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DE CERTEZAS E INCERTIDUMBRES Uno por Andrés Berterreche

publicado a la‎(s)‎ 9 nov. 2013 10:26 por Semanario Voces
 

A veces, sobre todo cuando camino solo por el barrio, me viene una tremenda nostalgia. Extraño las noches que bajo las estrellas nos quedábamos con el Marciano, intercambiando certezas  en alguna esquina de La Teja o de Nuevo París. Con el Rave, que así también lo conocíamos, practicábamos una dialéctica del encuentro, del acuerdo. A veces partíamos de distintos puntos de la discusión y en el intercambio llegábamos a nuestras nuevas verdades. Pero además terminábamos con el espíritu de lucha bien arriba, con ganas que amaneciera rápido para volverle a salir a la vida y a nuestro proyecto de una sociedad mejor, nunca terminada, siempre en construcción pero con la dirección de la senda bien marcada. El Marciano se fue pateando piedritas a la eternidad , y con él buena parte de las certezas.

                Los tiempos pasaron, las condiciones cambiaron, los que quedamos vamos envejeciendo, fuimos aprendiendo nuevas cosas y conociendo nueva gente y realidades. Y como era de esperar también crecimos en incertidumbres. Y empezamos a entender que esto es lógico y que siempre ha de ser así. Que no hay verdades reveladas ni sociedades terminadas. Que a cada nuevo problema habrá que encontrarle una nueva solución que tendrá como consecuencia un nuevo problema y así sucesivamente. Y está bien. Pero el problema no es este sino quedarnos sin estrategia para esta realidad. Esto es lo peligroso. Por eso propongo discutir sobre eso, sobre la nueva estrategia. No partimos de cero, ojo. No intentaremos inventar de nuevo la rueda. Hay algunas cosas que sabemos. Por ejemplo que este camino lo debemos hacer con humildad, sin creernos los dueños de la verdad, escuchando crítica y autocríticamente a los compañeros, tratando de aprender  de los demás, solo así llegaremos al precepto que no hay mejor teoría que la que nace de la práctica misma. También con honestidad, partiendo de que solo la verdad nos hará libres, y que no sirve engañarnos ni engañar a otros para llegar a nuestro fin porque la mentira siempre será retardataria de una sociedad nueva. Con espíritu de sacrificio, porque la meta no está a la vuelta de la esquina y debemos saber que deberemos de trabajar y estudiar mucho para solo intentar alcanzarla. Con solidaridad, que bien lejos está de la lástima y de la caridad. Porque solos no vamos a llegar a ningún lado. Y sobre todo  intentando lo más difícil, que es la coherencia. Por ejemplo no podemos rasgarnos las vestiduras contra el consumismo si no somos primero austeros con nosotros mismos.  El ejercicio de lo colectivo sobre lo individual. Ningún beneficio personal puede derivar en efectos negativos para el bien común. Todas estas cosas, que en algún momento conocimos con el pomposo título de Valores Ideológicos Básicos, son los valores que un militante de izquierda debe de tener y preguntarse día a día si cumplió. Sin embargo, esto no alcanza, a la iniciativa y compromiso individual la debemos de rodear de discusión y control colectivo. Un militante, solo, no es nada. Como dice la canción para que una gota se haga aguacero se tendrá que ir juntando con otras. Discusión democrática en el “naides es más que naides” y después de la decisión colectiva, disciplina en la acción.

                De esta base se debe de arrancar para delinear estrategia, diseñar tácticas e ir resolviendo los problemas que se nos presentan, como militantes, en el día a día. De lo general a lo particular, partiendo de un sólido cimiento de los valores.

                Aclaro que escribo esto primero para mí mismo, y luego para poderme acompañar con otros. Solo así podré cargar con la pesada y preciada mochila que me dejó el Marciano, cuando partió, ligero de equipaje.

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