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DE CERTEZAS E INCERTIDUMBRES, la columna de Andrés Berterreche: Saetas y compromiso

publicado a la‎(s)‎ 3 jul. 2014 13:40 por Semanario Voces

Con el tema del Mundial

  confirmo que siempre que se miden dos fuerzas  tengo que tomar partido por una. No sé si a todo el mundo le pasa, pero me ubico al alado de alguno de los contendientes. Mientras miro cualquier partido me pregunto si esto se reduce al ámbito deportivo, y automáticamente me contesto que no, que en general lo hago en otros órdenes.

                Por ejemplo, en la Ilíada, tomé partido por los Troyanos. Tal vez porque los sabía de antemano derrotados y tengo tendencia a defender a los que pierden. También porque Agamenón me parecía un tipo jodido y Aquiles, además de petulante y otras cositas, siempre tenía apoyo de los dioses. Y para seguir con el paralelismo futbolero, que aunque  intento no hacerlo no puedo controlarlo, es como que  la barra sitiadora viene re bancada por la FIFA.

                Pero aún en el bando del cual soy hincha empiezo a tener la visión dicotómica. Desprecio a Paris, que armó el lío y después se esconde y evita la lucha cuerpo a cuerpo; mientras que su hermano Héctor, tiene que salirle a sacarle las castañas del fuego, y tiene que salirle a cada desafío que en realidad era para el otro.

                Paris es arquero, tira flechas desde la distancia y protegido por las murallas. Héctor sale a combatir cuerpo a cuerpo poniendo su vida en riesgo en cada combate.

                Mirando la realidad, en nuestros días y en nuestro país, puedo identificar las mismas posturas. Hay quienes siguen las metodologías de Paris, lanzando sus anatemas cual saetas a quienes están en la lucha cuerpo a cuerpo (metafóricamente, claro). Bien protegidos, sin ensuciarse emiten declaraciones acerca de lo mal que lo hacen aquellos que sí toman las decisiones que dejan marcas.

                Hacer las cosas mal, y justificarlo porque se tomó partido en hacerlo, no es correcto. Pero ponerse del fiscal de todos los demás sin siquiera atreverse a tomar decisiones es aún peor.

                Creo que es Nicolás Copérnico al que se le adjudica la frase: “Es propio de un espíritu carente de vergüenza preferir el papel de crítico que censura al del poeta que crea”. Pero más allá de quién sea el autor quiero decir que estoy completamente de acuerdo con la misma. Y por eso, siempre que pude, preferí  el  hacer, aún en el riesgo del error.

                La vieja consigna de “Las palabras nos dividen la acción nos une” debe de ser también una consigna para esta época, aunque la acción a la que nos referimos es otra que la de la década del 60. Pero es válida en la medida que alguno de los protagonistas de la peripecia actual está de acuerdo en involucrarse en aquellos hechos que trascienden los análisis y los diagnósticos.

                Siempre me emocionó, y me sigue emocionando una canción que canta Paco Ibañez, musicalizando una Poema de Gabriel Celaya, que en una de sus estrofas dice: “Maldigo la poesía de quien no toma partido, partido hasta mancharse”.

            Y esto porque creo que es así, como parte de los valores que defiendo. Pero además, y para avisarle a los desprevenidos, que en la Ilíada, los dos hermanos son muertos. Pero, que salvo a los eruditos, lo épico, lo que queda en la memoria, aún en el intento de su humillación, se recuerda la gloria del que murió peleando. Del que tiraba flechas protegido por las murallas, al menos yo, no recuerdo como muere. Lo que sí está claro es que él estaba adentro cuando le metieron el caballo falso.


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