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DE CERTEZAS E INCERTIDUMBRES, la columna de Andrés Berterreche: Politologizando

publicado a la‎(s)‎ 7 jun. 2014 9:43 por Semanario Voces


 

El domingo se realizaron las elecciones internas en los partidos políticos. Vale decir las elecciones previstas constitucionalmente. Porque en realidad el Frente ha tenido otras elecciones internas enmarcadas en sus normativas propias, como las del 2012 que definieron la actual presidencia del FA. En este último caso votaron algo más de 170 mil ciudadanos, que pertenecían a la fuerza política. En realidad hubo una disminución de unos 50 mil votos de las anteriores realizadas en el 2006. En ninguno de los dos casos se llegará a la cantidad de sufragios realizados en estas últimas elecciones internas para esta fuerza política en el marco de la actual ley electoral. Este razonamiento intenta

  enmarcar verdaderamente el peso del número de votantes para una instancia donde los que se deben de expedir son aquellos que pretenden incidir en las decisiones internas de cada partido.

                Como presumo una sonrisa irónica en más de un lector, debo de aclarar enfáticamente, que personalmente esperaba un flujo superior de votantes, y no solo al Frente Amplio, sino a todo el sistema electoral. Era importante que el Frente, además, fuera la fuerza con más votantes. Durante un par de meses recorrimos el país con ese planteo. Pero no para ganarle a ambos partidos tradicionales, como si fuera una previa de la de octubre; sino porque por ser esta una fase de militancia interna, es importante saber que si bien sabemos que no vamos a tener el mayor poder financiero (quedó demostrado en lo gastado por unos y otros) sí teníamos el mayor poder de militancia.

                Pero como este objetivo no se logró debemos aprovechar para aprender y generar experiencia. Algunos de los saberes adquiridos al respecto es que este tipo de campañas, y cada vez más, dependen de dos variables: dinero y organización (o aparato como a veces gusta llamar). Esto está claro en la victoria del herrerismo en las internas del PN, agregado a algunos errores de campaña y sentirse ganador antes de tiempo (y sobre esto último el Frente debe prestar particular atención).  Pero tampoco solo con plata se logra una victoria. Posiblemente el valor invertido por voto sufragado como un indicador, estaría diciendo que al menos para el sector mayoritario del Partido Colorado no habría sido un dechadito de eficiencia financiera.

                El otro elemento importante es la escasa validez de las encuestas para este tipo de instancias de carácter voluntario, no obligatorio. Hubo diferencias notorias de los resultados de éstas  con lo que sucedió en la elección del Partido Nacional, pero también fue tremendamente subestimada la presencia del batllismo en el Partido Colorado, y aún en la interna sectorial del FA donde  aparecían de nuevo  las tres fuerzas mayoritarias de las elecciones pasadas (2121, 609 y 90) con una buena votación de la 711 pero bastante por debajo de las primeras tres. Esto parece contundente, y también parecería derribar el mito que la presentación de encuestas decide algún voto. Porque si fuese así Larrañaga hubiera ganado por paliza y perdió por más puntos que los definidos por el error estadístico.

                Pero lo que me resulta increíble es que los comentaristas especializados en temas políticos, cada día más parecidos a comentaristas deportivos,  utilizan para buena parte de sus conclusiones las estadísticas producto de estas encuestas.  Muestran la evolución de las encuestas y tratan de explicar, cual médico forense, lo que sucedió el domingo.  Por ejemplo, se está extendiendo la conclusión de que el Dr. Lacalle logró convencer a votantes de su contendiente para que lo votaran a él. No digo que en algún caso esto no haya sucedido, pero en base a la importancia de las dos variables que mencionamos al principio, plata y aparato, los que dijeron que iban a votar al descendiente de Herrera concurrieron todos a las urnas, mientras que posiblemente los del sanducero no lo hicieron. Más, teniendo en cuenta que si bien el PN fue el que votó mejor,  igualmente votó por debajo de lo esperado. Esta es mi tesis, y si bien no tengo pruebas científicas para demostrarlo parece un poco más riguroso que pensar  que mágicamente la última semana los votantes encuestados hubieran cambiado de posición.

                Las elecciones que se tienen por delante son diferentes, tremendamente diferentes. Diferentes porque la obligatoriedad hace cambiar el perfil de la mayoría de los sufragantes. Pero también diferentes porque se podía esperar una batalla electoral en el espacio de los grises y con el resultado del domingo esto va a ser de contrastes, de blancos y negros. Y en uno de esos colores, hay además, un par de niños para ese trompo. No estoy descubriendo nada, fue claro el mensaje del Dr. Bordaberry en su primer discurso público después de su victoria y de enterarse la victoria del Dr. Lacalle en el PN.

                Por último, quiero referirme al tema de la renovación.  Renovación que es constatable en los partidos tradicionales, y que casi se pone de exigencia de los mentados comentaristas políticos a la izquierda nacional. Pero aclaremos, renovación generacional, etaria, de marketing, de facha (quiero decir de presencia, no se me vaya a mal interpretar), porque de renovación ideológica nada, ¿no es verdad?


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