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DE CERTEZAS E INCERTIDUMBRES, la columna de Andrés Berterreche: Perpetuación de la desigualdad

publicado a la‎(s)‎ 6 mar. 2015 12:14 por Semanario Voces


           

    

Me reencontré una tardecita de otoño con aquel colega que no veía desde la Facultad.  Fue cuando tuve la enorme fortuna de trabajar y vivir en el interior, y lo hice con toda la familia.

                El ex compañero estudiantil ya hacía un tiempo que estaba allí y tenía un marcado perfil de empresario exitoso. La conversación discurrió por los más diversos temas técnicos y de políticas sectoriales. Era obvio que ambos evitábamos meternos en los otros temas de carácter político, habida cuenta de que ya sabíamos que no íbamos a tener acuerdos es esos aspectos.

                Casi al terminar la conversación llegaron las clásicas preguntas de cortesía sobre la familia. De dónde y por qué vivíamos en esa nueva zona en la que habíamos elegido vivir, el sistema de salud elegido, las dificultades logísticas y la educación de los hijos.

                Fue en ese punto, que con cara de profunda curiosidad, me preguntó por qué enviaba a mis hijos a la escuela pública. Traté de explicarle que el proyecto educativo que había elegido para ellos implicaba que compartieran las vivencias con el más amplio espectro democrático de la sociedad uruguaya, que para mi lo formativo estaba por encima de lo informativo y que como se decía sobre la educación vareliana aquellos que habían convivido alguna vez en un banco de Varela se sentían como iguales.

                Terminado el alegato, con la pasión que suelo ponerle a este tipo de asuntos, me miró incrédulo, a lo que le siguió una risita burlona y me dijo:  - No, mhijo! Yo los mando al colegio tal porque ahí sus compañeritos son los hijos de mis futuros clientes.

                 Durante estos años la derecha liberal ha argumentado en contra de una serie de medidas que considera “igualitaristas”, argumentando, casi que doctrinariamente, que lo único que hay que darle a los sujetos es la igualdad de oportunidades, y que son las virtudes y esfuerzos de cada uno, en competencia, las que terminan definiendo las justas diferencias entre los hombres. Si bien personalmente creo que el beneficio debe ser colectivo, siendo la virtud y el esfuerzo personal el aporte a ese conjunto, parecería que para los que priorizan lo individual sobre lo colectivo sería una opción justa.

                Sin embargo, aquellos que plantean esta igualdad de oportunidades olvidan sistemáticamente que no todos salen de las mismas gateras.

                Cuando un botija sale del seno de una familia que lo contiene, lo protege, le da cariño, tiene un conjunto de elementos formativos, ya arranca con una diferencia sustancial con aquel niño que carezca de estas condiciones. Y ojo, ni siquiera estoy hablando del tema económico, simplemente del de contención familiar.

                Conozco muchas historias de estas. Por ejemplo, la de una joven de hogar obrero, que tuvo todas estas condiciones y con mucho esfuerzo pudo terminar sus estudios terciarios. En su casa no había bibliotecas simplemente porque no había libros. Por supuesto que tuvo oportunidades para poder seguir adelante, pero arrancó atrás de varios de sus compañeros y encima ese trecho era en subida.

                Tuvo que pasar mucho tiempo y tener una pequeña porción de poder la izquierda en el Uruguay para que por primera vez en la historia las mayorías que no vienen de hogares universitarios sean también las mayorías en el ingreso a la “academia”

                La segunda marca diferencial en una sociedad de clases como la nuestra es el conocimiento social que se tenga, al estrato del cual se arranca. Por más oportunidades que se den no es lo mismo ser fulano de tal que juan de los palotes. Muchas veces se pone de ejemplo el acceso a un trabajo privado como el paradigma de la selección por virtud y esfuerzo. Seguro que a la hora de elegir, y por lo mismo que me argumentó en la anécdota mi colega, “el hijo de”  va a arrancar con una diferencia sustancial con respecto al muchacho de barrio.

                Seguro, que aquellos que discrepan con esta visión estén buscando ejemplos individuales que horadan esta argumentación. Pero los ejemplos individuales no son más allá de ello, excepcionalidades que no pueden justificar la injusticia.

                Si todo esto fuera poco existe la herencia. Si a lo que viene de la formación y contención familiar, de carácter formativo y afectivo, más las diferencias por las características de los status en una sociedad de clases, le agregamos lo estrictamente material por el derecho a la herencia, la igualdad de oportunidades ya suena, más que a dulce fantasía, a una hipocresía generalizada.

                Tal vez, por ser el más sencillo de los tres deberíamos como sociedad empezar a rediscutir el derecho de herencia. Para aquél que se esté horrorizando con estas líneas, aclaro que hay mucho personaje que cuestiona esto desde su propia acumulación de riqueza. Solo a modo de ejemplo averigüen que piensa Bill Gates al respecto.  Pero este planteo sé que es inofensivo cuando un sujeto lo propone también como decisión personal. El problema es cuando esto se empieza a pensar en clave del conjunto.

                 Yo creo en una sociedad distinta, con una sola educación y que sea pública, con una sola salud y que también sea tan buena y tan pública como la sociedad pueda llevarla adelante. Me gustaría una sociedad sin clases y sin “hijos de” en todos los ámbitos de la misma. Donde la meritocracia fuera a favor del colectivo y no en beneficio exclusivo del individuo. Donde un hombre nuevo se sintiera gratificado por el aporte hecho a la sociedad, retomando los emolumentos espirituales a los que hacía referencia Guevara en su discusión con Rafael Rodríguez.

                Mientras esto no sea posible habrá que dar todas las posibilidades para amortiguar las diferencias que se dan en esta sociedad. Y no comprar el verso de la igualdad de oportunidades.

                Solo así no vamos a caer en el festejo hipócrita de que en Maroñas Invasor le ha vuelto a ganar al matungo que tira del carrito.


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