gratificante sólo para nuestros adversarios.

Lo haremos en el marco de una campaña electoral, pero con la convicción que debe de trascender la misma para ser aplicada en forma permanente.

Y aunque como aquél docente me decepciona que ya no tendré el tiempo necesario para releer todos los libros que he leído hay algunas cosas que no solo vale la pena volver a repasar sino, lo más importante, poderlas compartir.  

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