Artículos‎ > ‎

DE GORDAS EN COPAS Y VIEJOS DE MIERDA Por Hoenir Sarthou

publicado a la‎(s)‎ 16 may. 2013 18:02 por Semanario Voces
 

 

 

Si la política es parte sustancial de la cultura de un pueblo -¿y qué otra cosa podría ser?- el lenguaje de la política dice mucho, ya no sólo sobre la cultura sino sobre la actitud mental y anímica de ese pueblo.

“Viejo de mierda, te vamos a romper el culo”, dijo la diputada socialista Daisy Tourné refiriéndose al Presidente de la República. “Es una muchacha a la que le tengo muchísima simpatía, a veces se toma un par de copas y se le va la marca, pero es una gorda macanuda”, contestó José Mujica, refiriéndose a Daisy Tourné.

Nada más lejos de mi intención que sumarme al coro plañidero de quienes deploran que nuestros políticos digan en público lo que todos decimos en privado. El coro de los que juzgan por las formas más que por los contenidos. Pero ya hablaremos de eso.

Antes me parece oportuno analizar un poco los contenidos, los sentidos y los mensajes de esos dichos.

El “viejo de mierda, te vamos a romper el culo” fue una expresión catártica, una especie de válvula de escape por la que se liberó un poco de la fuerte irritación, por no decir la bronca, que sienten muchos dirigentes, militantes y votantes frenteamplistas por Mujica, por su entorno y por la gestión que llevan a cabo.

Lo del Partido Socialista es paradigmático. Pero no es el único sector frenteamplista que está furioso con Mujica.

Los motivos de esa furia son múltiples. Algunos están heridos porque Mujica, o el MLN encabezado por Mujica, parece haber ganado, al menos de momento, la histórica lucha interna de la izquierda por “vanguardizar” al pueblo uruguayo. Otros están molestos porque ven en el MPP, y en lo que Mujica socialmente representa, un modelo de izquierda desprolijo, populista, improvisado y lindero con la demagogia. Otros están decepcionados porque Mujica no cumplió con el esperado “giro hacia la izquierda” y continuó con el modelo económico anterior. Finalmente, casi todos están quejosos porque las cuotas de cargos políticos son siempre insuficientes para cubrir las aspiraciones de todos los sectores.

Precisamente, el intercambio de lindezas entre Tourné y Mujica tuvo por motivo el anuncio de la designación de un militante socialista como subsecretario del Ministerio de Economía y Finanzas. Parece insólito que la furia de Tourné se debiera justamente a la designación de un socialista. Pero es que las internas partidarias son así, y en todas las casas se cuecen habas.

Vale la pena detenerse un momento en los verdaderos mensajes contenidos en esas palabras tan fuertes.

Lo de Tourné, más allá de los términos espectaculares en que lo dijo, es un planteo político claro de ponerle límites a la capacidad de manipulación interna de Mujica. Dado además que la frase fue dirigida a otros socialistas, el carácter de planteo político queda robustecido.

Lo de Mujica, en cambio, fue un sutil poema en lunfardo.

Al no enojarse y decir que le tenía a Tourné “muchísima simpatía”, hizo valer los galones, la jerarquía, que en la casta politica, parafraseando a Rosencof, “es casi un rango”. El número uno de un partido, y más si por añadidura es el presidente de la República, no discute con una diputada. La ignora o, a lo sumo, le da una cariñosa palmadita en la espalda, o en la cola.

Pero Mujica, que es un buen herrerista, recuerda a veces que en política no se debe quedar desairado, que, como aconsejaba Herrera, los desprecios se contestan con insultos, los insultos con trompadas y las trompadas a tiros. Porque, si algo no puede permitirse un hombre con poder, es quedar desairado.

Por eso pagó cada insulto con una trompadita moral. A “viejo de mierda” contestó “gorda”. Y a “te vamos a romper el culo” contestó “borracha”. Y todo bien, uno a uno, pelota al medio y aquí no ha pasado nada.

Al no enojarse, le quitó trascendencia al asunto, lo que le vino bien al Frente Amplio, al propio Mujica y, como me decía un amigo, sobre todo le vino bien a Tourné.

En todo caso, lo preocupante del asunto es que el motivo de la discusión sea un cargo político y no alguno de los tantos temas de fondo que deberían discutirse. Ninguno de los dos insultantes hablaba de la educación, ni de las políticas económicas, ni de las políticas sociales. Hablaban de cargos. Eso es lo lamentable  

Ahora sí podemos hablar de las formas.

Dije que no me sumaría al coro que lamenta “la falta de educación de los políticos uruguayos” y las “incorrecciones” formales que cometen. Porque en el caso de los dos involucrados no creo que se trate de falta de educación. Mujica y Tourné no son ignorantes. No importa cuánto estudiaron o los títulos que tengan o no tengan. La cuestión es que no hablan así porque no sepan hablar de otra manera.

Mujica y Tourné, como otros, son resultantes de la sociedad uruguaya. Me atrevería a decir que, en buena medida, ocupan los cargos que ocupan porque hablan como hablan. Han encontrado la forma de comunicarse con un amplio y creciente sector de la sociedad que no usa y no quiere usar, y tal vez no comprende ni quiere comprender, los eufemismos tradicionales del lenguaje “formal”.

Los que no han estudiado (en un país donde más de seis de cada diez chiquilines no terminan el liceo), los que carecieron en su infancia y juventud de un medio familiar educado y protector, los que carecen de todo lujo y hasta de cosas esenciales, los que no tienen estímulo para aprender, los que no ven futuro en el estudio ni en el trabajo formal, los que se embrutecen por falta de expectativas, los muy jóvenes, que prefieren llamar al pan “pan” y al vino “vino”, no hablan hoy el mismo lenguaje de la clase media uruguaya de los años cincuenta y sesenta y no piensan como ella. Esa es la realidad.

La sociedad uruguaya ha cambiado y sigue cambiando. La “cultura” de la clase media no es más la atmósfera cultural promedio del país.  Mujica es presidente porque lo percibió antes y  mejor que otros. Hoy otros tratan de emularlo, con suertes diversas.

La cuestión es si el problema son las formas o los contenidos. Es decir: nada me cuesta imaginar un debate “en serio” en que se hable “como en la calle”. Así como el tango supo hacer poesía con el lunfardo “canero”, o la murga con la jerga del barrio, podría discutirse de política en términos que todos puedan y quieran entender.

En eso es en lo que Mujica y Tourné, cada cual en su estilo, son precursores.

Lo malo es que el tema sobre el que discutieron fuera uno más de los tantos repartijos y acomodos que antes discutían ceremoniosos señores de traje y corbata.

En lo personal, me preocupa más de qué se habla que cómo se habla. Que las formas no nos oculten los contenidos, o la falta de contenidos.   

   

        

 

Comments