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De certezas e incertidumbres, la columna de Andrés Berterreche en VOCES: En campaña

publicado a la‎(s)‎ 31 may. 2014 10:26 por Semanario Voces

El año electoral tiene características propias. Tiene muchas cosas positivas y las hay también de las otras. Entre estas últimas el gasto desmedido, la aplicación del marketing más que la confrontación de ideas, el hastío que puede producir en el pueblo en general esta saturación propagandística, a veces se discute a la interna más de cargos que de acciones políticas a desarrollar, solo para nombrar algunas. Por otro lado se tiene una sensibilidad mayor por parte de la población a escuchar de aspectos políticos, existe una presentación del balance de lo hecho por cada fuerza, y es posible, si así se lo utiliza, para un crecimiento en calidad de los militantes expuestos a la discusión de ideas con rivales y pueblo en general, también a solo efectos de mencionar aspectos positivos.

Desde el punto de vista personal sucede una situación más o menos similar, con aspectos negativos y positivos. A mí, que por actividad política y por perfil, me ha tocado salir a recorrer los caminos de la patria visitando un sinnúmero de pueblos del interior, hablado con compañeros y vecinos de los más diversos puntos geográficos, intervenir en intercambios con militantes de realidades cotidianas bien diferentes a las propias. Esto genera una riqueza de vivencias y experiencias que promueven verdaderamente el crecimiento personal.

El intercambio con propios, da una visión de lo hecho y de lo que falta por hacer. Y en ambos casos concluimos que es mucho, y sobre todo, mucho más de ambos de lo que se creía antes de salir a recorrer la realidad. Hemos aprendido montones de otros compañeros, aparecen nuevos argumentos y se blindan convicciones. En mi caso en particular puedo ver la mutación del discurso por el enriquecimiento argumental, hecho éste que si no sucediera sería harto aburrido. Se aprende de cosas simples y sencillas, se reflexiona sobre las pequeñas y grandes verdades que nacen de los cuestionamientos, y muchas veces en los miles de kilómetros en soledad se piensa para reelaborar nuevas políticas.

También se recoge información que nutre al militante, y se socializa la propia a favor de los demás. Se aprovecha a medir la temperatura y entusiasmo que deben dar origen a aquellas “condiciones subjetivas”, tan importantes a la hora de acelerar los cambios sociales.

De todo esto quisiera comentar la última gira, realizada por una parte más rural del Departamento de Tacuarembó. Esta incluyó Achar, Piedra Sola y Tambores.

En particular, en las dos últimas poblaciones mencionadas sabíamos que íbamos a reunirnos con beneficiarios de las políticas desarrolladas en la temática del acceso a la tierra.  Por primera vez en esa zona se adquirieron campos para el INC. En esa zona nunca habían incursionado las políticas de tierra en  62 años. Se dudaba hasta de que hubiera potenciales beneficiarios, y aún más, que si los había estos se adaptaran al acceso colectivo a una fracción.

Una vez adquirido el primer campo, los paisanos, con ganado pastoreando en los caminos, salieron de ese basalto superficial como hongos en grupos más o menos organizados. Dónde iba a comprar un propietario que vivía en Montevideo se establecieron 18 asalariados rurales y productores familiares sin tierra que vivían en ese territorio. Esto determinó que se decidiera comprar un nuevo campo en la zona, y producto de la retroalimentación positiva de las políticas por tanto tiempo ausentes, no sólo no disminuyeron sino que aumentaron en la aspiración a ingresar a esta nuevas 4 fracciones de campo.

Evidentemente, en las diferentes reuniones a que concurrimos tanto Piedra Sola como en Tambores, había un reconocimiento a esta visión de país que se desarrolló en los últimos 10 años. Era esperable. Pero hubo otros elementos que fueron parte de nuestra sorpresa.

Las políticas llevadas adelante por el Instituto de Colonización estaban acompañadas por programas de construcción de casas por parte de MEVIR, cambiándole estructuralmente la calidad de vida a la gente. Ahora tenían tierra y casas dignas dónde vivir. Pero además en Tambores se construyó una unidad educativa nueva donde los hijos de esos mismos paisanos podían terminar el bachillerato en el lugar, permitiendo así acercarse firmemente a la posibilidad de una formación terciaria a esos gurises.

 Tierra, casas y educación. Esto parecería alcanzar para asegurar un desarrollo en un ámbito siempre alejado de los procesos de desarrollo. Pero se agregó una doctora las 24 horas los 30 días del mes para tener atención de salud, con enfermeros y ambulancia. A la tierra, la vivienda y la educación se le sumó la salud.

Así es cómo el Estado a partir de definiciones claras, trabaja en conjunto para que zonas siempre deprimidas lograran acceder a los bienes y servicios de carácter social. Todas las políticas en conjunto a favor de cambiar una realidad.

El mejor indicador del impacto positivo de lo realizado es la demanda por más de todas estas acciones que ya se comenzaron. Porque antes no pedían porque no les habían permitido a estos conciudadanos saber que tenían estos derechos.

Salimos entrada la noche de Tambores, hacia la ruta 26 con rumbo a Tacuarembó. Nos fuimos con la mochila tan llena de reconocimientos como de demandas nuevas. Y con la convicción, que más allá de candidatos, lugares en listas y discusiones de carácter menor, este año electoral me había permitido reconocer que desde la izquierda, este Uruguay va.


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