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DE CERTEZAS E INCERTIDUMBRES, la columna de Andrés Berterreche: Lucha de clases

publicado a la‎(s)‎ 23 may. 2014 11:45 por Semanario Voces


                Cuando asumí que ese año no iba a poder entrar a la Universidad, tomé la decisión de buscarme un trabajo. Con 18 años tenía como meta hacerme de unos pesos para las actividades propias de la edad con los amigos del barrio, algunos berretines deportivos, y algunos ahorros sin tener demasiado claro un objetivo;  pero también la necesidad de conocer por dentro la realidad de aquellos por los


que ya había tomado partido. Así, el primer lunes de marzo de ese año 81 con los clasificados debajo del brazo salí muy temprano en busca de esa primera oportunidad. Tuve mucha suerte porque en el primer lugar que me presenté quedé ya ese mismo día trabajando.  El aviso hacía referencia a un puesto de cadete de expedición en una fábrica textil y de confección.

                Allí aprendí un montón de cosas: de telas, de prendas, de cómo embalar la mercadería, del sobre azul a fin de mes, de solidaridad de compañeros, de autoritarismo, de pequeñas acciones de resistencia.  Una de las cosas que más me asombraba era que había un sistema de parlantes donde las trabajadoras de la parte de confección pedían música y allí le ponían la radio solicitada. Esto salvo los lunes, que casi a un volumen ensordecedor nos ponían en todas las secciones radio Montecarlo. Me enteré varios meses después por qué lo hacían. Habían medido la productividad y había en general un menor rendimiento los lunes. Este día, las trabajadoras, además de trabajar a rajatabla charlaban de sus experiencias del fin de semana: la familia, los amores y desamores, las novedades del barrio descubiertas por tener un poco más para intercambiar entre vecinas, y hasta de los resultados deportivos. Para evitar que esas charlas afectaran la productividad y por lo tanto las ganancias de la empresa éramos todos sometidos a una tortura acústica durante 9 horas (se trabajaba una hora más de lunes a viernes para poder trabajar 4 el sábado). Era plena dictadura, no había sindicatos, no había partidos políticos, y la lucha de clases existía igual.

                Un día llegamos a la fábrica y había un terrible y nauseabundo olor. Esta fábrica quedaba a unas 8 a 10 cuadras de las más reconocidas curtiembres de Nuevo París. Al otro día amanecimos con la noticia de la muerte de tres obreros curtidores por haber sido obligados a entrar a limpiar una cloaca. No había sindicatos legales ni ley de responsabilidad penal. Una tarde acompañando al patrón para cargar una tela en su auto pasamos por la fábrica de los trabajadores muertos. Se quejó que la culpa era de los trabajadores, que le habían dado un trapito para que se lo pusieran en la cara y no lo habían hecho. Igualmente existía lucha de clases, pero los muertos eran de los trabajadores.

                Cuando echan a un compañero de la fábrica por pedirle cuentas a la empresa tomo la decisión de acompañarlo. El patrón me habla en forma conciliadora, que el tema no era conmigo, que la otra era la manzana que había logrado pudrir el cajón.  Pedí  las cuentas y me fui.

                Pasé por varias fábricas más, vino la democracia, se legalizaron los sindicatos, se suavizaron las condiciones laborales, ganó la izquierda, se mejoraron los salarios y se profundizaron las leyes de protección a los trabajadores. ¿La lucha de clases desapareció? No lo creo.

                Hoy la oposición plantea un día sí y otro también que desde el gobierno y su partido se trata de dividir la sociedad, que se provoca al resentimiento de clases en vez de llamar a la conciliación de las mismas. Los spots publicitarios hablan de que no hay que ver división entre unos y otros y que no debemos de poner antagonismos donde no los hay. Ahora bien, yo me pregunto, ¿cuál era la posición que genera más antagonismo, la que convoca a discutir las diferencias en un Consejo de Salario o la que los eliminó como en la década de los 90? ¿La que le preocupa las muertes de trabajadores por no respetar las condiciones de seguridad o la que se quejaba porque los obreros metidos en una verdadera cámara de gas no se ponían un trapito húmedo en la cara? ¿La que debate y protege la libertad sindical o la que liberalizaba las relaciones laborales echando a aquellos trabajadores que traían planteos reivindicativos?

                No se puede llamar a la conciliación al mismo tiempo que se excluye a las mayorías, que se aumentan las medidas regresivas, que se ve al salario casi como única variable de ajuste para aumentar la rentabilidad.

                Parece que mientras existan este tipo de relaciones laborales habrá contradicción de clases. Tal vez una buena forma de solucionar esto es que las empresas inmersas en la autogestión y la economía solidaria aumenten su presencia en el mercado. Para los que están interesados en disminuir la confrontación debería de ser una propuesta a llevar adelante. Aunque en avisos, propaganda y programas, de la oposición, no he escuchado nada al respecto.

IESE, IESE, TOOODAS LAAAS NOTICIAS; IESE, IESE, TOOODA LA INFORMACIONNNN! Así sonaban mis lunes en el otoño del 81. Cual perro de Pavlov nunca más pude escuchar la radio Montecarlo.


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